viernes, 27 de septiembre de 2013

María Fernanda Callejón: La mujer de los huesos de pájaro


"Estoy en una búsqueda constante"

La actriz encarna a Alejandra Pizarnik en una obra que dirige Eduardo Román. El cambio que vivió su carrera luego de que dejó la revista: "Colgué los guantes", afirma.

Cuando tenía siete años, María Fernanda Callejón veía siempre el mismo programa durante la merienda. Se quedaba helada cuando escuchaba los pianos dramáticos que aparecían en la novela Papá Corazón, cada vez que ingresaba esa nena rubia, con el pelo atado en una cola larga y que decía frases como "en esta vida no hay como ser discreto". Y ella, en su casa, lo único que pensaba –mientras agarraba la taza con leche caliente– es: "Yo quiero ser así. Yo quiero ser como Andrea del Boca."
"Mi sueño era ser ella", dice la mujer que fue seis veces tapa de la revista Playboy, pero que de esa etapa exhibicionista sólo conserva la sensualidad que la volvió tan popular, aunque tenga un abrigo que le tapa hasta el cuello. Así que esa nena de siete años, que soñaba con ser una actriz dulce y popular, se volvió una bomba sexy, sin problemas para desnudarse en revistas o en el teatro. Y ahora, cuando ya pasa los 45, se encuentra absorta en una carpetita de madera, donde lleva toda la investigación que hizo sobre la vida y obra de la escritora Alejandra Pizarnik. Entre la vedette y el teatro de culto, pasaron 29 años de carrera y, ahora, su agencia de prensa anuncia de esta manera su último desafío artístico: "María Fernanda Callejón es Alejandra Pizarnik en La mujer de los huesos de pájaro", un unipersonal escrito por Eduardo Román.
Unos días antes de estrenar, la transformación de la actriz a la poeta parece intensa: esta morocha se cortó el pelo igual que Pizarnik, se encerró en su casa, entre libros e Internet, para leer toda la información que hay disponible sobre la intensa y corta vida de la escritora; se pasó días revolviendo en el Mercado de Pulgas para encontrar la ropa más parecida a la que ella usaba, escribió todo el texto de Eduardo Román con su letra –porque era la forma en que Pizarnik trabajaba sus obras–, se juntó con familiares de ella, que todavía viven, y con un íntimo amigo de la autora de Árbol de Diana: el también artista y referente del under porteño, Fernando Noy. Él le dijo algo que todavía la emociona: "Me dijo que no pudieron haber elegido a una mejor actriz para interpretar a Alejandra. Me da vergüenza decirlo, pero a la vez me emociona. Me da orgullo, porque era su amiga del alma. Y creo que es absolutamente lo opuesto a mí, pero a su vez tenemos mucho en común. Siento que Alejandra (Pizarnik) está en mi cuerda", dice.

–¿Qué te conmovió de la vida de Pizarnik?
–Cuando leí el guión, me enamoré de la obra. Si bien sabía quién era Alejandra, debo confesar que no conocía su historia de vida y todo lo que había sucedido y pasado en torno a ella. Hice una exhaustiva investigación del personaje y me enamoré de Pizarnik. También me di cuenta de que ella tiene una élite de personas que la aman. Es una mujer que se exilió en los '60, en París, no por cuestiones políticas, sino porque sentía que no era de ningún lugar. En París la amaron, en España hoy reeditan toda su bibliografía y en nuestro país fue muy olvidada. Pizarnik estaba encerrada en su propia libertad. No podía contar mucho de su vida porque estaba limitada por la época. Era una mujer muy libre, muy de avanzada, abanderada de la diversidad en la década del '60. Ella fallece muy jovencita, a los 36 años, se acaban de cumplir 42 años de su muerte y recién ahora se puede hablar de la diversidad con mayor liviandad y sin tanto tabú. Entonces pienso: ¡qué visionaria!, ¡qué de avanzada!, ¡qué espíritu vanguardista! Elegí este proyecto porque a mí me encantan los desafíos. Es mi primer unipersonal. Hacía mucho tiempo que estaba buscando interpretar a una mujer argentina: creo que Alejandra me eligió a mí.
–¿En algún momento decidiste cambiar el perfil de tu carrera?
–No, todo se fue dando naturalmente. Voy a cumplir 29 años de carrera. Tuve grandes bisagras, como la película Sofá Cama (ver recuadro). Transité por todos los espacios y por todos los géneros, para mí no hay géneros menores. Estoy en una búsqueda constante. Esta profesión no tiene techo y creo que este momento es un peldaño más, de mi humilde aspiración, que es llegar a ser una gran actriz. Ese es mi sueño. Tengo todavía un gran camino para recorrer. Tal vez haya un prejuicio por mi historia de carrera, que no es igual a otras.
–No arrancaste con Shakespeare en el San Martín
–No. Arranqué exactamente al revés. Arranqué en la revista y estoy muy orgullosa de eso, porque ahí me formé, fueron 15 años, y en épocas muy difíciles, cuando la revista era la revista, no lo que es ahora. Cuando era una escuela realmente.
–¿Tuviste que afrontar muchos prejuicios?
–He luchado tanto al principio contra el prejuicio que, la verdad, ya no me preocupa para nada. Si lo tienen conmigo, no me hago cargo. Una vez, un director me convocó para el Cervantes, pero bueno, todavía no me han dejado llegar. De todos modos, uno sabe, se da cuenta cuando te están cerrando una puerta… Pero ya no existe más esto del prestigio. Desde que el Martín Fierro se entrega en el Colón, ¡no me jodan! El prestigio está si uno se compromete con lo que hace, lo podés hacer en cualquier lado y en cualquier sitio. Depende de la facilidad que tengas para nutrirte, aprender. Yo crecí aprendiendo de los más grosos.
–¿El medio aceptó que podés ser una actriz dramática?
–Hace poco un periodista me dijo: "¿Ahora te considerás una actriz seria?" La realidad es que yo siempre fui muy seria para trabajar. Desde muy pequeña tengo esta vocación, y que se haya dado al revés no significa que no la tenga. La vedette y la actriz convivieron durante muchos años. Pero me retiré de la revista a tiempo, encabezando en la calle Corrientes, muy exitosa, con un físico increíble. Me retiré bien, feliz. No me veía muriéndome en ese género, no me veía a esta edad en bolas en un escenario. No tengo prejuicios para nada, ¡sería el colmo!, pero se me terminó el alma exhibicionista, lo disfruté y pasé a otra etapa. No es que dije "ahora me vuelvo una actriz seria". La única decisión concreta que tomé fue que me bajé de la revista, luego de estar 15 años, colgué las plumas. Trabajé con todos. Hacer de vedette fue mi mayor actuación. Porque yo no tenía la menor idea de qué era eso.
–¿Y por qué empezaste como vedette?
–Yo me vine de Córdoba a estudiar con Agustín Alezzo, ese era mi sueño. Pero a los 15 días me prueban para una audición, quedé y nunca más paré. Pude llegar a estudiar con Miguel Guerberof (reconocido director teatral). Él me decía: "Vos tenés que hacer Macbeth, pero tenés que venir más seguido a las clases." Pero yo ya estaba trabajando en Telefe, grabando todo el día. Cuando algo uno no lo puede hacer en su momento, ya no lo puede hacer más. Hoy no me metería en un conservatorio. Pero sí intenté formarme: leí mucho, investigué. Yo soy una autodidacta. Todavía me falta un montón por aprender. Creo que técnicamente me pueden faltar muchísimos recursos, pero tengo otros, que son de la escuela de la vida. Eso es actuar. Yo no hago memoria emotiva, recurro a lo que transité, a lo que pude observar en profundidad.
–¿Qué cosas observaste?
–Yo miro a la gente que admiro. Al principio, fue muy difícil que creyeran en mí. Pero pude trabajar con Oscar Martínez, que es mi actor favorito del mundo. Tenía 14 años cuando vino a actuar a Carlos Paz y quedé enamorada con esa forma de actuar. Cuando me tocó actuar con él en El hombre, y lo vi llegar al estudio con esa seriedad, casi me muero… se me salía el corazón de la boca. Me pasó lo mismo con Andrea del Boca, y con ella pude hacer Tiempo de pensar y Gladiadores de Pompeya. Yo de ellos miro todo: cómo respiran, cómo leen, cómo agarran un libro, qué ejercicios hacen y para qué cosas, pero sobre todo, cómo son ellos como personas.

"La Callejón" se despide para el ensayo y enseguida avisa del cambio corporal que hizo la ex vedette para volverse Alejandra Pizarnik: bajó de peso para mostrar su cuerpo "anfetamínico", encorva su espalda porque, dice, "Alejandra siempre estaba metida para adentro", intenta imitar su voz según el único audio que encontró de la autora y arrastra los pies, porque así caminaba ella. Habrá que ir a ver si sucede esa transformación.   «

una amistad que nació en los estudios
Para María Fernanda Callejón, una de las bisagras de su carrera es la película Sofá Cama, una comedia dramática estrenada en 2006, dirigida por Ulises Rosell y en la que actuó junto a Cecilia Roth.
"Cecila es hoy mi hermana de la vida. ¡Lo que me costó bajarla a tierra! porque para mí es la actriz mas proyectada del país. Cuando la empecé a conocer, no podía creer lo parecidas que éramos en un montón de cosas. La gente decía '¿qué hacen juntas? ¿Cómo puede ser?'. Y ella es de una generosidad y es una mujer tan amorosa, tan sensible, tan nosotros y tan humana. Yo hice un casting de cinco horas para quedar en Sofá Cama. Me lo gané solita, laburando. Soy una gran trabajadora de esto. Me gusta mucho trabajar", reconoce.


La vida de Pizarnik
Sobre la obra. "Es la primera biografía no autorizada en teatro de Alejandra Pizarnik", dice Callejón sobre la obra La mujer de los huesos de pájaro. En la puesta, se busca que, en la ficción, Pizarnik vuelva para confesar sus pasiones: la poesía y el sexo. Sus amores: los carnales y los imaginarios. Su humor inocente y su ironía constante. El dolor y el desgarro por no coincidir con los mandatos sociales de la época. Su vulnerabilidad ante la realidad y su acercamiento y coqueteo con la muerte, como una amiga íntima. "El texto es un relato de su historia de vida. Desde su niñez, pasa por su adolescencia, por Alejandra adulta y hay varias 'Alejandras', porque ella sufría de bipolaridad declarada, principio de esquizofrenia, manipulaba anfetaminas desde los 13 años. Era brillante, pero caótica. Se habla de su bisexualidad, porque ella era muy promiscua en su vida sexual. Y muy tierna y pasional también", cuenta. La actriz destaca que, a pesar de los momentos oscuros de la vida de Pizarnik, la obra no es un "texto oscuro o denso" y define: "Esta obra está escrita de una manera, que atraviesa a Alejandra y se convierte en la historia de una mujer. Simplemente eso. Con sus debilidades, virtudes, su brillantez, sus decepciones, con las cosas que le marcaron la vida y la niñez. No es una obra densa, es una obra abordada desde la luz, pero que sí habla de la oscuridad."

Fuente: Tiempo Argentino

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