viernes, 21 de marzo de 2014

Ana Katz: Pangea


Descubrimiento de un mundo

En escena. Luego de siete años sin estrenar, Ana Katz vuelve al teatro con su luminosa “Pangea”.

Siete años después de que la exitosa Lucro cesante (2004-2007) bajara de cartel, Ana Katz vuelve a ponerse al hombro un proyecto teatral. Que haya pasado tanto tiempo entre su último trabajo escénico (la dirección de Madre de lobo entrerriano, de Julio Molina, en 2005) y este estreno tiene diversas explicaciones: la llegada de la maternidad, por un lado; la oportunidad de hacer cine, por otro (durante estos años se estrenaron Una novia errante y Los Marziano) y la ausencia de un proyecto que la motivara a ensayar durante al menos un año, a un ritmo semanal sostenido, varias horas cada vez.

Pangea fue la obra que volvió a convencerla de hacer teatro. O más bien: de que ese proceso, que puede ser mucho más engorroso y reiterativo que el de filmar una película, todavía tenía mucho para ofrecerle en términos de experiencia artística.

Pangea surgió por casualidad un día en que Katz estaba probando un software de escritura de guiones y descubrió que el programa también ofrecía un formato para escribir obras de teatro. Lo que comenzó como una prueba de texto y de forma devino en un texto que irrumpió con la fuerza de un tornado e impulsó a su autora a relegar los dos guiones de cine que estaba escribiendo: en dos semanas, Pangea pasó a ser el proyecto principal de la vida de Katz. No es casual que sea, además de la historia de vida de una mujer, una obra sobre la posibilidad de alejarse de lo conocido y cambiar el rumbo de las cosas.

Con la deliciosa Jimena Anganuzzi ( Cachetazo de campo , Mujeres soñaron caballos ) como protagonista, Pangea es, en resumidas cuentas, la historia de Diana, una mujer joven que, después de una noche de fiesta, borrachera y algunos excesos emocionales, es obligada por su familia a abandonar el pueblo en el que vive y salir de viaje. A partir de aquel hecho forzoso y con la ayuda invaluable del couchsurfing , Diana comienza a recorrer lugares muy distintos y otros continentes (de ahí se explica, en parte, el nombre de la obra), lo que la lleva a descubrir no sólo el mundo sino también “su” propio mundo. De la casa de una pareja de granjeros al sofisticado departamento de una madre y una hija que viven en conflicto constante, Diana aprende a interactuar con realidades muy distintas hasta que encuentra un grupo de pertenencia y a la mujer en la cual quiere convertirse. Todos los personajes que se cruza en el camino están representados por otros cinco actores además de la protagonista: Verónica Hassan, Mario Bódega, Iair Said, Mariano Sayavedra y Susana Varela. Cada uno de ellos compone a dos o tres personajes distintos a lo largo de la obra.

Pero, por si hasta acá alguien comenzó a imaginar una historia con ética y estética de road story , vale aclarar que Pangea lo es sólo en alguna medida. Si bien la obra de Katz es en apariencia la historia de una chica que viaja, lo que en realidad se tematiza es otra cosa: la noción de familia –o la idea de que uno puede elegir a quién considera su familia– y los misteriosos caminos del autoconocimiento –a veces buscado, a veces involuntario– son los ejes sobre los que gira el texto. Hacia el final, la autora le regala a Diana la posibilidad de salvar a todos los miembros de su vieja familia de un desastre natural, aunque alejándolos para siempre de su camino. Diana los quiere, es indudable, pero ha dejado de elegirlos. “Me parece que el concepto de aventura femenina tiene que ver mucho más con el encuentro con otros que con descubrir paisajes inmensos o trepar montañas cada vez más altas. Eso es lo que se le juega a Diana”, dirá Katz.

Hija de psicoanalistas que pensaban todo el tiempo en viajar, la pequeña Ana se crió con una certeza: está bien vivir pensando en irse a algún lado, ya sea anhelando destinos grandes o inventando escapadas de fin de semana. Tal vez ahí, en aquella obsesión, pueda encontrarse cierto patrón con la mayoría de sus obras: en Una novia errante (2007) y en Lucro cesante , por ejemplo, los personajes están de vacaciones; en El juego de la silla el protagonista vive fuera del país y el filme comienza, justamente, a bordo de un avión. Por lo demás, Pangea es una obra que rompe algunos cánones del “estilo Katz”, si es que tal cosa existe: acá es difícil rastrear, por ejemplo, el humor que caracteriza a su autora. “Creo que la obra está recorrida por temas, guiños y observaciones que tienen que ver con una mirada que puedo identificar conmigo misma. Pero, a la vez, siento que me abrí a la posibilidad de habitar un lenguaje de más capas, más absurdo y menos concreto. Lo sentí como una posibilidad en el momento de la escritura y me lancé a probar por ahí, como si yo también llevara una Diana adentro que quiere cortar con el compromiso de contar algo realista”, analiza.

Lejos de aspirar a la completud de los significados, Pangea propone a cada espectador que confronte lo visto con su imaginación y sus propias experiencias. Nunca se aclara, por ejemplo, en qué ciudad vive Diana con su grupo de amigos cosmopolitas, pero es inevitable que cada una de las personas del público geolocalicen esa escena a partir de sus propias vivencias. Para profundizar esa apuesta por el desconcierto, la protagonista dice en algún momento de la obra que está orgullosa de haber aprendido a hablar el times new roman como una local. Podría estar diciendo francés, inglés, alemán o podría estar diciendo justamente eso que dice: que habla una lengua que en la realidad no existe. La decisión recae en el espectador.

Y aunque Pangea parte de un texto luminoso y honesto, su voluntad simbólica exigía una dirección de actores que pudiera llevar a los intérpretes hacia una actuación comprometida con esa búsqueda. Una actuación que, sin llegar a ser exacerbada, pudiera darle cuerpo a cada palabra. “Es importante que los actores no se achiquen ni se apuren, que se apoyen en cada frase. Yo les insisto mucho con eso y con que busquen cierta verdad. Emoción y verdad”, sostiene Katz. “Si nos olvidamos de la emoción, no hay nada. Podés hacer un teatro re canchero, re inteligente, pero seguramente vas a contar algo que ya está dicho: porque, vamos, es verdad que ya está todo dicho. Lo único que te queda, entonces, es ir por la emoción: si no podés ofrecer eso, ¿a quién vas a atravesar?”.


FICHA
“Pangea” de Ana Katz

Lugar: Centro Cultural Gral. San Martín (Sarmiento 1551)
Días y horarios: Juev. a dom. a las 20.30
Localidades: $ 80

Fuente: Clarín

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