martes, 15 de abril de 2014

Pinedas tejen lirios

Susana Hornos y Zaida Rico, sensibles y contundentes en un nuevo espectáculo

"Pinedas tejen lirios", con dramaturgia y dirección de Susana Hornos y Zaida Rico, repite en su breve transcurso las virtudes de la anterior "Granos de uva en el paladar" y puede verse en El Extranjero los domingos a las 19.

Con apoyo de la Oficina Cultural de la Embajada de España y el Centro Cultural de España en Buenos Aires, auspiciada por Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y patrocinada por Amnistía Internacional, la obra se funda en la patriota granadina Mariana Pineda, pero luego se bifurca en otras mujeres.

Todo tiene un inconfundible aroma español, con atisbos de flamenco entre los parlamentos -taconeos, golpes de manos sobre el cuerpo- y comienza con una Mariana que teje su famosa bandera para sus camaradas, en la que las palabras "libertad, igualdad y ley" son al mismo tiempo una condena a muerte.

Conviene recordar que España había sido invadida por la Francia de Napoleón y el rey había sido suplantado por José Bonaparte, el famoso "Pepe Botellas" por su afición al dios Baco, por lo que los liberales -bando al que adhería la protagonista y cuyo apelativo nada tiene que ver con su significado actual en la Argentina- luchaban por recuperar la independencia del país y establecer una Constitución.

En aquellos parajes tan lorqueanos, de paredes encaladas y visillos inquietos, esa mujer viuda y con varios hijos -se supone incluso alguno no confesado que tuvo con un primo- es acosada sexualmente por un funcionario de nombre Pedrosa y ante su negativa es condenada a morir en el garrote vil. Corre 1831.

Ya en el drama de Lorca hay una confusión entre el papel de la joven viuda y la negativa que se le hace como persona, ya que según las normas -y el pretendiente- cualquier mujer, sobre todo si es apetecible, debería estar al resguardo de un varón.

Es interesante el juego imaginado por Hornos y Rico, que vuelven a disponer de un escenario despojado, con apenas una carpeta sobre la que se mueven los personajes y un vestido-prisión en el que reside Mariana.

Ambas responsables insisten en el tratamiento escénico que incorporaron a "Granos de uva..." y al considerar sentirse mujeres e inmigrantes, estiran los padecimientos pero también la entereza a otras féminas, como la adolescente Julia Conesa, una víctima del femicidio de Ciudad Juárez, en México, y una luchadora argentina.

La primera fue una militante asesinada por el franquismo en 1939 junto a doce compañeras, redactora de una conmovedora carta a su madre a la que "jamás podré besar ni abrazar" y que finaliza con el deseo de que su nombre "no se borre de la Historia".

La segunda no tiene una identidad definida pero se sabe que es víctima de una maquiladora -tipo de empresa estadounidense ubicada en la frontera del lado de México, con trabajo semiesclavo- que al mismo tiempo es objeto de la trata de personas y segura candidata al femicidio.

La pieza también se acerca a la Argentina de 1970 para mostrar a una militante montonera que expresa sus ideas y su forma de lucha, con la perspectiva que los años aportan para imaginar cuál puede haber sido su destino.

Hay muy buenos trabajos de Arantza Alonso -Mariana y las otras protagonistas-, Laura Lebedinsky como amiga, ladera, madre y otros papeles y el efectivo Ariel Pérez de María, quien a pesar de un físico bastante robusto es capaz de transmitir sentimientos muy finos.

Fuente: Télam

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