domingo, 9 de junio de 2013

El gorila


Jodorowsky en acción

Informe para una academia, de Franz Kafka, es un material que, en muy diferentes épocas regresa al teatro y, no sólo porque su historia parecería encontrar resonancias contemporáneas, sino porque, sobre todo, posibilita a su intérprete una rigurosa investigación a la hora de la recreación del personaje.

La versión de Alejandro y Brontis Jodorowsky, que acaba de estrenarse en el Sarmiento, resulta sumamente inquietante. La obra original está atravesada por textos personales del actor y director, en un entramado que hará perder ciertos valores al espíritu kafkiano, pero que posibilitará develarlo, en este presente, de una manera distinta. El personaje es provocado a confrontarse con sus fantasmas en el marco de una situación que busca la superación. Eso es muy interesante como procedimiento.

Aunque parezca extraño, la versión es muy luminosa. El gorila expone su realidad de una manera frontal, es cierto, pero con una sabiduría especial. Cada tramo de su desolada historia es narrado con la elocuencia de quien busca afanosamente superar obstáculos para fortalecerse y, de alguna manera, reinventarse en la seguridad de que así podrá sobrellevar con mayor dignidad su vida.

En ese derrotero, nunca pierde de vista a quien o quienes lo han modificado. Se remite a ellos (los poderosos), una y otra vez. Pero posee la sagacidad suficiente para transformar a esos seres enajenados, malvados, en malos recuerdos. Y a ellos, los malos recuerdos, uno puede limpiarlos.

El espectáculo está muy apoyado en el actor. La trama, cada palabra, se ha puesto al servicio del cuerpo de un intérprete que con mucha rigurosidad logra construir una dramaturgia de movimientos, gestos, que resultan de una gran riqueza expresiva. Brontis Jodorowsky es un exquisito actor, con una profunda capacidad a la hora de arrastrar al espectador a su mundo y no dejarlo escapar. En verdad, El gorila es un trabajo al que uno ingresa siguiendo la partitura corporal del protagonista. Sin darse cuenta. Y es que él, además, utiliza recursos muy genuinos del mimo, del clown y, claro, no falta tampoco esa sustancia del teatro pánico (tan representativo en el campo de trabajo de Alejandro) y que busca un hombre dispuesto a superar su estado animal para encontrarse con su plano espiritual.

Fuente: La Nación

Sala: Teatro Sarmiento (Av. Sarmiento 2715) / Funciones: miércoles a sábado, a las 21; domingos, a las 20

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