sábado, 2 de agosto de 2014

El Martín Fierro y El Capitán Beto


Martín Fierro y el Capitán Beto

Uno de los espacios culturales más bellos de la ciudad es el Teatro Nacional Cervantes. En vacaciones de invierno, asistir a un espectáculo allí significa no sólo optar por una propuesta de calidad asegurada, con entradas muy accesibles (ver aparte), también descubrir o redescubrir la imponente belleza arquitectónica de las salas de este teatro que soñaron más de noventa años atrás la actriz española María Guerrero y su esposo. Allí, hoy y mañana, aún hay tiempo para ver las últimas funciones de El Martín Fierro, la versión de Claudio Gallardou sobre el poema de José Hernández, con dirección de Tony Lestingi. O para elegir el musical El Capitán Beto. Un aventurero del espacio, de reciente estreno, con su homenaje a Spinetta implícito en el personaje que la inspira y en las frases coladas entre los textos, pero que propone una historia que trasciende al homenaje (de las canciones del Flaco, sólo suena la que da nombre a la obra). Con dos propuestas diferentes, el último fin de semana de vacaciones puede ser aprovechado para ir a ver teatro, y de paso ver el teatro.

El Martín Fierro de esta versión tiene mucho de circo criollo, con sus payasos en primer plano, más otros recursos artísticos de la época y una estética caricaturesca, subrayada por las máscaras, que remite a las imágenes de Molina Campos. Fue creada dos años atrás, para salir a rodar con El Cervantes por los caminos, un plan nacional de giras por pueblos y localidades a los que no suele llegar el teatro institucional ni comercial ni independiente. Lestingi, que integró junto a Gallardou La Banda de la Risa, fue el encargado de adaptar la puesta que el grupo hizo a principios de los ’90 para esta reposición.

“Había que adaptar la obra para hacerla en plazas, sociedades de fomento, escuelas, clubes, había que llevar el teatro allí, con las luces, el sonido y un tapete. Se le dio un aspecto bastante circense, y de hecho toda la obra remite a las arenas del circo criollo”, repasa el director. “Tomamos audiciones para los cuatro personajes, y de allí surgieron estos cuatro actores fantásticos: Carlos Scapatura como Martín Fierro, Mercedes Torre, que asume los personajes femeninos y el clown; Hernán Lewkowich, el maestro de pista –el serio, el dueño del circo– y Luciano Medina, el payaso que asume el rol de cómico.”

Fuertemente enmarcada en lo circense –y con una trasgresión en el final, de modo que todo acaba bien– esta obra está recomendada para 5 años en adelante, pero también puede ser apta para un nene de menor edad, con algún entrenamiento en mantener la cola en la butaca: la gracia del clown, los recursos de los “tonys” de la época (la cachetada, el tropezón, la burla al maestro de pista) son ganchos efectivos aun cuando se escape la totalidad de la trama para el pequeño espectador.

En el caso de El Capitán Beto. Un aventurero del espacio el tono es de comedia musical, con una banda en vivo interpretando la música original de Gaby Goldman –además de “El anillo del Capitán Beto” suenan flamenco, rap, vals, y hasta una canción rusa– y con actores que también cantan en vivo durante toda la obra (algo no tan usual en los musicales). En la historia Beto es el capitán de la nave humanitaria Invisible, cuya tripulación tiene la tarea de asistir a los planetas olvidados de toda la galaxia. Alejandro Paker, Omar Calicchio, Ivanna Rossi y Gustavo Monje encabezan el elenco. El director, Walter Velázquez, cuenta que esta historia nació entre otras historias que les contaba a sus hijos por las noches, y en las que de algún modo se resolvían, o al menos se ponían en palabras, los miedos, las preocupaciones, las frustraciones que habían aparecido durante el día. Todos esos obstáculos son, justamente, los que ahora Beto y su tripulación van sorteando para cumplir sus misiones, con mucho humor de por medio.

“La escribí pensando en Alejandro Paker, somos muy amigos y trabajamos juntos muchas veces, cuando le conté la idea enseguida me dijo: ‘Yo quiero ser el Capitán Beto’”, recuerda Velázquez. Enseguida aparecieron otros personajes, como la doctora japonesa Aki Yase, una mezcla de chica oriental, pop, superpoderosa, como salida de un comic. Es la más valiente de la tripulación, en su juventud fue cantante pop y dejó esa vida porque estaba muy obsesionada por su figura”, detalla. En esa nave tan de Viaje a las estrellas también viaja el Profesor Washington Zitarrosa, otro oriental, pero del Uruguay, experto en cebar mate con un solo brazo, y el teniente ruso Dimitri Turah, experto en máquinas y superpoderoso. Completan esta producción las animaciones computarizadas, que aparecen al principio y durante toda la obra, y que marcan también la estética comic del musical. En el espacio sideral o en la arena del circo criollo, en el futuro intergaláctico o en los tiempos del Martín Fierro, las dos invitaciones del Cervantes están abiertas para toda la familia.

Fuente: Página/12

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