jueves, 17 de abril de 2014

El principio de Arquímedes


La encrucijada del rumor y sus consecuencias

Teatro. El conflicto alrededor de un profesor acusado de abusar de un niño, pone en escena los temores de una sociedad que dicta justicia por mano propia.

La pedofilia no es un tema sencillo. Cualquier adulto cercano a algún niño abusado sexualmente que se encuentre en la platea de El principio de Arquímedes –la obra del español Josep María Miró que se estrenó hace pocas semanas en el San Martín– probablemente querrá saltar de su asiento y linchar al presunto abusador. El acusado es Rubén, un profesor de natación que da clases desde hace cinco años a niños pequeños, sus “caballitos de mar”. ¿De qué se lo acusa? Según una alumnita, Rubén le dio un beso –en la boca– a un nene y lo abrazó porque tenía miedo de meterse al agua. El comentario se difundió por el grupo de Facebook de los padres de los niños que van al natatorio y ahora es uno de ellos quien se hace presente en los vestuarios para encontrar algún indicio de homosexualidad en Rubén e increpar a la directora. Sí, leyeron bien: todavía gran parte de la sociedad cree que el sexo del niño abusado se corresponde con una inclinación sexual del abusador.

De acuerdo a un reciente trabajo dirigido por la socióloga María Inés Bringiotti, directora del Programa de Investigación en Infancia Maltratada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en 7 de cada 10 casos los abusadores son parte del circuito de gente conocida: desde padres, madres y padrastros hasta hermanos, primos, abuelos, tíos e incluso docentes. Además, el abuso se da en los dos géneros por igual y el abusador puede tener contacto con un menor sin importar el sexo, y eso no lo define como homo o heterosexual.

Ahora bien, supongamos que Rubén no le dio el supuesto beso al chico, sino que solamente trató de tranquilizarlo paternalmente. La nena de 5 años vio mal, dijo algo que no era, se confundió o se expresó de forma incorrecta y el episodio no existió más que en la imaginación colectiva de un grupo de padres atemorizados por los tiempos que corren. ¿Qué sucede con la vida de Rubén? ¿Cómo hace para seguir adelante, después de ser apedreado en la puerta del natatorio, acusado por la directora y su compañero de trabajo, capturado por las cámaras de todos los canales de televisión, sin haber hecho nada?

Pero, ¿y si lo hizo? La obra se encarga de dejar en claro que Rubén no es ningún puritano y, además, pudo haber hecho algún que otro comentario desubicado sobre los alumnitos. ¿Eso lo encasilla en el perfil de abusador? ¿Es correcta la actitud de los padres? Con las noticias de los últimos días, la justicia por mano propia parece ser un tema que está de moda, y aquí viene al caso. Dejando de lado la polémica sobre si las instituciones funcionan correctamente –tema que no se aborda en la obra–, el siguiente paso es preguntarse cómo se debe actuar frente a un caso de pedofilia. ¿La sociedad debe juzgar este tipo de hechos, separada de las instituciones? ¿Son las personas afectadas las que deben penalizar a los abusadores? ¿Cómo no hacerlo precipitadamente?

Dice Wikipedia: “El principio de Arquímedes es un principio físico que afirma que: «Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja».” El título de la obra es afortunado, porque alude a la problemática pero no la anticipa. Trasladado al tema que toca, el concepto se refiere quizás a la irrupción de la duda y la estigmatización social que, como muestra la obra, es propia de nuestra sociedad actual. (La directora del natatorio habla de sus días, hace años, como coordinadora de campamento, cuando chicos y entrenadores se bañaban todos juntos en el agua desnudos; grandes y chicos dormían juntos o no había prejuicios sobre meterse en su cama. Hoy, tal vez, algo impensable.) Para bien o para mal, justa o injustamente, lo que se desaloja en la obra son ciertos modelos imperantes bajo el impulso de la reacción social.

Como la mayoría de las veces en la vida real, lo que efectivamente pasó no va a quedar claro aquí (un beso no deja marcas y las posibilidades de constatar el abuso se tornan más difíciles). Tampoco es la intención. El principio de Arquímedes no sólo juzga el hecho sino la veracidad del rumor y sus consecuencias; de ahí el impacto y la eficiencia en convertir, inevitablemente, a los espectadores en jueces. La escena queda en el medio, acorralada por un público a un lado y al otro del escenario que con ojos inquisidores examinan, escrutan, atan cabos. Mediante flashbacks y flashforwards , desde uno y otro ángulo, la obra repone los sucesos de forma fragmentada desde la acusación por parte de uno de los padres de los chicos hasta cuando los piedrazos de los mismísimos “caballitos de mar” son inminentes. La gran virtud de la obra –que no sucede muy a menudo– es que realmente invita a reflexionar. “Me gusta y mucho que el autor no tome partido y sea el público quien juzgue lo que está viendo. La obra inquieta y la gente sale debatiendo del teatro como hace tiempo no veo que pasa”, dice Corina Torillo, directora de la versión local.

¿Qué modelo de sociedad tenemos y cuál queremos? ¿Cómo se trata el abuso infantil hoy? ¿Cuándo un gesto de cariño deja de ser inocente? ¿Qué conceptos rigen el orden social? ¿Cómo actuamos nosotros? ¿Cómo concebimos a los educadores de nuestros hijos? ¿Qué conceptos les transmitimos a las próximas generaciones sobre lo que es o no correcto que les hagan, sobre lo que es o no necesario? ¿Cómo la acción en masa altera nuestra conducta, sobre todo en los tiempos cada vez más inmediatos de las redes sociales?

El padre le pregunta a la directora –nos pregunta– qué haríamos si ese nene fuese nuestro hijo. Efecto: piel de gallina. De repente, nosotros somos todos. Somos los padres acusadores, atemorizados. Somos la directora, que se enfrenta al dilema entre el derecho a la intimidad de Rubén y su responsabilidad frente a la institución. Somos Héctor, su compañero y amigo, que se debate entre creer o no el discurso de Rubén. Y hasta podemos ser también Rubén, que sólo hace cosas impulsivamente para evitar ser juzgado por algo que dice no haber hecho. Nosotros, los espectadores, palabra contra palabra, tenemos que tomar partido. ¿Culpable o inocente?


FICHA
El principio de Arquímedes
de Josep Maria Miró

Lugar: Sala Cunill Cabanellas, Teatro San Martín (Corrientes 1530)
Funciones: Miércoles a Sábados a las 21; Domingos a las 20.
Localidades: Platea $ 80. Miércoles $ 45.

Fuente: Revista Ñ

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