jueves, 5 de septiembre de 2013

Hugo Urquijo: Antílopes


El Mankell teatral se descubrirá con “Antílopes”

Por primera vez se estrena en la Argentina una obra teatral del escritor sueco Henning Mankell, famoso por la serie de novelas del detective Kurt Wallander en las que denunció el creciente racismo que sacude a su país. Menos conocido como dramaturgo pese a haber escrito alrededor de treinta títulos- Mankell vive seis meses del año en Suecia, donde colabora con su mujer Eva (hija de Ingmar Bergman y reconocida directora teatral) y seis meses en Mozambique, al frente del Teatro Avenida de la ciudad de Maputo.

Su compromiso con la realidad africana quedó plasmado en varias de sus novelas y en su pieza dramática "Antílopes", que subirá a escena mañana en el Centro Cultural de la Cooperación, dirigida por Hugo Urquijo y Graciela Dufau. Integran el elenco Ingrid Pelicori, Mario Pasik y Diego de Paula. La escenografía es de Eugenio Zanetti.

"Mankell siempre fue muy jugado ideológicamente", informa Urquijo. "Cuando vino a abrir la Feria del Libro en 2009 dijo que escribía policiales para hablar del racismo y también contó que durante los años de dictadura militar se negó a visitar la Argentina".

Periodista: ¿Conocía su obra teatral?

Hugo Urquijo: No. Graciela Dufau descubrió en una nota que era dramaturgo. Ya habíamos leído muchas de sus novelas suyas entre las que recomiendo "Tea-bag" y "El ojo del tigre", y quisimos conocer su obra dramática. Entre las piezas traducidas al inglés elegimos ésta. Tiene una sobre el fotógrafo Robert Cappa y otra sobre un supuesto encuentro entre Darwin y Alexander Von Humboldt.

P.: ¿Qué nos puede anticipar de "Antílopes"?

H.U.: Tiene una estructura de cajas chinas que se influencian mutuamente. La primera cajita tiene que ver con la crisis de un matrimonio que ha venido a Africa con la misión de perforar cuatrocientos pozos de agua. Después de 14 años sólo están funcionando tres de esos pozos. Es el último día en Africa de esta pareja y ambos esperan con ansiedad la llegada de su reemplazante. La relación conyugal quedó muy afectada por el afuera y por el contexto social. Eso se ve escénicamente, porque la casa de ellos es como un bunker en el que viven atrincherados por miedo a que los asalten o los matasen. Esa misma paranoia se ha ido instalando en el interior del vínculo. Ella desconfía de su marido y hay muchos reproches, dobleces y malentendidos de ambos lados. Desde la puesta hemos marcado esa tensión con el afuera, donde obviamente ocurren algunos hechos de violencia, y en la relación con los criados.

P.: ¿Por qué fracasó la misión de esta pareja?

H.U.: Entre otras cosas, por la corrupción y el desvío de fondos. Hay una referencia al dinero que aportan varios gobiernos. Estos fondos tienen un breve recorrido por Africa y luego vuelven a las cuentas en Suiza. Es una obra política y psicológica que se desarrolla a un ritmo vertiginoso. Dura apenas una hora y diez.

P.: Y se denuncian hechos muy concretos.

H.U.: Así es. En una escena, el marido habla de las fiestas que organizaba el Banco mundial: "con viejas bañadas en joyas y en pieles que preguntaban: "¿Cómo es vivir en África? Debe ser fascinante. Dicen que en la noche se escuchan los tambores". Y él responde: "No, no son tambores. Son los martillazos de los carpinteros que clavan los ataúdes de sus hijos que han muerto desnutridos".

P.: ¿Mankell se inspiró en alguna experiencia propia?

H.U.: Sí. Él contó que cuando vivía en Zambia, hace más de 20 años, cenó en casa de unos suecos expertos en ayuda humanitaria que llevaban una vida de lujo. Al final de la cena se dio cuenta de que sus anfitriones no habían mirado ni una sola vez a sus criados negros, como si estos fueran invisibles. Mankell reniega de estos "expertos" que llegan a Africa con respuestas cuando sólo deberían tener preguntas y una mejor escucha. Según él, estos europeos viven aislados de la realidad africana sin poder implicarse en ella, porque le tienen miedo a la gente que deberían ayudar.

P.: ¿La obra trasciende los hechos que narra?

H.U.: Así es. No trata sólo sobre Africa, enfoca realidades que nos afectan a todos. Cuando el marido dice: "Estos negros de mierda me odian", utiliza una frase que acá en la Argentina también se escucha mucho. Cuando el matrimonio habla con una de sus sirvientas, es como si dialogaran con un fantasma. Por eso Mankell decidió que los personajes negros de la obra fuesen invisibles. La metáfora es clara y nosotros, los argentinos, sabemos muy bien lo que es una relación de servidumbre y lo que es invisibilizar la pobreza y la exclusión.

Fuente: Ambito

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