viernes, 25 de julio de 2014

Rats, casi un musical


Cuando las ratas son más que una plaga

La puesta va más allá del simple gag de imaginar a unas ratas que, a causa de un cortocircuito, adquieren vida y se ponen a actuar: elenco y creadores se lucen en una obra que ofrece múltiples lecturas, sin abandonar su objetivo de entretener.

Rats, casi un musical, la última obra de Sebastián Kirszner, es un diálogo constante. Con su obra anterior, fundamentalmente, pero también con una tradición teatral y con la historia argentina reciente. Llamada así como guiño al emblemático musical Cats, la obra que se ve los viernes en el teatro La Tertulia tiene como protagonistas a un grupo de ratas que han adquirido el don de la actuación luego de un cortocircuito producido en una casa de electrodomésticos durante los saqueos de 2001. Así, las seis se transforman en “ractrices” y se van a vivir debajo del “Complejo Teatral San Ratín” (cualquier similitud...), donde pasan meses ensayando para interrumpir una función de Romeo y Julieta, hecha por humanos, y mostrar sus dotes artísticos.

Rats... no sólo conserva a tres de los actores (Augusto Ghirardelli, Daniel Ibarra y el músico Eduardo Lázaro) de Azulejos amarillos, puesta anterior de Kirszner sobre texto de Ricardo Dubatti. También toma de ella ciertos recursos como la música en vivo (aquélla no era una obra musical como ésta, pero casi) y el humor –absurdo en ésa, paródico en ésta–, y además mantiene con ese trabajo varios guiños intertextuales: Lázaro se llamaba en Azulejos... “músico bis” y aquí “N/N”, mientras todos los otros personajes tienen nombres, por ejemplo, y hasta se hace referencia al título de esa pieza como parte de una escena (“¡Andate Rattus Marilyn!... Dejame sola en este inmenso y frío baño de azulejos amarillos...”, dirá una de las ratas).

Esta autorreferencialidad es, justamente, lo que más acerca a las dos obras, y también a las anteriores del director, porque Kirszner antes escribió y montó Las memorias de Blanch, que combinaba al mundo del teatro con el de la muerte y El Casting, que reflejaba el sacrificado mundo del actor. Así, la reflexión sobre el hecho teatral mismo, sobre su tradición, es el eje de su obra. En Rats..., las actrices hacen “ratajación” antes de salir a escena, se reúnen en asamblea del sindicato de actores-ratas y prueban suerte en castings. Además, reflexionan sobre si entregarse a los laboratorios (¿el teatro comercial?) o no ceder ante ellos y sus presiones y reglas (“¿No estarás transando con los laboratorios, no? Ahí no hay arte, ¡sólo ampicilina, risperidona, clonazepam, beta-metazona...!, se recriminan unas a otras). Y entonces, así como Azulejos amarillos hablaba del mismo Kirszner y sus actores a través de la metáfora del hacer, Rats... también lo hace, ayudándolos a pensarse dentro del complejo mapa de la producción teatral.

Además del ingenio y la inteligencia de Kirszner, que nuevamente hace que al espectador le sigan cayendo ciertas fichas en días posteriores a la función, cabe destacar a los actores que, además de los mencionados, son Victoria Arrabaça, Ariel Bar-On y Gisel Eiriz. No sólo actúan, bailan y cantan la música original de Lázaro, sino que cada uno compone a su personaje-rata desde una estética distinta, que sostienen durante toda la obra. Así, hay una rata karateka, una que viene del music hall, otra del grotesco criollo y una con aires shakespereanos, por ejemplo. Y lo más valioso es que los actores evidencian esa diferencia aun bajo el mismo disfraz (una máscara con dientes que les tapa parte de la expresión del rostro), lo que hace que su tarea sea doblemente valiosa.

Con todo, este equipo de teatristas (también vuelve a trabajar con Kirszner la escenógrafa Lola Gullo, que en Azulejos... había hecho un gran trabajo y ahora arma un ingenioso ambiente “a escala rata”) reafirma que para hacer (buen) teatro hay que pensarse, todo el tiempo y quizás insistentemente. Porque sólo de esa reflexión –que puede ser explícita o no, eso depende– puede salir algo de verdad. Y eso Kirszner lo sabe. ¿O si no cómo se explica ese parlamento que incluye en su obra y que dice “¡No me hables tú de lo que tú no sientes sobre actuar!”?

Fuente: Página/12

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