sábado, 26 de julio de 2014

Sergio Arroyo: Aquel mar es mi mar


"Ir tras la luz que alumbre el pensamiento me genera inmenso placer"

La pieza teatral de Verónica Oddó y Juan Carlos Gené está construida a través de fragmentos de la obra de Federico García Lorca.

Construir una puesta teatral desde fragmentos de distintas piezas de la obra de un gran artista como Federico García Lorca es lo que hicieron Verónica Oddó y Juan Carlos Gené, autores de Aquel mar es mi mar. Luego, al momento de su puesta en escena, todo vuelve a escribirse para dar una mirada nueva de tal manera que en ella se reconoce su origen. "Esa es la maravilla", dice su director, Sergio Arroyo. "Si estás dispuesto a escuchar –agrega–, hay una zona en la que te podés encontrar con cada uno de todos los que intervienen en la obra. Los que nos dedicamos a la investigación seguimos como un paradigma en el que generamos nuevos ciclos; por eso es como si Lorca, Oddó y Gené estuvieran presentes hoy para debatir con nosotros."
La historia de Aquel mar… habla de "ella y él como dos maderas flotando en el mar. Se piensan, se encuentran, se gozan, trascienden la melancolía. Recuperan la pasión, se entregan a la suprema belleza que es la vida", explica el director. Una historia de amor como cualquiera, aunque sólo algunas gozan el grado de descripción de la sinopsis argumental. El secreto para orientar la construcción de la obra es "una organización que permite ir descubriendo, con los otros, los textos de Lorca –apunta Arroyo–. Porque Lorca también habrá tenido infinitas voces de las que captó algunas, como nosotros captamos algunas de las suyas a partir de poner en juego nuestras necesidades y apetencias creativas. Ahí se genera una especie de ajedrez en el que cada intercambio entre los actores y yo, entre ellos mismos, presenta un nuevo escenario sobre el que hay que pensar de nuevo, y así sucesivamente." A diferencia del juego, la partida no se termina nunca. Mejor dicho: tiene su final en el tiempo, pero sigue actuando en el público y en los protagonistas. Y tampoco es la racionalidad lo que prima: "El pensamiento no es sólo una racionalidad, es una sensibilidad, una emoción, es todo lo que permite vislumbrar el sentimiento, que es lo más ahogado en los seres humanos. Y a mí ir tras la luz que lo alumbre me genera un placer inmenso."

–Es la zanahoria.
–Ja ja, sí. Sería el sueño: más allá de que sea bueno o malo, siempre querés volver a ese estado onírico, que no tiene ni principio ni fin, como aquel mar; y que siempre es algo a descifrar, sobre lo que hay que hurgar una y otra vez para darle y encontrarle sentido, pero no un sentido de verdad, sino el de algo que para mí es muy rico, y que tiene que ver con la dulzura y el dolor, dos materiales contundentes que están en esta obra. «


Funciones
Aquel mar es mi mar se presenta los sábados a las 21 en El Ópalo Espacio Teatral (Junín 380).

Fuente: Tiempo Argentino

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