viernes, 7 de junio de 2013

Cristina Banegas: Eva Perón en la hoguera


La de Eva siempre es palabra viva”

En el ciclo Homenaje a la Memoria de Eva, de la Casa del Bicentenario, Banegas vuelve a poner en escena su unipersonal, basado en el célebre poema de Leónidas Lamborghini. “Digo exactamente ese poema, tal como él lo escribió. Jamás lo tocaría.”

Hace veinte años, Cristina Banegas se puso por primera vez en la piel de la Abanderada de los Humildes. Iris Scaccheri la dirigía en el unipersonal Eva Perón en la hoguera, sobre el célebre poema de Leónidas Lamborghini. “En el menemato, en esa Argentina careta y neoliberal, Eva era una pesadilla. Me imaginaba que su fantasma volvía a la Patria y estaba furioso. La interpreté con esa intención”, recuerda la actriz. En un contexto diferente, Banegas sintió ganas de volver a ponerse las ropas de Eva Perón, y entregará una nueva versión de su unipersonal en un ciclo en la Casa Nacional del Bicentenario, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación (Riobamba 985). Ella misma se dirige.

El ciclo se llama Homenaje a la Memoria de Eva y ofrece, durante este mes, propuestas de cine y teatro, todas con entrada libre y gratuita (ver recuadro). El año pasado, cuando fue el 60º aniversario de la muerte de la actriz y política argentina, se sucedieron muchísimos espectáculos en su honor. “Te voy a contar una anécdota”, inaugura la charla Banegas, en su apacible casa de Palermo, donde el blanco de las paredes y el aroma a sahumerio combinan con la calma de su voz. Mira para un costado y recuerda. En 2012 representó esta obra en el Auditorio Borges de la Biblioteca Nacional, en el marco de una serie de actividades en homenaje a Eva. “Llegué temprano y fui al ‘camarincito’ que hay al lado del escenario. Por la ventana vi la barranca, Libertador, Figueroa Alcorta y Canal 7”, relata.

Estaba a punto de vivir una epifanía. “De repente me acordé que ahí, donde iba a actuar, era la residencia presidencial. Pensé: ‘Acá vivieron Perón y Evita, acá era el Palacio Unzué. Acá ella estuvo enferma, agonizó y murió, en este espacio físico que ahora es la Biblioteca Nacional’”, desliza. Pensó en las fotos que había visto en su infancia: miles de personas “con velitas, rezando, haciendo vigilia”. “Fui con una emoción especial a decir el texto”, cuenta. No fue el único episodio extraordinario que vivió ese día. Cuando pronunció “mi palabra está”, el último verso del poema de Lamborghini, eran las 20.25. A esa hora, el 26 de julio de 1952, Eva Perón pasaba a la inmortalidad.

“Se nos puso la piel de gallina a todos”, dice Banegas. Entonces, sintió que tenía que hacer esta obra de nuevo. En el marco del ciclo en la Casa Nacional del Bicentenario “ofrendará” –palabra que le gusta decir– cuatro funciones. Serán distintas, claro, a esas que ofreció hace veinte años en el auditorio de la Librería Gandhi. “Esta palabra está viva. Es interesante decirla y que circule de nuevo. El poema, que es una lectura de La razón de mi vida, es extraordinario. Es un discurso roto, de una escritura extraordinaria, es casi un balbuceo. Lamborghini me decía que el último de los poemas era como un sístole y un diástole, que eran como latidos”, sostiene Banegas que, a diferencia de otras actrices que la han encarnado, no imita a Evita en sus rasgos físicos. Para ese estreno en los noventa ni siquiera se tiñó de rubio.

Banegas –que fue la madre de Eva en la película que protagonizó Esther Goris– está enteramente dedicada al teatro. No tiene propuestas que le interesen en televisión. En julio se la podrá ver en El Picadero, en la obra Sonata de otoño, de Ingmar Bergman, junto a Luis Ziembrowski, con dirección de Daniel Veronese. Antes, el 17 de junio a las 18, la actriz será declarada personalidad destacada de la ciudad de Buenos Aires, en la Legislatura porteña.

–¿Cómo será este reestreno de Eva Perón en la hoguera?

–Son otros la situación y el formato. Scaccheri, gran bailarina y coreógrafa, me hacía subir sobre la mesa, bajarme, hacer cosas alrededor. El escritorio de Evita era esta mesa sobre la que estamos charlando ahora. Tengo 65 años, así que no podría hacer todas las destrezas que hacía antes. Los ingredientes que tengo para cocinar hoy no son los de los noventa. Los de ahora están vinculados con mi relación con la palabra. He profundizado mucho en estos veinte años en mi relación con ella. Aun así, sigo siendo muy corporal trabajando.

–¿Dice el poema tal cual está escrito o lo retocó?

–No, no, nada de adaptación. Digo exactamente ese poema, tal como Lamborghini lo escribió. Jamás lo tocaría. No cambiaría una sola palabra. Hay textos que no se deben tocar, que son perfectos, exactos y sintéticos.

–¿Cómo fue el trabajo con la palabra rota, con ese ritmo cortante que tiene el poema?

–Esa ruptura me permite trabajar con algo contemporáneo, ligado a la fragmentación y a la imposibilidad de estar enteros que los seres humanos experimentamos sobre todo a partir del siglo XX, cuando cambian la historia del arte y del mundo. Por fin sabemos que estamos rotos. Es interesante como actriz trabajar sobre eso. Soy amante de la palabra, he trabajado mucho sobre poesía durante toda mi vida. El monólogo de Molly Bloom lo sigo haciendo en giras. Es un texto sin signos de puntuación, una especie de río de palabras. La puesta en boca de estos textos plantea dificultades técnicas, desafíos. Pero la verdadera técnica es la que no se ve. Tiene que estar detrás. Trato de poner la carne en la parrilla y mandar el asado, la ofrenda. Hay que crear un puro presente. No tiene que haber protagonismo del virtuosismo. El otro tiene que recibir la palabra, no lo bien que uno la dice.

–¿Qué significado tiene representar esta obra en este momento?

–Todo eso por lo que Eva luchó sigue ocurriendo. La injusticia, los pobres y la necesidad de fortalecer la justicia social siguen existiendo. No me interesaría hacer ningún tipo de trabajo arqueológico. Es una palabra presente la de Eva, está viva y es actual, es de ahora y de mañana. Es como los clásicos, se va resignificando en cada momento, dialogando con la realidad. Los discursos de personajes como ella, que ahora son de alguna manera mitológicos además de históricos, nos presentan la posibilidad de recuperar lugares transgresores y revolucionarios, un poder ir más allá.

–¿Cuándo empezó a encantarse por Eva?

–Tenía cuatro años cuando Eva murió. La descubrí de más grande. Mi papá era antiperonista, así que no tuve una educación peronista. Pero en mi familia, como en todas las de clase media-media argentina, había una rama peronista y una antiperonista. Estuve todo el tiempo tironeada por gorilas y peronistas. Y me fui “peronchizando” a lo largo de mi vida, desde la izquierda, por supuesto, desde el marxismo. Fui tratando de entender. Es difícil de entender el peronismo.

–Es más fácil entender a Eva.

–Seguramente. O por lo menos es un emblema del peronismo que tiene menos contradicciones que Perón.

–Cuando actúa a Eva, ¿tiene presente que ella fue también actriz?

–Sí. Además, la política está absolutamente ligada a la actuación y al mundo del espectáculo. Reagan también fue actor. Hay una relación concreta, real, existente entre la acción y el discurso políticos y el teatro, la ficción, el espectáculo.

–¿Por qué decidió dirigirse a sí misma?

–Lo hago muy pocas veces. Porque conozco mucho el material, sé qué quiero hacer y qué quiero que vea y escuche el público y cómo quiero ofrendarlo. A lo mejor dentro de veinte años vuelvo a hacer esta obra. Bueno, voy a tener 85 años, no creo que esté en condiciones de hacerla... (risas). Por ahora me sale esta versión. La hago un poco performáticamente. Va a haber otro escritorio. Pero creo que no me voy a subir.

Fuente: Página/12

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