miércoles, 2 de julio de 2014

Tascaq, Malditos (todos mis ex), Siento cosas por mí, Me gusta (ya no me gusta), Paraíso y Nadie mejora

El club de los corazones rotos

La creciente población de solos y solas también tiene su reflejo en el teatro, con obras que abordan el amor en estos tiempos de vínculos cambiantes

Son tiempos difíciles para el amor. Atrás quedó el "siempre tendremos París" y las escenas épicas de final de comedia romántica en las que el chico besaba a la chica y las adversidades (siempre externas) desaparecían para no volver jamás. Vivimos en una posmodernidad furiosa, en el reino del "no sos vos, soy yo", de las citas exprés, el "necesito un tiempo" y de Tinder y la virtualidad neurótica, todos significantes de un segmento social que crece a pasos agigantados, sobre todo en los centros urbanos: los solos y solas. Así lo reflejan no sólo los estudios de mercado (en el que los singles aparecen como uno de los nichos con mayor potencial de consumo), sino también ese eterno testigo y espejo de lo humano que es el teatro, ofreciéndonos propuestas para identificarnos (en el ahora o en el ayer) y para pensar por qué el amor (el de verdad) nos resulta cada vez más complejo y esquivo.

Entre los creadores que se animaron a abordar de lleno la problemática de la soledad y el desamor está la directora y dramaturga Mariela Asensio, que, en esta ocasión, unió esfuerzos con el periodista Reynaldo Sietecase para escribir Malditos (todos mis ex), una obra sobre las diferentes etapas en la vida romántica de una mujer y los hombres que marcaron su destino. Entre sapos y príncipes, la pieza ofrece un abanico de situaciones que retratan las diversas formas de vinculación entre los géneros y arroja también interesantes preguntas sobre cómo varía, con el tiempo y la experiencia, la propia definición del amor.

Así, Malditos... nos pasea por aquel romanticismo platónico (con una adolescente enamorada de Bon Jovi), por el enamoramiento histérico (la joven que sale a la vida y se enamora de aquel que promete todo y no ofrece nada), hasta desembocar en el realismo descarnado (una mujer ya adulta que se enfrenta a una separación desangrante).

"En algún momento, me di cuenta de que todas mis obras, si bien abordaban temas muy diferentes, estaban muy atravesadas por el desamor o por cierto desencuentro amoroso, cierta imposibilidad afectiva a la hora de relacionarse con el otro. Entonces, me di cuenta de que tenía que hacer una obra que aborde el tema de lleno y que de alguna manera legitime esa inquietud que estaba en todos mis espectáculos -revela Asensio-. Uno tiene un montón de aspiraciones en la vida, pero el amor en el fondo es lo que más nos atraviesa. En definitiva, uno hace todo para que lo amen. Para mí, es el gran tema."

Según la directora y dramaturga, hay una suerte de sinceramiento progresivo en las representaciones del amor, algo que parece contrarrestar al romanticismo cinematográfico que tanto nos cautivó tiempo atrás. "Uno tiene una idea del amor muy cinematográfica y la obra habla un poco de eso. Hay cierto sinceramiento, incluso en el cine y en la industria más mainstream. Hasta las comedias románticas hoy en día son superconflictivas. En las comedias románticas de los ochenta, por ejemplo, no había un conflicto que surgía de las personas que intentaban relacionarse. El conflicto era más externo, de una circunstancia. Me parece que hay ahora un movimiento hacia algo mucho más honesto."

PIENSA EN MÍ

"Cuando estés desorientado, piensa en Valeria Lynch/ Cuando el mundo caiga al suelo, piensa en Valeria Lynch/ Si una lágrima te rompe el corazón y la voz, piensa en Valeria Lynch./ Ella va contigo donde quieras hasta el fin", reza una de las canciones de Tascaq, a modo de parodia y tributo del hit "Piensa en mí", de la popular cantante. Con una gran cuota de humor y absurdo, aportados en buena medida por las letras del hilarante Jey Mammon, este musical de creación colectiva cuenta lo que le sucede a Marcelo, un joven que se encuentra deprimido y cuyas hermanas (Sandra Celeste y Marcela) descubren que padece una extraña condición: el trastorno de amar sin conocer a quien (de ahí, el nombre de la pieza). "Nos interesaba contar una historia donde se hable de algo tan actual como son los vínculos y la soledad en la que a veces uno se encuentra. Pero queríamos contarlo desde el humor y, por momentos, desde planteos que pueden parecer absurdos, pero que no lo son si uno empieza a profundizar en el tema -cuenta Emilio Berasain, director de la obra-. Quisimos mostrar esa faceta de las relaciones frívolas que hoy están tan en auge, la idea del no compromiso, de estar con el otro pero no profundizar mucho en la relación. Por otro lado, también quisimos mostrar, a través del protagonista, que hay un gran amor adentro y que no encuentra dónde ser depositado. Por eso llevamos al absurdo esta idea de una persona que está enamorada, pero no sabe de quién, porque eso funciona también a modo de metáfora."

Al igual que Asensio, el director de Tascaq coincide en destacar que la forma de contar el amor en el teatro ha ido cambiando con el tiempo hacia un espacio de mayor honestidad. "Antes quizás era difícil encontrarse con estos textos sobre el escenario porque el amor estaba idealizado y las historias de amor iban por el lado romántico. Hoy ya es necesario mostrarlo desde otro lado."

También dentro del género musical y abordando algunos de los mismos temas, Company, de los geniales George Furth y Stephen Sondheim, se presentó hasta hace una semana en nuestra cartelera, encabezada por Alejandro Paker. Pese a que pasaron más de cuatro décadas desde su estreno, sin dudas, la pieza ofrece una aguda mirada sobre los vínculos, el miedo al compromiso y las opacidades del amor con una vigencia notable.

SOLOS, PERO CONECTADOS

Otra propuesta muy anclada en los tiempos que corren es Me gusta (ya no me gusta), otra creación colectiva de un grupo de alumnos avanzados de Timbre 4. Dirigidos por Daniel Begino, los actores se animaron a retratar diferentes formas de relacionarse a través de la virtualidad (el nombre de la obra hace una clara alusión a los parámetros de aceptación y rechazo en la red social Facebook). Según explica el director, en el proceso de investigación y a través de improvisaciones, la soledad, la imposibilidad del encuentro real, la idea de instantaneidad y el amor frustrado surgieron casi inmediatamente como parte del universo que se exploraba. "La idea básica era partir de la soledad como tema, del ser urbano y de cómo ese ser tiene que comunicarse virtualmente casi como necesidad vital, incluso a pesar de que parezca grotesco o patético en algunos casos. Después, los actores plantearon problemáticas de parejas que están a distancia, u otras que están rotas y se reencuentran a través de un medio virtual -dice Begino-. Creo que cada vez hay más dificultades para relacionarse persona a persona, cara a cara, sobre todo en la realidad urbana. Hay una dificultad grande para conocer personas o para tener vínculos directos. Y a través de Internet o de estos medios virtuales, se logra que creas que de, alguna manera, estás conociendo a alguien. En algunos casos, resulta, pero en otros (la mayoría, creo), la persona sólo está supliendo una falta por un ratito y luego se encuentra en su casa, solo otra vez."

ODIARTE ASÍ

Pocas cosas son regla en el juego del amor, pero algo que resulta ya casi irrefutable es que no necesariamente padece los sinsabores de la soledad aquel que no está en pareja. También en la aventura de hacer lazo al otro, la frustración puede esperarnos a la vuelta de la esquina. Sobre esto reflexiona Siento cosas por mí, una creación de Claudio Mattos, Virginia Mihura y Vanina Montes, quienes también la protagonizan. La obra nos sumerge en el mundo de una pareja que está atrapada en su propio loop de frustraciones y desencuentros. "Empezamos a improvisar sobre la base de una pareja y nos dimos cuenta de que surgía mucho más el recuerdo del amor que el amor en sí. En ese recuerdo, lo que le pasaba a la pareja era que se encontraba con la contradicción de haberse querido mucho y de enfrentarse ahora con la imposibilidad de vincularse desde el afecto. En definitiva, esta pareja intenta recuperar algo que está en un lugar imposible de habitar ahora", explica Mattos.

Al hablar sobre las nuevas formas de retratar los vínculos de pareja, el actor y director señala: "Hay honestidad en pensar que el amor también es descarnado. En una relación de pareja sostenida por mucho tiempo es imposible negar que hay un lugar oscuro. Hay como un exceso de información en nuestro tiempo, un exceso de palabras que hace que sea imposible comunicarse. En el caso de la obra, esto se da en una pareja, pero también lo podría trasladar a otras relaciones. La esencia es que no alcanza nada: no alcanza con decirse lo peor, porque eso no resuelve nada".

También ahondaron en la temática de la soledad los dramaturgos Andrés Binetti y Mariano Saba, quienes decidieron explorar manifestaciones algo extremas de esta problemática en Nadie mejora, una divertida y absurda pintura de lo que sucede en un call center de atención al suicida, donde los desolados no son sólo los que llaman, sino también los que atienden. "Tiene muchos niveles el material: toca lo inapelable del suicidio y, a la vez, la conflictividad típica de un ambiente de trabajo en el que se congrega un grupo de personas, nueve horas por día, cinco días a la semana -asegura Binetti-. Basta ver la demografía de Buenos Aires para darse cuenta de que estamos en un momento donde la soledad nos atraviesa. Creo que hay algo de soledad en esto de no juntarse. En ese sentido, el teatro es un bálsamo, porque sí o sí tenemos que juntarnos para hacerlo."

Al igual que Binetti y Saba, el dramaturgo Mariano Rapetti también se propuso explorar el universo de la soledad en Paraíso, que nos sumerge en la intimidad de una joven cuya historia de amor acaba de "explotar" y que se encuentra frente al absurdo de verse atrapada en un show televisivo.

Sin dudas, las propuestas de la cartelera del desamor son variadas y recorren los géneros más diversos. Para los que buscan y para los que no, para los que encontraron y para los que desean perder, éstas no son sino las manifestaciones de un teatro que nos recuerda (ahora, al hablar de la soledad) que es un reflejo vivo de los conflictos que nos arden. Quizá la próxima vez que asistamos a una función, finalmente, suceda el milagro: la alegre certeza de sabernos acompañados aun en nuestras soledades.

TASCAQ

Sábados, a las 23.

El Método Kairós, El Salvador 4530.

MALDITOS (TODOS MIS EX)

Sábados, a las 21.30.

Teatro del Pueblo, Av. Roque Sáenz Peña 943.

SIENTO COSAS POR MÍ

Jueves, a las 21, y viernes, a las 23.

El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960.

ME GUSTA (YA NO ME GUSTA)

Sábados, a las 23.

Espacio Polonia, Fitz Roy 1477.

PARAÍSO

Sábados, a las 21.

La Casona Iluminada, Corrientes 1979.

NADIE MEJORA

Jueves, a las 21.

Anfitrión, Venezuela 3340.

Fuente: La Nación

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