jueves, 6 de junio de 2013

Escenas de la vida conyugal


El amor, tras los años

Dirigidos por Norma Aleandro, Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli recrean la historia de una pareja que se separa luego de una década.

El estreno generaba grandes expectativas, por los nombres de los protagonistas, porque Norma Aleandro es la directora, por el título de la pieza y el éxito de la película que la respalda. El debut de Escenas de la vida conyugal en el teatro Maipo convocó la presencia de numerosas figuras del espectáculo y hasta de la política, que aplaudieron cuando los actores salieron al escenario, al término de cada escena y poniéndose de pie al final. La puesta rinde, porque sus componentes suman. Y el público queda satisfecho.

En esta versión teatral de Secretos de un matrimonio (1973), un clásico del cineasta sueco Ingmar Bergman (1918-2007), Valeria Bertuccelli y Ricardo Darín son Mariana y Juan, un matrimonio que atraviesa desde la (aparente) plenitud hasta situaciones límite. Del mismo modo que en la película, la puesta se desarrolla a través de una secuencia de escenas tituladas, que aquí los mismos personajes presentan. Ese formato define la dinámica del espectáculo, autoriza los saltos temporales, pero también exige un esfuerzo por evitar un esquematismo exagerado.

Entre los valores de esta puesta, cabe señalar el humor que los actores generan en situaciones que la versión cinematográfica expresa con más dramatismo, sin restarle por eso el sentido profundo a las escenas. Bertuccelli maneja con soltura el humor y hasta hace su aporte personal de comicidad. Darín acompaña bien y colabora con los gags que se proponen, pero su lucimiento aparece en las escenas dramáticas, en las explosiones de honestidad que tiene su personaje.

Con menor duración y con tratamiento algo más superficial que la versión cinematográfica y personajes que adoptan un tono más amable, Escenas de la vida conyugal deviene en una comedia sobre un matrimonio que se termina tras diez años de convivencia: el antes, el durante y el después de la crisis, con un ritmo acertado. La obra está atravesada por numerosos temas, condensados en una historia lineal. Las hijas, el divorcio, la separación de bienes, la culpa, los miedos, el amor, el sexo, la cobardía, las mentiras, el engaño, la soledad, la amistad, la rutina, el fracaso, los mandatos familiares, el cansancio, los otros.

Los personajes alternan los diálogos con la narración: mirando a la platea introducen y concluyen las escenas. La primera, “El arte de esconder la basura debajo de la alfombra”, transcurre en la habitación. La cama matrimonial en el centro del escenario y atisbos de crisis de Mariana. Llevan una vida diseñada como casilleros, donde todo debe encajar, y eso empieza a volverse insostenible. Al final, “Distintas formas de amar” marca un nuevo encuentro entre dos seres que nunca dejaron de ser necesarios el uno para el otro.

Escenas de la vida conyugal propone momentos divertidos y otros, dramáticos; pero el planteo de la puesta predispone al público a la risa o, al menos, a la sonrisa.

Son sólo dos actores que interpretan a dos “analfabetos emocionales”, en un escenario de fondo negro que para algunas escenas, aparece totalmente despojado. Entonces, es cuando a los actores les cuesta encontrar la forma de desplazarse en un espacio que se les vuelve gigante y vacío, y que deben llenar con diálogos potentes. Ella encuentra en la gestualidad, en el temblor de sus manos y en la ironía la forma de imprimirle credibilidad a su criatura. El, algo más contenido, con su mirada, un carácter observador y el tono enfático en las situaciones de enfrentamiento expresa convicción. Bertuccelli y Darín son dos buenos actores que, seguramente, con el correr de la funciones seguirán ajustando el modo de rendir todo su potencial.

Fuente: Clarín

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