jueves, 9 de mayo de 2013

Matías Umpierrez: Teatro solo



"Mi idea era mantener lo esencial del teatro, que esté vivo, en movimiento"

Así explica el director el proyecto que está en cartel durante todo mayo dentro el ciclo Rituales de Pasaje que se realiza en algunos espacios de la Ciudad. La oportunidad de escuchar una historia y vivir una experiencia única.

Desde hace una semana, en algunos espacios de la Ciudad de Buenos Aires se realizan obras de teatro para un espectador, sin que nadie lo note. Mientras la gente viaja en el subte, visita un museo o va a una oficina pública, muy cerca de ellos hay un actor que interpreta un personaje para una sola persona y sólo ellos dos lo saben. Así funciona Teatro solo, la última propuesta de Rituales de Pasaje, que organiza el Teatro San Martín y que invita a vivir una experiencia personal, en medio del bullicio cotidiano.      
La iniciativa, organizada por el dramaturgo y director Matías Umpierrez, comenzó el fin de semana pasado y agotó localidades. La entrada se saca desde una página de Internet. El espectador debe imprimir una serie de instrucciones: tiene que ser puntual y pararse frente al espacio de la ciudad que eligió para vivir una intervención performática personal. Los lugares pueden ser una estación de subte, el detrás de escena del Teatro Presidente Alvear, la Secretaría de Cultura porteña, el Malba o un departamento privado. Cada espectador comprará su entrada para acudir, sin acompañantes, a una cita en un horario y lugar específico.
Con este proyecto, Umpierrez busca retomar la vieja práctica ancestral de la transmisión de historias. Pero esa vieja costumbre se combina con una forma de representación contemporánea: la de sacar al teatro de las salas e intervenir distintos espacios de la ciudad, para crear ficción. Además, la propuesta incluye otra novedad: las funciones se realizan para una sola persona y no duran más de media hora.

–¿Cómo surgió este proyecto?
–Hace mucho tiempo que los artistas se plantean que hay que sacar al teatro de la sala teatral, encontrar teatralidad en otros lugares. Mi idea era mantener lo esencial del teatro, que sea que algo esté vivo, en movimiento. Lo que a mí me interesa del teatro es previo al rito dionisíaco. El primer gesto teatral es cuando alguien cuenta una historia y hay otro que escucha, que quiere creer en eso. En ese primer gesto aparece la teatralidad. Al mismo tiempo, me propuse dialogar con las problemáticas emergentes. Acompañar al espectador en otros viajes, aportar nuevas miradas. El arte no es solamente lo que uno reconoce sino también lo que uno puede hacer por el arte.
–¿Y en ese contexto surgió hacer teatro para un solo espectador?
–Teatro solo tiene que ver con empezar a encontrar otras formas de producir teatralidad. A mí me interesa acompañar a los espectadores a que vivan una experiencia muy en primera persona. El trabajo está lleno de fisuras, justamente para que el espectador pueda entrar. Yo le propongo al público que viva una experiencia. Tiene que querer ingresar y vivirla, no tiene que hacer nada en especial. Pero emocionalmente es muy fuerte, porque siente que todo eso se hace para él mismo, lo cual es verdad.
–¿El espectador puede sentirse incómodo?
–Lo que pasa es orgánico, la gente entra a la historia de una manera natural. Las locaciones son muy distintas entre sí y se viven experiencias diferentes. Para mí es importante remarcar que no es nada violento, el público se tiene que animar a vivir solo una experiencia, ir a escuchar una historia en la cual, de alguna forma, va a participar. Acá no existe la cuarta pared, no hay nada que romper porque no hay espacio escénico. El espectador entra a una historia que se representa sólo para él, sino participa, la historia no existe.
–¿Y cuál es la sensación con la que queda la gente?
–Tanto los actores como el público terminan muy emocionados. En una época donde nos hablan como si fuéramos una masa: somos rating, somos seguidores, surge una experiencia que te configura como persona. Si vos no vas, no hay teatro. El proyecto es un reloj. Hay un tiempo que estipula todas las puertas que se pueden abrir y todas las que se tienen que ir cerrando. La experiencia dura 30 minutos. Es muy libre, pero detrás tiene una estructura de producción armada, para cuidar mucho al espectador y al intérprete.   «


una experiencia para todos
Teatro solo también fue presentado en marzo de este año en la ciudad de Graus, España. En esa ocasión, se intervinieron otras cinco locaciones: el colegio público Joaquín Costa, el Santuario de la Virgen de la Peña, la fábrica de embutidos Aventín, un departamento ubicado en la Plaza Mayor y el detrás de escena del Teatro Salamero.
"La experiencia allá fue increíble. El primer día no se había vendido nada. Había mucho prejuicio por parte del público, porque la gente está muy acostumbrada a ir al teatro acompañada. Entonces, hicimos las funciones para invitados y fueron esas mismas personas las que hicieron que al otro día se agotaran todas las entradas", cuenta Umpierrez.
Fue tanto el furor, que el 20% de la población de esta ciudad –ubicada en la zona de los Pirineos– participó de Teatro Solo y, luego, se autoconvocaron en varios centros sociales para compartir sensaciones. "Por eso, para mí es muy importante aclararle a la gente que no tenga prejuicios, que se anime a vivir la experiencia", explica el creador.

Fuente: Tiempo Argentino

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