miércoles, 30 de julio de 2014

César Brie: Festival Brie


“El arte está entre la belleza y la verdad”

El teatrista argentino radicado en Italia presentará en el Complejo Cultural Banfield Teatro Ensamble cuatro unipersonales, escritos, dirigidos e interpretados por él. Todos ellos, más allá de sus diferencias, atravesados por el compromiso político.

Vuelve a Lomas de Zamora el Festival Brie. A partir del sábado próximo y hasta el domingo 24 se presentarán por turno cuatro unipersonales escritos, dirigidos e interpretados por César Brie, teatrista argentino que desde hace algunos años trabaja en Italia luego de separarse del conjunto boliviano Teatro de los Andes, el grupo que había formado y dirigía desde 1990, tras su experiencia en el Odin Teatret de Dinamarca. La serie de unipersonales que componen el Festival Brie, en ésta su segunda edición, volverá al Complejo Cultural Banfield Teatro Ensamble (Larrea 350), en Lomas de Zamora.

“Un actor descubre, al despertar, que ha sido transformado en un cura” es la sinopsis que el autor y actor brinda acerca de El mar en el bolsillo, el primero de los montajes que se presentarán. Habida cuenta de su metamorfosis, el personaje de este actor aprovecha para dialogar con Dios, aunque hace años que no cree en él. Arbol sin sombra, la segunda obra, es la versión teatral y poética de Tahuamanu, el documental que Brie dirigió acerca de la masacre de campesinos ocurrida en Pando, Bolivia, en 2008. En cuanto a los dos últimos espectáculos –Sólo los giles mueren de amor y 120 kilos de jazz– son, respectivamente, “un viaje hacia la intimidad de un hombre a través de la memoria y los recuerdos y una historia de amor imposible”, según Brie detalla en la entrevista con Página/12. Durante la conversación, el teatrista relaciona temáticamente los unipersonales que presentará en esta oportunidad con otras obras que aún están en preparación.

–¿En qué medida su alejamiento de la religión familiar lo ayudó a elegir al teatro como forma de vida?

–Nací y crecí en la Argentina, un país católico. Me alejé de la Iglesia a los dieciséis años y pude reflexionar sobre este rechazo sólo muchos años después, cuando estuve en condiciones de ver mi pasado. La religión entonces representaba un camino: un trayecto de acciones sociales y espirituales que afirmaban mi fe, la difundían y me inducían a comportarme según sus reglas y a observar el mundo a través de ellas. Abandonando la religión, yo tenía conciencia de que debía iniciar otro camino. Me dediqué al teatro y formé parte de aquel movimiento teatral en el cual el trabajo artístico se mezclaba con el compromiso social. Ya no soy religioso, pero no he puesto una piedra sobre mis experiencias de la infancia y de la adolescencia. La religión era un espacio para la espiritualidad que fue suplantado por el trabajo artístico. Hoy vuelvo a pensar en los elementos que están detrás de la religión, y lo hago a través de un nuevo montaje que estoy preparando sobre la vida y obra de la filósofa francesa Simone Weil.

–¿Allí revisará su posición acerca del tema?

–La revisión del aspecto religioso es simple. Detrás del catolicismo hay una religión mucho más antigua que es la cristiana, que Weil emparienta a las concepciones filosóficas cuyo objetivo es el bien. De hecho, relaciona el cristianismo con el Libro de los Muertos de Egipto, con Platón y los griegos. Ella distingue el Dios del Antiguo Testamento, el de los hebreos, un Dios vengativo e implacable, del Dios del Nuevo Testamento, el del amor y la piedad. Esta concepción me reconcilia con mis primeras pulsiones políticas: hacer el bien, ayudar al prójimo, y me libera del seudo cientificismo marxista y materialista.

–¿La obra incluye también una reflexión estética?

–Sí. Weil reflexiona sobre la belleza, el bien y la piedad en el arte. Y sostiene que el mal es atractivo en el arte y terrible en la vida y que el bien es deseable en la vida pero aburrido en el arte.

–¿Cree que esto también se da en el teatro?

–Sí, en el pasado, en Roma por ejemplo, se llegó a mostrar la muerte y la tortura como espectáculo. Hoy hay artistas que por el hecho de ser transgresores muestran el dolor verdadero, por ejemplo, en sus obras. Algunos arriesgan y logran llevar al campo de la belleza elementos que le son ajenos, como hace Rodrigo García. Pero la mayoría son sólo personas que confunden los planos. Exhibir el dolor sin provocar conciencia acerca de ese dolor es inadmisible. El arte se mide entre dos polos: la belleza y la verdad. Cuando existen ambos el arte existe. Ciertamente los artistas pueden hacer lo que quieran, pero esa libertad no los vuelve mejores artistas.

–¿Cuál cree que es el modo admisible de representar el mal?

–Cuando arroja luz sobre su objeto. No en forma pedagógica, sino metafóricamente. Hoy todos se divierten con el splatter de Tarantino y mientras te quedás en el campo de la diversión me parece inobjetable. Pero cuando sirve para justificar acciones inadmisibles en las conciencias de los espectadores la cosa se vuelve peligrosa.

–Sólo los giles... se refiere a su vida familiar y afectiva, a su acercamiento a la militancia. Después de tantos años de hacerla, ¿le hizo cambios al espectáculo?

–Sólo los giles... es del ’94. La dejé de hacer por varios años y la retomé desde hace un año y medio. Sentí que volvía a estar viva y que todavía me parecía que era justo hacerla. Es un texto que en América latina representan mucho. Pero ahora estoy preparando un nuevo unipersonal en el que enfrento desde otra óptica la vida que viví. Cuando esté listo tal vez ya no haya lugar para Sólo los giles...

–¿Cómo será ese nuevo montaje?

–El título provisorio es Fui. Quiero contar a través de una aparente historia familiar lo que cada uno de nosotros vive. No tomando los grandes temas como el amor, el exilio, el luto, el abandono o la familia, sino iluminándolos desde lo particular. Para decirlo en palabras simples: un paradigma de todos son los abuelos, los hermanos, los amigos de infancia, el primer amor o la primera vez. Entonces, de esas pequeñas historias extraigo los paradigmas en los que cada uno puede reconocerse. No me interesa la identificación, sino el reconocimiento, dado que no desprecio el público pero no le hago concesiones.

–Arbol sin sombra habla de una masacre de campesinos ocurrida bajo el gobierno de Evo Morales. ¿Cómo es la recepción de la obra por parte de los espectadores europeos?

–De Bolivia se sabe muy poco en Europa. Lo que cuento sirve para colocar en un contexto histórico lo ocurrido en 2008. Evo Morales y su gobierno pertenecen a un círculo “sagrado” para los progresistas de América latina y Europa y denunciar ciertos manejos y abusos no parece ser muy popular. En el caso del documental que hice, ni la derecha ni la izquierda quisieron mostrarlo en Bolivia, porque todos recibían su cuota de incomodidades y culpas. La masacre ocurrió como un hecho extremo en un plan para desestabilizar al gobierno de Morales. En el documental eso queda claro, pero también queda claro que el gobierno de Morales se alió a un caudillo y matón local y que, de algún modo, los campesinos fueron usados y abandonados. Algunas autopsias fueron falsificadas por la derecha, pero al menos tres fueron falsificadas por el entorno de Morales. El que quiera saber la verdad podrá hacer cuentas con mi documental y con la obra.

* Festival Brie: El mar en el bolsillo, sábado 2, a las 21, y domingo 3, a las 18. Arbol sin sombra, jueves 7, a las 21, sábado 9, a las 21, y domingo 10, a las 18. Sólo los giles mueren de amor, jueves 14, a las 21, sábado 16, a las 21, y domingo 17, a las 18. 120 kilos de jazz, jueves 21, a las 21, sábado 23, a las 21, y domingo 24 a las 18.

En el Complejo Cultural Banfield Teatro Ensamble, Larrea 350, Lomas de Zamora.

Fuente: Página/12

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