miércoles, 26 de junio de 2013

Othelo


Shakespeare en tono burlesco

Dijo un crítico que la obra de Shakespeare es tan grande que resiste cualquier versión y adaptación, aun las que se presentan en formato de clown. Esto es lo que propone Gabriel Chamé Buendía con esta puesta que se sostiene por el tono burlesco de la tragedia shakespeariana.

Con cuatro actores, especializados en el teatro físico y gestual, se recrean las acciones de este drama de intrigas, celos, traiciones, racismo, instalado fuera de época y con recursos anacrónicos, como lo es la cámara de video que proyecta la acción en escena en una pantalla o algunos términos o referencias que corresponden al momento actual.

En una puesta totalmente despojada de realismo cotidiano, el juego corporal y algunos elementos, muy efectivos para la resolución escénica, se combinan para componer un lenguaje físico.

El drama se presenta en una forma paródica donde el texto, resumido pero fiel al original, y la tensión dramática se combinan con los juegos de palabras y los gags cómicos, que neutralizan la faceta siniestra de la tragedia e inevitablemente conducen al humor y a la carcajada.

En este resultado mucho tiene que ver, por supuesto, la actuación de los cuatro intérpretes, que, a falta de un reparto en el programa de mano, no se pueden distinguir, a excepción de Julieta Carrera, que por ser la única actriz es fácil reconocerla, tanto en la piel de Brabancio como en la de Desdémona.

El resto de los personajes: Otelo, Yago, Rodrigo, Casio, Emilia, el Dux de Venecia y algún otro, que son interpretados por los tres actores, uno de ellos tiene a su cargo cuatro personajes, instancia que denuncia en la escena saliendo de la representación. Aun con cambios de vestuario, pelucas, apliques, accesorios, el ritmo que imprime la dirección facilita que la acción no se vea interrumpida. Se suma a la practicidad la sola utilización de cubos, tres mesas, una carpa de montaña y telas elásticas de múltiples usos.

El vestuario, que escapa de los diseños habituales y se plantea con mucha imaginación, se acerca más a los lineamientos actuales, con algunos detalles graciosos.

Cabe señalar que la actuación de todos es valiosa y se pueden destacar la articulación y la proyección de voz que emplean los actores, sobre todo el protagonista, que le permite al espectador escuchar el texto con claridad y sin necesidad de amplificadores, los que señala la calidad de los intérpretes.

La mano del director se percibe detrás de cada movimiento, de cada gag, y no se puede negar la eficiencia en la marcación de una cadencia que genera una dinámica acertada.

Fuente: La Nación

Sala: La Carpintería / Funciones: jueves, a las 21, y viernes, a las 20

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