miércoles, 15 de mayo de 2013

Pepe Cibrián y Angel Mahler: Calígula



"Calígula": Una obra atemporal

Mañana se reestrena el musical de Pepe Cibrián y Angel Mahler, cuya versión original es de 1983. Para sus creadores, fue una metáfora sobre el terrorismo de Estado. Pero ahora, en democracia, dicen que sigue vigente.

Sobre el escenario, el Imperio Romano. En una butaca, con su perro Junior a los pies y micrófono en mano para dar directivas, Pepe Cibrián Campoy, con el rostro cansino, la voz algo ronca, vestimenta de colores apagados, casi sin accesorios -contrariamente a su estilo-, pero con la pasión encendida. Cerca, Angel Mahler.

Algo está por suceder. Los actores peregrinan sobre las tablas, entre sillas prolijamente dispuestas, preparados para ensayar.

“ Pobre pueblo ”, ordena Cibrián. El sonidista busca la pista y el elenco se acomoda. La música comienza y la Pitonisa, envolviendo con sus palabras y su cuerpo a Calígula, declara: “Pobre pueblo, qué ingenuo, todo vuelve a empezar”. Luego el coro repite esas palabras.

“Es el texto central de la obra”, explica Pepe, que aplaude cuando finaliza el número musical. Treinta años después de su estreno, volverá a los escenarios Calígula, un musical de la dupla Cibrián-Mahler, esta vez, en el Centro Cultural Konex, protagonizado por Damián Iglesias. El libro, las letras de las canciones y la dirección pertenecen a Cibrián. La música y las orquestaciones, a Mahler.

“La música original de Calígula, en el 83, fue de Martín Bianchedi. Pero tiempo antes de estrenarla, hacía falta un arreglador. Laura Manzini, actriz y amiga mía, me recomendó a Angel. A partir de entonces, Angel siguió trabajando conmigo”, repasa Pepe. “Yo trabajaba en Promúsica vendiendo pianos y también integraba una banda de rock, Espíritu; pero cuando descubrí el teatro musical, me encantó”, agrega Angel.

Calígula se repuso en el 2002, pero entonces ya no se usaron las partituras de Bianchedi; Mahler compuso nuevamente toda la música.

“Cambiamos, para darle actualidad y una mirada más rockera. Hice una música más desestructurada”, explica el compositor. Y ahora regresa esa versión, que cuenta la historia de un emperador déspota, desde que asume el poder hasta su muerte, con parlamentos hablados y otros, cantados. “ Calígula, lamentablemente, es atemporal”, sentencia Cibrián. “Cuando la escribí, lo hice como una crítica a la dictadura que estábamos viviendo, en la época de Bignone”, explica. “Pasan los años y cada vez que volvemos a hacerla, sigue siendo vigente. Ahora también lo es, por la realidad del poder que se vive”, agrega Pepe.

¿Cual es esa realidad del poder?


Pepe : Tiene que ver con la corrupción, con la inseguridad, con la impunidad, con la gran omnipresencia que este gobierno está generando. Yo he votado a Cristina y me parece una mujer inteligente, pero no entiendo qué está haciendo. Tengo 65 años y me siento profundamente triste. No podemos vivir los argentinos una guerra civil intelectual; odio las palabras “ellos y nosotros”. Deseo con el alma que a la presidenta le vaya bien, pero no que nos enfrentemos.

Cibrián insiste con que siente agobio y que no tiene miedo en decir lo que piensa. “No dudo de que el gobierno haya hecho cosas fantásticas, porque apoyó una ley que yo defendí con mi cuerpo y mi voz, que fue la del matrimonio igualitario”, reconoce. “Pero ahora me siento desamparado y sufro mucho”, dice.

¿Cuál fue la motivación para volver a hacer “Calígula” en el 2002 y ahora nuevamente?


Pepe : Es la obra que más amo de todas. Como dramaturgo, escucho esos textos que escribí hace 30 años y advierto que no hubo disociación entre ese Pepe y el de ahora. Fui coherente con mi ética, mi filosofía de vida, en mi accionar.

Hacer Calígula bajo la dictadura implicaba riesgos. “No nos hicieron nada, porque los militares pensaban que si era un musical, sólo había plumas. Aunque en los ensayos, venían del Ministerio del Interior para supervisar. Entonces teníamos dos versiones: A y B. El kiosquero nos avisaba cuando los del ministerio llegaban y poníamos en marcha la versión B, ingenua. Y cuando se iban, volvíamos a hacer la versión A, que es la que se estrenó”, cuenta Pepe. “Por eso volver a hacer Calígula es volver a mis raíces, al exilio de mis padres, de mis abuelos, a mi papá (el recordado José Cibrián) peleando en el Ebro, yo peleando en el Senado de la Nación y arriesgando mi vida en esa lucha”, repasa.

¿Qué modificaciones -además de la música- sufrió la puesta con respecto a las otras versiones?


Angel : El libro es el mismo, pero ha tomado más fuerza el leitmotiv de la obra: Todo vuelve a empezar. Calígula lo dice: “Existo y existiré por los siglos de los siglos”. Y es verdad, porque el poder muestra lo peor de la gente. Y Calígula no es la excepción. Empieza siendo un gobernante bueno y popular. Después viene la locura, el desvarío, el sentirse dios y querer tener posesión sobre las personas.

Pepe : Esta versión tiene más brutalidad, es más perturbadora, muy directa. Al público le cuesta mucho pensar, porque tiene muchas preocupaciones en su cabeza. Y siento que Calígula es moderna, vigente, potente, me representa profundamente.

¿Por qué es perturbadora?


Pepe : Porque hay desnudos, que se ven y no se ven, por ejemplo sobre el final, cuando matan a Calígula. No se ve nada y se ve todo, porque hay rayos y efectos. El no ver me parece mucho más excitante que ver. Vemos tanto en televisión, que casi sería más moderno y excitante vestir a todos hasta arriba, que mostrarlos desnudos... También es perturbadora por el tempo, el vértigo que le di a la obra, con un Calígula más conflictuado. Y tiene algo del niño que fui, solitario.

Y entonces Calígula logra ser querible.


Pepe : De alguna manera, sí. Se lo ve impiadoso, niño, frágil, omnipotente, vencido, digno, heroico. Es una mezcla dentro de él. Pero sabe que es el hombre lobo. Y yo creo que en general el poder no tiene esa conciencia.

El primer contexto en el que se estrena es la dictadura. Ahora, la democracia. Pero hablan de vigencia, ¿por qué?


Angel : Es que a este personaje, que vivió hace 2000 años, lo encontrás en donde quieras. Calígula es el político que hace promesas, sabiendo que no las va a poder cumplir. Y la historia no ha cambiado, a pesar de que gracias a Dios estamos en democracia. Pero el ser humano es complicado cuando tiene poder. Este personaje muestra un lado muy oscuro de las personas, porque somete. Y nos hace reflexionar.

Orquesta en vivo y 17 actores, de los cuales la mayoría ya había trabajado con Cibrián. “Ya no tengo ganas de tomar pruebas, porque vivo ciertas desilusiones; ya no sé si los jóvenes me entienden tanto”. Estos actores sé que me entienden”, declara quien históricamente ha convocado a audiciones para sus espectáculos y defiende que talento y disciplina deben ir de la mano. “Cuando se murió mi mamá (la querida actriz Ana María Campoy), a la noche yo ya estaba ensayando de vuelta”, recuerda. “El teatro es sacro”, agrega. “Soy muy obsesivo y quizás esté equivocado. Pero la vida me dio eso”.

La gacetilla reza: “De la Roma Imperial a la Argentina de hoy”. Y Cibrián explica: “El poder a través de la historia sigue siendo igual.

Calígula es un hombre muy inteligente, que se asume dueño del mundo. A los Césares se los divinizaba en vida. Pero a él no le alcanza eso; quiere que los demás crean realmente que él es dios.

¿Creen que el público hará asociaciones a partir de lo que vea?


Pepe : Creo que sí. Con el poder y con el poder que estamos viviendo hoy. Aclaro que no escribí esta obra para hacer un juicio a este gobierno, ni la repongo para eso. Pero cuando escucho la obra, siento tristeza, angustia.

Fuente: Clarín

Sobre el terrorismo de Estado

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