martes, 2 de julio de 2013

Carlos Almeida: La vida es sueño


Una magnífica versión en títeres de "La vida es sueño"

La Compañía de Titiriteros de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) está presentando en el teatro El Cubo "La vida es sueño", una extraordinaria puesta de títeres para adultos con dirección y versión de Carlos Almeida.

La obra, versión libre del clásico de Calderón de la Barca, que se está presentando todos los jueves a las 20 en la sala teatral de Zelaya 3053 del barrio del Abasto, ya realizó dos giras por Europa mientras prepara una tercera para septiembre de este año.

Además ganó 6 premios internacionales, entre ellos el máximo del Festival de Almagro, de España, el más prestigioso encuentro de dramaturgia clásica de la Península Ibérica.

Creación de la Compañía de Titiriteros de la UNSAM, que dirige Almeida, esta versión de "La vida es sueño" propone seis actores titiriteros sobre el escenario, con títeres de cabeza para los distintos personajes (el príncipe Segismundo, el rey Basilio, el lacayo Clotaldo, entre otros), en un ambiente y unas criaturas que se construyen a partir de un lienzo de polietileno que se infla y se moldea con el cuerpo de los actores y que adquiere distintas dimensiones según los momentos dramáticos de la obra.

"El origen de esta puesta está en una foto de un preso de Guantánamo que me remitió a la intolerancia practicada sobre la vida del príncipe Segismundo en `La vida es sueño`", encarcelado desde su infancia para prevenir una serie de males que podrían desencadenarse sobre el reino según un vaticinio de los astros, cuenta Almeida a Télam.

"Esta idea de que las grandes verdades que muchas veces el hombre se empecina en sostener llevan a grandes calamidades fue el germen que me remitió a esta obra de Calderón, escrita hace 400 años (1635) y descubrí en ella una inmensa vigencia para hablar de los problemas de hoy, además de tratar con gran visión y profundidad el conflicto del padre y el hijo a través de la relación entre Basilio y Segismundo", detalló el director.

Integrante a lo largo de más de 20 del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín y discípulo de Ariel Bufano y el francés Philippe Genty (mago del teatro de objetos a nivel mundial), Almeida destacó también que esta versión de teatral es posible por haberse realizado en el marco de una unidad académica.

"En la UNSAM tenemos una unidad académica de artes con tres carreras escénicas: diplomatura en danza, en circo, y en títeres y teatro de objetos, que tienen a su vez compañías integradas por docentes, alumnos y egresados, esto genera un intercambio de saberes y experiencias muy interesante", remarca.

"Por un lado, porque se crea una dinámica nueva, particular respecto de las compañías oficiales o comerciales donde la universidad ofrece un lugar donde uno puede investigar propuestas y lenguajes, trabajar en la cornisa y saltar sabiendo que hay una red de contención", asegura.

Con una interpretación notable, un diseño de títeres de la artista plástica Florencia Salas y realización de Roberto Docampo, junto a una muy efectiva iluminación de Julio Reynoso, la obra sostenida en un texto granítico, nos sumerge en un mundo extrañado y de a momentos fantasmal, donde los títeres asumen dimensiones y profundidades que varían y conmueven para un relato de fuerte impacto subjetivo.

"En el teatro de actores los límites del personaje coinciden con los límites del cuerpo del actor, en cambio en el teatro de títeres los límites del personaje pueden tomar cualquier tipo de dimensión y responder a cualquier tipo de imagen absurda y dislocada en referencia a lo antropomórfico; este cambio es un immenso potenciador de la fuerza dramática", relata Almeida.

El director, que con la Compañía del la UNSAM ya armó una nueva puesta titulada "Trasiegos" y basada en un libro de poemas, destaca que el de objetos "es un teatro donde nada está absolutamente definido y cada uno tiene la posibilidad de imaginarse el mundo que quiere a partir de esas figuras que se van armando sobre el escenario".

"El apareamiento entre una estética de la materia prima (el polietileno) con un texto clásico y con un trabajo de composición de los personajes con una cabeza monstruosa entre pájaro y perro donde los rasgos están exacerbados (el títere), y el resto de la composición del cuerpo del personaje, construido con el mismo cuerpo del actor o de varios actores tienen la capacidad de penetrar en nuestra percepción de una manera muy particular", detalla Almeida.

"Todavía existe el prejuicio de que los títeres son solamente para chicos pero son muy profundos los alcances que adquieren determinados objetos, como los religiosos, por ejemplo, y el modo como intermedian entre un sujeto (titiritero u oficiante) y otro que lo está percibiendo; ese objeto toma una dimensión que descoloca y que permite navegar hacia paisajes interiores quizás difíciles de abordar desde lugares más convencionales", señala.

Consultado sobre la actualidad del teatro de títeres en la Argentina, dice que aún con una historia corta se está generando un cambio muy importante.

"Tenemos una historia corta que arranca con los titiriteros sicilianos cuando llegan a La Boca y hacen sus obras de "puppi", donde se los encuentra Javier Villafañe; luego viene Lorca en la década del 30 y hace sus funciones de títeres en el teatro Avenida, donde también está Villafañe, que luego trabaja con Ariel Bufano, que después arma la compañía del San Martín", relata.

"Ese grupo -continúa- desarrolla una escuela muy importante y lo que está pasando ahora es también inédito y marca una línea de crecimiento; el hecho de que el títere llegue a la universidad y haya una instancia de formación académica en teatro de títeres y objetos, empieza a generar una producción y la proposición de ideas nuevas que apunta hacia un cambio importante".

"La vida es sueño" se puede ver todos los jueves de julio a las 20 en el teatro El Cubo (Zelaya 3053).

Fuente: Télam

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