viernes, 18 de octubre de 2013

El viaje de Hervé

La belleza en un rincón

Todos los sábados al atardecer, Hervé reinicia su viaje en la bellísima sala Querida Elena. Mientras los espectadores se acomodan, Hervé, su titiritero y una mujer esperan su momento. Primero enmarcan el relato; luego, nos guían hasta un sitio en el que el árbol abriga a los pájaros de papel y en el que la enredadera sirve de marco al pequeño Hervé sentado, con la impronta de la espera que sólo puede inscribirse en los seres inanimados. Allí conviven las luces propuestas por el hombre con las que proporciona el ocaso.

A un costado, en el juego entre lo visible y lo oculto, el músico hace magia. Y en la misma línea que el relato, se conjugan el presente y el pasado de los sonidos. La historia es, como resulta evidente, la de un recorrido que se produce en el espacio y en el tiempo. Quienes conozcan Seda , de Alessandro Baricco, no conocen sin embargo El viaje de Hervé . Porque el relato del viaje y sus razones y sus consecuencias son una pequeña parte de la totalidad.

Con la lógica de las cosas íntimas se articula un espacio reducido. Los espectadores-testigos se asoman a este delicado universo a escasa distancia.

El muñeco sin rostro navega en un mar de tela. El titiritero le presta sus manos y sus gestos. Valijas, tazas de té, telas, pájaros de papel convierten lo narrado en poesía.

Hervé viaja hacia lugares concretos en un mapa (aunque le venden los ojos en los últimos tramos del camino) y nos hará viajar con él para mostrarnos cómo cabe la belleza en el rincón inesperado de una escena.

Fuente: La Nación

Sala: Querida Elena, Pi y Margall 1124 / Funciones: sábado, a las 18

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