sábado, 22 de junio de 2013

Alfredo Martín


“Hacer lo que hago conspira contra la realidad”

Actor, director y dramaturgo, tiene cuatro puestas en la cartelera. Y dice que, sin rédito económico, “es un modo de ver la vida”.

Desde A la diestra, último relato escrito por Haroldo Conti, hasta una versión de Pinocho, de Carlo Collodi, el director, dramaturgo y actor correntino Alfredo Martín cada fin de semana está involucrado en cuatro espectáculos que conjugan al teatro con la literatura. En todas ellas estuvo a cargo de la dirección y la adaptación. “No fue intencional poblar así la cartelera, porque fundamentalmente no hay público para tanto. Fueron proyectos que se superpusieron, algo que sucede a menudo en el circuito alternativo.” Martin es psiquiatra y llegó a las artes escénicas luego de terminar su carrera universitaria. “Vengo de una familia tradicional correntina, que tenía la necesidad de tener a un hijo ‘doctor’. Terminé ese mandato y me dediqué al teatro”. Arrancó por la actuación, con Raúl Serrano, y pronto llegó al Sportivo teatral, de Ricardo Bartís. Ahí se reunió con Beatriz Catani y Federico León. Juntos crearon Del chiflete que se filtra, obra emblemática del teatro porteño de los ‘90. “Hay muchas cosas que tomé del estudio de Bartís y otras tantas que no comparto. Una de ellas es el valor que le doy a los textos, material que considero fundamental, porque ante todo soy un gran lector”. De hecho, adaptó para el teatro textos de Dostievski y Gombrowicz. Además, este año protagonizó La música del azar, la primera adaptación teatral de una novela de Paul Auster que dirigió Gabriela Izcovich. “Ella también me dirigió en Nocturno hindú, de Antonio Tabucchi. El vio nuestra obra en un festival italiano y cuando salió de la función le preguntaron si se sintió traicionado con la versión y contestó que sí, porque una adaptación es siempre una traición”.

En ese sentido, todo adaptador de una obra narrativa a la escena es un traidor.

Sí, porque la literatura y el teatro son dos lenguajes paralelos, pero diferentes, y no hay garantía de que por adaptar a un buen autor logres un notable espectáculo teatral. Uno de los riesgos que se corre es el “homenaje” y la fidelidad, en el sentido de someter el teatro a la obra narrativa.

¿En qué te ayuda la psiquiatría, tu profesión, en el teatro?

En muchas cosas, pero tardé en conjugar las dos disciplinas. Por un lado, me ayuda en el manejo de grupos, porque un director es ante todo un gran coordinador grupal. Uno debe crear en los ensayos un compromiso y una transferencia con el material de trabajo. También mi profesión me ayuda para meterme en zonas límite de las emociones humanas sin angustiar al actor de forma innecesaria.

¿Por qué se sostenés cuatro elencos en un circuito donde, como decías al comienzo, escasea el público y prácticamente no da rédito económico?

Cuando uno hace teatro independiente sabe que conspira contra la realidad. En estos tiempos, juntarse con un grupo de personas para investigar un material y producirlo, genera un vínculo complejo con la realidad que nos rodea. Volcarse a eso implica tiempo y mucha creencia, porque para la sociedad de consumo esto que hacemos en el teatro es totalmente inútil. Sin embargo, con este tipo de producciones se sostiene sobre todo un modo de ver la vida.

Fuente: Clarín

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