jueves, 6 de junio de 2013

Vacaciones en la oscuridad


Entre la sombra y la luz

Un matrimonio, frente a la rutina y un triángulo amoroso.

“¿Por qué ponés esa cara?”. Susan (Victoria Almeyda), ya está lista para la clase de baile de salón. Su jogging viejo y descolorido contrasta perfectamente con el atuendo pulcro y elegante que lleva su marido. Con la intención de superar la típica crisis de un matrimonio de 10 años, a los que la monotonía ha afectado, Boris (Diego Velázquez) tiene la magnífica idea de que el baile les va a ayudar a superar sus problemas y traer nuevas sensaciones.

Emoción, humor, y una excelente fusión de música, danza y teatro, es lo que este original espectáculo -entre el melodrama y la comedia-, transmite a los espectadores, sorprendiéndolos con este “nuevo género” de teatro en movimiento. Con un ritmo intenso -cada diálogo, gesto y desplazamiento, está meticulosamente estudiado y acoplado a la música-, da la sensación de estar presenciando una película.

Boris y Susan llegan a la clase de baile, donde los espera Katia (Julieta Vallina), la atractiva profesora que completa este triángulo amoroso. “Bailar te cambia las ideas”, les dice la bailarina. Seducido por sus encantos, el alumno queda inesperadamente a solas con Katia, quien le incita a seguir con la clase. “Déjate llevar”, y así, al compás de la música (a cargo del compositor, pianista y arreglador Pedro Onetto) da lugar la pasión de dos almas mutuamente necesitadas, que concretan el acto sexual a través de un baile con movimientos innovadores, paralelos, delicados y cómicos, llegando al momento cumbre de éxtasis.

Evidentemente esto no termina ahí, y la profesora -una frustrada en el amor-, le exigirá, como tercera en discordia, que deje a su mujer para estar con ella.

El momento de mayor potencial actoral y musical, llega con la actuación de la engañada, Susan, quien imitando una suerte de “tragedia griega”, parece haber recibido la peor de las noticias. Su cuerpo desenvuelto y ágil recorre el espacio con una destreza increíble, engrandeciendo movimientos y gestos, sin resultar exagerados o cargados. La música es penetrante, consiguiendo la teatralidad necesaria para el suceso ocurrido. Pero para sorpresa de todos, su alocada reacción no se debe a la confesión de su esposo, sino que en el intento de contarle la verdad, Susan tiene un “extraño” accidente” y queda ciega.

A partir de ahí la historia cambia, y lo que parecía el peor de los momentos, se transforma en una nueva forma de percibir la vida, las relaciones y el sexo.

Con muy buena formación en canto, baile y actuación, los tres protagonistas de esta historia logran consolidar esta trama, que vuelve a juntar al trío artístico El Descueve, del cual Ana y Carlos fueron dos de sus fundadores (1990), y al que más tarde se agregó Daniel, conformando una sociedad artística a la que bautizaron “Le dije que sí”.

Fuente: Clarín

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