viernes, 4 de julio de 2014

María Leal: La señora Klein


"El teatro es la mejor meditación que existe"

La actriz es la protagonista de la obra La señora Klein que dirige Eva Halac. Habla de su relación con el teatro y la televisión.
Tiene un porte tanguero. María Leal es una mujer pequeña, de pelo bien corto y que le rodea los rasgos delicados de su cara. Pero cuando habla, aparece enseguida una fuerza dominante, una actitud de líder. La actriz es, además, una mujer de rituales. Cuenta que cada noche –antes de salir a escena con la obra La señora Klein– cumple con la misma ceremonia. Cuando ya nadie entra al escenario, ella revisa que estén todos los elementos que tiene que utilizar. Después, se para justo en el medio y se hace la señal de la cruz. Ahí, le pide a Dios que la acompañe en ese viaje ficcional.
"Formo parte de la Guardia vieja del teatro", explica y por eso cumple con estos pasos de manera religiosa. Ser de la Guardia vieja implica, entre otras cosas, llegar tres horas antes de la función. Más allá de sentirse identificada con esa generación de actores que entienden el arte teatral como algo sagrado, la actriz reconoce que a ella le costó ingresar a ese ambiente porque durante mucho tiempo fue catalogada como "la de la tele". Es que es imposible no asociarla con su personaje en Grande Pa: junto a Arturo Puig, María Leal fue protagonista de este hito televisivo de los '90, la ficción que más rating tuvo en la historia televisiva nacional, con más de 60 puntos. Pero después de ese furor, logró mantener una carrera constante en el teatro, pasando por pequeñas salas independientes hasta grandes escenarios. María Leal se sostuvo en el tiempo.

–¿Cuánto hace que sos actriz?
–Hace 48 años que soy actriz. Toda una vida. Arranqué muy chica, pero a pesar de la experiencia, cada vez que entro a escena, me pongo muy nerviosa. A veces me pasa, como a todo el mundo, que llego cansada al teatro, pero en la función me vuelve una energía única. Tiene algo de mágico. Además el teatro es la mejor meditación que puede existir. La meditación busca que liberes tu mente, que llegues a un estado en el que salgas de vos y descanse tu pensamiento. Apunta a dejar de pensar, que es algo muy complicado. Pero en el escenario, no te queda otra. En el escenario, durante una hora y media, te olvidás de vos. Por ejemplo, a mí me pasa ahora que no tengo bien a mi papá, pero durante una hora y media yo no pienso en eso. Durante ese tiempo de representación, yo soy la Señora Klein, no soy María, entonces, la mejor meditación que conozco es el teatro. Incluso si estás representando una comedia banal, porque es el juego, es lo maravilloso del teatro. Y, realmente, cuando termina la obra, sean 20 o sean 100, es la gente que te tira el amor y la energía. Nos aplauden y es maravilloso. Lo disfruto mucho.
Con la dirección de Eva Halac, María Leal encarna un personaje biográfico: a Melanie Klein –una de las más reconocidas y polémicas psicoanalistas del siglo XX– y la pelea irreconciliable que tuvo con su hija Melitta Schmideberg (Fabiana García Lago). En el medio, está su discípula, Paula Heimann (Laura López Moyano). Los conflictos y neurosis desatados por estas tres psicoanalistas hicieron historia.
–¿Cómo preparaste el personaje?
–Me ayudó pensar en varias cosas. Por ejemplo, que Melanie Klein no era médica y era mujer, a diferencia de Freud y Lacan y que fue una mujer muy discutida. Era déspota, era cínica, alcohólica y vehemente. Pero ella no quería entrar en competencia con su hija, todo lo que hacía era para que su hija fuera mejor. Eso me sirvió a mí para entender por qué es así la Señora Klein. Básicamente, porque algo tengo que salvar. Pero bueno, convengamos que la relación de madres e hijas es siempre complicada. Gracias a Dios, yo soy madre de dos varones, pero soy hija de una madre. Y cuestioné a mi madre hasta no hace tanto. La cuestionaba muchísimo. He sido tremenda con mi madre, era una mezcla de admiración y de locura. Mi madre es mi heroína. Siempre la admiré, pero recién ahora lo reconozco.
–¿Cómo es la relación con tus hijos?
–A ver, yo pienso que la maternidad y la paternidad son instituciones condenadas al fracaso. Mis hijos tienen 39 y 42 años. El mayor tiene dos hijos, que son mis amores. Nunca pensé que iba a tener tanta historia y tanta buena relación con ellos. Yo veo a mi hijo y sé que él piensa que no va a cometer los errores que cometí con él. Pero siempre vas a cometer errores porque no hay ensayo. De golpe, ahí te salió y tenés esa maravilla que es un hijo. Todos los padres hacemos lo mejor que podemos, pero inevitablemente vamos a cometer errores porque no vamos a hacer lo que ese chico quería que nosotras hiciéramos.
–Pero volviendo a la obra y la pelea entre Klein y su hija, hay una frase popular que plantea "hijo de psicólogo, hijo con problemas"
–No sé… mi hijo es psicoanalista y su esposa también. Y sus hijos, o sea mis nietos, juro que no son insoportables. En mi casa, me doy cuenta que soy más brava que los padres. Pero tiene que ver con mi historia. Yo me quedé viuda a los 30 años, mis hijos cumplían siete y cinco años cuando se les murió el papá. Tuve que ser brava en cuanto a que tenía que hacer todo. Por ejemplo, me obsesioné con los horarios. Todos los días era: siete de la tarde baño, ocho de la noche comida y nueve a la cama. En el colegio, me pedían eso. Y era yo la que decía "esto sí o esto no". Cuando llegó la adolescencia, yo les decía: "Acá estoy yo, arriba mío hay un juez de menores." No les podía decir: "Andá a hablarlo con tu papá", ante cada queja. Había límites, pero crecimos juntos.
–¿Cómo hiciste para trabajar y criar a tus hijos sola?
–Había que hacer lo que se podía. Nunca más hice teatro, hasta que mis muchachos no terminaron la secundaria. Por eso me costó tanto volver al teatro, porque era la que venía de la televisión. Con el padre, yo había tenido una especie de "convenio", que era que hasta que los chicos no fueran un poco más grandes, un poco… yo no iba a hacer teatro, porque es un trabajo que implica estar toda la noche afuera. No los bañás, no les das de comer, no los acostás, no les cantás con la guitarra canciones. Pero cuando tenían cinco y siete años, este hombre, ¡mi amor! se murió y ese mandato me quedó a mí y se me fue la mano, porque no lo hice hasta que terminaron la secundaria.
–Trabajabas de día y a la noche te quedabas con ellos
–Sí, pero lo hice hasta el secundario. Eran tremendos grandulones. Sobre todo, porque se llevan un año y nueve meses y eran muy compañeros. Hubiera podido arrancar antes. Pero no… Me mantuve con eso… trabajé en televisión toda la vida, viví de esto. Pero el teatro no, me quedé con mis cachorros, nos quedamos los tres. Ahora tengo a estos hombres bellos, buenos y enormes (miden 1,86 y 1,88). Reconozco que a veces pienso: "Dios mío, ¿cómo hice?" Pero en realidad, creo que ante las cosas que te pasan en la vida, la vida misma te da la fortaleza. Uno siempre puede.
–¿Te preocupó la incertidumbre económica de la carrera del actor, siendo madre responsable de dos chicos?
–He trabajado de otras cosas cuando lo necesité. No tengo problema. Salgo y peleo. Tenía una productora junto con mi marido y otro socio más, una distribuidora de cine. Y cuando se murió mi marido, seguimos mi socio y yo. Al poco tiempo, se murió mi socio. Yo dije: "Basta, en esta oficina, la tercera soy yo." En ese momento, mis hijos ya eran más grandes y les dije que quería trabajar como actriz y nada más. Y que tal vez iba a cambiar un poco la economía del hogar, que ya no más ir a esquiar, ni el mar ni la montaña. Les aclaré que no se iba a mover, pasara lo que pasara, el colegio. Y los chicos estuvieron absolutamente de acuerdo. Como yo había hecho un parate, también me costó volver. Pero retomé. Fue con Atreverse y después ya se sabe la historia…

La historia es la llegada de la masividad. María Leal actuó en Atreverse en 1990 y al año siguiente fue convocada para Grande Pa, un programa de tevé familiar que se mantuvo en el aire hasta 1995. Se volvió famosa en toda la Argentina  y en varios países latinoamericanos, porque la serie se emitió con éxito en Chile, Perú, Colombia,Uruguay y Paraguay.

–Pero no me cierran los números, si tenés 48 años de carrera, ¿a qué edad arrancaste?
–Muy joven. Salí de la escuela, me metí en el conservatorio y después lo dejé porque ya trabajaba como actriz. Me formé con todos los maestros, pero si te ponés a sacar la cuenta me voy a pegar un tiro. «


el recuerdo de su último trabajo con norma pons
María Leal fue compañera de elenco de Norma Pons en el espectáculo Ocho Mujeres, dirigido por José María Muscari. Pasaron dos meses de su muerte y la actriz reflexiona sobre algunos aspectos de la vida de Norma Pons. "Era una loca linda pero nos daba mucho trabajo. Era muy difícil hacerla comer. Estuvimos un año en el Tabarís, y después hicimos una temporada de cuatro meses en Mar del Plata. En Buenos Aires, al menos estaba Mimí, pero en Mar Del Plata nos teníamos que ocupar nosotras, sus compañeras de elenco, de que comiera. Si era por ella, no comía", dice.
–¿Por qué no quería comer?
–Norma Pons toda la vida vivió con su mamá. Ella nunca dejó de ir ni una sola noche de su vida, teniendo el amor que tuviera, a dormir con su mamá. Tenía adoración por su madre y comía la comida que le hacía ella, pero cuando se murió nunca más le sintió el gusto a la comida. Su mamá debe haber muerto hace ocho años y ella se vino abajo. Mimí y Norma se vinieron de Santa Fe con su madre. Fueron chicas muy cuidadas, lo que pasa es que Mimí se casó, tuvo hijos, pero Norma no, fue fiel a su madre. Y ella decía: "Desde que mamita no está, noooo…" y hablaba con una tristeza. Y ahí íbamos nosotras con la comida, pero nos la devolvía. A cada rato era pedirle, por favor Norma, vamos a comer. Y entre eso y el cigarrillo… ¡Pero las dos fumábamos juntas! Yo creo que hay que honrar la vida. Normita no era feliz y se fue en un momento de gloria, logrando todo lo que no había logrado. No fui a su velatorio. Pensé que iba a ser algo superficial, por la exposición. Me quedé en mi casa y me abrí un champagne para homenajearla. Había hablado con ella hacía 15 días, más o menos, y estaba feliz. Eufórica, feliz con el éxito maravilloso de Bernarda Alba, iba a entrar a lo de Tinelli y pensaba "me hago mediática y se va todo a la mierda". Partió feliz y en su mejor momento.

Fuente: Tiempo Argentino

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