miércoles, 18 de septiembre de 2013

Carta al padre

Kafka: sensible lamento filial

A los 36, ya enfermo de tuberculosis y siete años antes de morir en 1924, Franz Kafka escribe a su padre la famosa Carta.. . No más de 50 páginas manuscritas que pide en vano a su madre que las entregue. El autor de El proceso y otras obras maestras manda entonces la densa y larga misiva a Milena Jesenská -notable periodista y ensayista, con la que mantuvo una apasionada relación epistolar durante dos años- en la que le pide que la guarde. El destinatario, Hermann Kafka, nunca leyó esa carta, aunque sobrevivió varios años a su genial e incomprendido hijo. Carta al padre se publicó recién en 1952 y así no sólo quedó incorporada a la obra de Franz, sino que para muchos estudiosos aporta claves para comprender mejor el universo kafkiano.

Dennis Smith y Mariano Dossena eligieron este material en extremo sensible para llevarlo a escena, traduciendo, adaptando y haciendo un recorte que se concentra en la relación padre-hijo, aunque de soslayo es mencionada la madre (sus mimos) y algún pariente. La Carta... ya ha sido versionada para el teatro en varios países: este año, sin ir más lejos, estuvo en cartel en París, en una puesta de Jean-Quentin Châtelain. Sin embargo, según se anuncia, es la primera vez que se representa en Buenos aires.

Ciertamente, se trata de una pieza literaria con los requisitos de un clásico en cuanto a universalidad y vigencia a través del tiempo. Dossena director y Smith actor proponen un enfoque intimista y confidencial de los fragmentos seleccionados, como si la carta se fuese pensando y escribiendo de cara a los espectadores, haciéndolos depositarios de la requisitoria, mirándolos directamente a los ojos en muchas oportunidades. Se trata de una de las soluciones escénicas más comprometidas que ofrece esta puesta, ya que no se trata aquí de espiar las secretas congojas de un hijo malquerido, sino de volverse partícipes de esa aflicción lancinante que recorre el texto. Sólo hay subidas de tono y cierto énfasis en la interpretación cuando habla el padre. Es decir, cuando Franz lo cita o pone presuntas respuestas en su boca.

Ésta es una compleja carta de amor y odio, de elogio y denostación; una suerte de pase de facturas de toda índole por parte de este hijo que en resumidas cuentas está rogando por una demostración concreta de cariño que lo salve de la desolación, implorando ser valorado y reconocido como persona por este patriarca despótico y arbitrario, pero abrumadoramente saludable y vital, en todo opuesto al perfil de su hijo. Si bien el propio escritor le confesó a Milena: "Es la carta de un abogado, con todas sus astucias", también hay que decir que, sin caer en la autocompasión, Kafka intenta abrir su corazón por escrito, ya que no se atreve a hacerlo personalmente, bloqueado por el temor que le inspira ese progenitor terrible.

"Escribir en una forma de plegaria", anotó alguna vez FK, y la actuación de Smith tiene en algunos tramos algo de rezo, de súplica que se desgrana desde un antiguo sillón Bergère de orejas, en esa sala interior de un señorial edificio de los años 30 que conserva algo del esplendor de antaño. Aunque rubio y de ojos claros, Dennis Smith, bajo las luces de tonos sepia, sobriamente vestido, encarna la fragilidad física, el pudor y el dolor, el humor soterrado de ese hombre joven que no ha podido romper la dependencia, incapaz de hacerse cargo de los aspectos prácticos de la vida. Pero que a la vez supo ser un brillante estudiante de Derecho, viajó, se interesó profundamente en las artes, tuvo varias novias y maravillosos amigos que su padre desaprobó puntualmente. Y que por las noches, después del horario de oficina en compañías de seguro, al decir de Borges, "transmutó las circunstancias y agonías en fábulas, redactó sórdidas pesadillas en un estilo límpido".

Fuente: La Nación

Sala: La Comedia/ Funciones: viernes, a las 2

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