lunes, 3 de junio de 2013

Limbo Ezeiza

Los tironeos por papá Perón

A 40 años de la masacre de Ezeiza, esta tragicomedia de Jorge Gómez reflexiona sobre la atomización del peronismo.

Dos hijos esperan a un padre ausente desde hace muchos años. Pero cuando el jefe de la familia vuelva, lo hará acompañado por un misterioso hombre, un tal Daniel, que de a poco irá aumentando su influencia sobre él. Y el tan ansiado regreso no será como los hijos habían imaginado.

Esta es la alegoría que el dramaturgo e historiador Jorge “Pelé” Gómez eligió para abordar, a 40 años de la masacre de Ezeiza, el retorno definitivo a la Argentina de Juan Domingo Perón y los sangrientos sucesos que se desencadenaron a partir de entonces. Pero la obra transcurre en un tiempo incierto (el limbo) y un clima tragicómico imprescindible para digerir un tema de semejante densidad. Ese tono está dado desde el vamos, con la excelente escenografía ideada por Norberto Laino, que recurre a gran cantidad de íconos peronistas para adornar ese living futurista, incluyendo un pasadizo encubierto por un cuadro de Evita, un aparato dotado de dos manos a modo de joysticks y una gran V con micrófono incorporado para dirigirse a las masas. Las ingenuas canciones de Leonardo Favio -conductor del acto ese 20 de junio de 1973- completan el panorama.

En este contexto, entre costumbrista y de ciencia ficción, vemos a un Padre/Perón (muy buen trabajo de Norberto Trujillo) vivo gracias a la criogenización, algo errático pero todavía carismático, tan preocupado por resolver los asuntos de la familia como por encontrar a su papagayo perdido. Con su discurso esotérico -un texto de gran densidad poética-, Daniel (Rubén Parisi) irá alejando del lado del padre a la imberbe Victoria (Cecilia Ursi) y disponiendo de los buenos servicios del otro hijo, José (Eduardo Peralta). Y así, la familia tomará un camino tortuoso.

Fuente: Clarín

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