martes, 7 de enero de 2014

Linda Peretz: No seré feliz pero tengo marido


Linda Peretz, casi una maratonista del teatro, vuelve con un trabajo estrenado hace 14 años

Hoy repone el unipersonal No seré feliz pero tengo marido, la obra de Viviana Gómez Thorpe que ya pasó por varias capitales del mundo y por infinidad de pueblos del interior del país

En sus inicios, Linda Peretz soñaba con hacer obras de Shakespeare, Brecht y Sófocles. Con algunos de esos autores, se dio el gusto de llevarlos a escena. En 1992, bajo la dirección de Hugo Midón, hizo su primer espectáculos para niños. Se llamó Popeye y Olivia. Ese proyecto derivó en otro que se tituló La flaca escopeta. Esa obra, en la que hacía de la novia de Popeye, se estrenó en 1993 y, alternativamente, estuvo en cartel hasta 2002. Hace 4 años, hizo una temporada de despedida, como de cierre final.

La flaca escopeta tuvo distintas versiones (distintas plataformas, se diría actualmente). Fue obra de teatro, fue programa de televisión (tele abierta y cable), fue dibujo animado, fue disco. En perspectiva, también se podría decir que fue el primer proyecto de largo aliento de esta señora actriz llamada Linda Peretz.

En 2000, ya había estrenado el unipersonal No seré feliz pero tengo marido, texto de Viviana Gómez Thorpe adaptado y dirigido por Manuel González Gil. Aquella primera función fue en el Multiteatro, una de las tantas salas de Carlos Rotemberg (quien, para aquellos tiempos, era su marido). Con el paso del tiempo, mucho, se convirtió en el otro proyecto de larga, larguísima, vida. De hecho, como se verá más adelante, sigue vivo.

En otro plano, Linda Peretz siempre fue una militante del perfil bajo. "Estoy todo el día con el trapito en la mano repasando cada rincón de la casa", reconoció hace unos años en plan ama de casa obsesiva. Otra vez, también hace tiempo, dijo: "Siento que no soy de la farándula. Yo soy más de puertas adentro. Y, en casa, tengo mis propios espacios, soy de encerrarme mucho. Y me hace bien pintar... y pintarme". La pintura es otra de sus vocaciones. De hecho, alguna vez hizo un enorme mural en la fachada del Multiteatro.

No seré feliz pero tengo marido pasó por Madrid, Barcelona, México, Miami, Caracas, Bogotá y Montevideo. En el DF, por ejemplo, hizo cuatro temporadas. En Madrid, la noche del estreno algunas feministas protestaron en la puerta en reacción contra el título de la obra.

Y, claro, hizo muchas funciones en Buenos Aires, y sus alrededores y más alrededores de los alrededores. En un lado como en los otros, el unipersonal ya superó los 500.000 espectadores. Como es de imaginar, en todo este tiempo pasó de todo. De hecho, una noche, en el momento en el cual el personaje se mete con el fútbol y empieza a nombrar a todos los campeonatos que se realizan en el año, dos señores de la platea se largaron a discutir frente al asombro de las mujeres y de la propia Linda. Para zafar de la situación tuvo que intervenir el personal de sala.

No seré feliz pero tengo marido cuenta la historia de una tal Viviana, una mujer que carga con 27 años de matrimonio, que se dispone a revisar su vida. Linda ha confesado que el mayor desafío de esta propuesta es lograr que su personaje siga siendo espontáneo. El desafío está planteado, nuevamente, como tantas otras veces, como en tantas otras oportunidades en las que esta ex flaca escopeta que hizo cine junto a Sandro o bajo la dirección de Leopoldo Torre Nilsson decidió calzarse al hombro a este personaje y la variedad de situaciones que plantea.

"Estar arriba de un escenario es sanador, es desintoxicante. El trabajo del actor tiene magia, es estimulante, es como encender la chispa creativa. Y el mayor desafío de volver a hacer la obra es hacerla como si fuera aquella primera noche", dice ahora, desde su casa. Aquella noche en la que comenzó todo esto, seguramente, nadie pensaba que la historia de esta tal Viviana iba a tener tantas horas de escenario. Sin embargo, acá está.

La nueva vuelta de No seré feliz... será a partir de esta noche. Hará funciones de miércoles a domingo. ¿Dónde? En el Multiteatro, donde comenzó toda la historia de esta verdadera maratonista del teatro.

Fuente: La Nación

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