sábado, 8 de junio de 2013

Fauna


Caminos que llevan a Fauna

Fauna de Romina Paula -ese personaje que murió, pero que un director de cine y una actriz quieren llevar a la pantalla- era una feminista, una mujer potente y vulnerable, una joven (alguna vez todos lo fuimos) que se vestía de hombre para poder ingresar en los lugares a los que las mujeres no podían acceder. Era una mujer que avanzaba, una mujer mítica que se movía en medio del Litoral mientras recitaba poemas de Rilke. Era una mujer en la que se conjugan fuerzas que los personajes, ahora en escena, intentan recrear con suertes diversas.

En ese intento, quienes terminan hablando del teatro (o del arte de la representación en sí mismo bajo un manto de citas) son el cineasta y su actriz. Ambos llegan a ese pueblo para encontrarse con dos de los hijos de Fauna con el objetivo de rearmar sus pasos, sus recorridos, o lo que cada uno cree haber vivido o interpretado de esa mujer que, alternativamente, podía ser llamada Fauna o Fauno. Claro que en el proceso de (re)construcción de ese relato ficcional testimonial, como si fuera una gran trampa, el mundo de lo real termina desnudando sus propias contradicciones.

A medida que avanza el relato escrito por Romina Paula (y también dirigido por ella) Fauna, así se llama la propuesta, toma las diversas formas de la rudeza y la ternura, de lo femenino y lo masculino, de lo salvaje y lo erudito, de lo literario y lo teatral, de lo telúrico y lo urbano. ¿Cómo es contar una vida? ¿Qué es amar? ¿Cómo es amar sin la necesidad de andar reparando en la sexualidad del otro? ¿Qué es ser mujer? Algunas de preguntas quedarán deambulando por ahí. En ese preciso deambular, la propuesta va tomando forma. A veces los personajes exponen sus planteos con un grado de rigurosidad implacable. Como cuando el de Pilar Gamboa, la actriz que quiere hacer de Fauna, se pregunta: "¡Quiero ser padre y concebir hijos lejos de mí, hijos que ni sé que existen o saber, pero sin necesidad de -todo el tiempo- ver!"

Ese monólogo es impecable. Por elevación, tiende lazos con esa precisa lógica "bartlebiana" (el escribiente) que el personaje de la misma Gamboa machacaba bajo una razonamiento discursivo impecable en El tiempo todo entero , el anterior trabajo de este grupo. Fauna tiene más capas que aquel trabajo y es más literario (la misma Romina lo dijo en entrevistas previas al estreno). ¿Será ése carácter narrativo que hace que, al principio, el ritmo se torne más farragoso y que el humor esté casi escondido? Probablemente con la llegada de Santos (hijo de Fauna, a cargo de Esteban Bigliardi), la obra adquiere mayor intensidad armando y desarmando argumentos.

Romina Paula es una de las voces más creativas y personales de la escena actual. Gamboa y Bigliardi son de la partida desde el primer trabajo ( Algo de ruido hace ). Esta vez, como en aquellas otras dos potentes propuestas, despliegan una variedad de sutilezas y de capas que son fundamentales para que Fauna , respire. En verdad, los dos brillan. En este entramado, a Susana Pampín le toca hacer de la otra hija de Fauna (o su alter ego). A Rafael Ferro le toca hacer del cineasta. Él es el nuevo en esta banda de teatro llamada Compañía El Silencio. Sus dos trabajos se agradecen por la energía contenida, por los momentos en los que se expanden, por el deseo siempre ahí, latente, encendido y agazapado.

Entonces, repasemos: Romina Paula, los cuatro intérpretes, las luces de Matías Sendón, el diseño espacial de Alicia Leloutre y el viaje alrededor de Fauna en un trabajo que termina señalando sentidos que inevitablemente se instalan en el cuerpo del espectador.

Fuente: La Nación

Sala: Cultural San Martín.

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