sábado, 4 de mayo de 2013

Los villanos de Shakespeare



Manel Barceló presenta en el Cervantes una obra de Steven Berkoff

El actor catalán Manel Barceló llega al escenario del Cervantes con “Los villanos de Shakespeare”, un monólogo escrito por el dramaturgo inglés Steven Berkoff, donde visita a los emblemáticos “malos” shakespearianos e ironiza sobre los entretelones del mundo actoral y de la crítica especializada.

Las viles contradicciones de Yago, la crueldad de Macbeth y el talento estratégico para el mal de Ricardo III,  son algunos de los arquetipos del gran autor británico, cuyas personalidades se analizan en la obra desde la perspectiva de un actor que debe poner su cuerpo al servicio de las pasiones.

Esta suerte de itinerario sobre la maldad y su atractivo se entrecruza con una aguda sátira acerca de los críticos de arte y de los medios de comunicación que los cobijan a diario, conformando el nudo de “Los villanos de Shakespeare”.

El texto fue escrito por Berkoff para ser representado por él mismo, quien se mostró esquivo para ceder los derechos, hasta que Barceló –guionista, director y docente teatral- logró el objetivo y lo tradujo al castellano y al catalán para montarlo con éxito en España.

El actor ya visitó tres veces el país haciendo unipersonales: “La tigresa y otras historias”, de Darío Fo (1990 y 1992) y “Shylock”, de Gareth Armstrong (2002) y regresa para hacer siete funciones,  dirigido por Ramón Simó.

Obra que rinde un homenaje irónico a los textos de Shakespeare, de acción dramática de intensos movimientos, la trama propone un recorrido por la influencia que ejerce el mal y -su contracara- la compasión sobre la sociedad actual.

El devenir de las palabras, a veces impune y en muchas ocasiones humorístico, conduce al espectador a una travesía por un espacio donde las aristas crueles de las criaturas shakesperianas crecen para dejar al descubierto las convenciones que surcan el teatro como disciplina artística.

La despojada escenografía de Simó, apenas interrumpida por algunas imágenes lumínicas y la fugaz presencia del fuego dejan el trabajo de Barceló completamente al desnudo.

El actor catalán muestra gran ductilidad y pone en acción una variada gama de recursos actorales, que incluyen técnicas propias del mimo y de la estética circense,  en una labor corporal intensa, donde la gestualidad facial subraya conceptos.

La obra se extiende durante casi dos horas y la tensión dramática parece diluirse al promediarla, ya que el juego de contrastes entre lo verbal y lo corporal se desdibuja en la apelación a ciertos guiños intelectuales, que a veces adoptan el tono de reflexiones filosóficas.

El riesgo presente en este bello texto que recorre diversas formas del amor por la palabra  y adopta distintas máscaras, es que en ocasiones se convierte en una disertación sobre el mal y de golpe deviene en una interacción lúdica con el público.

Las funciones se realizan hasta el domingo 12 de mayo, de jueves a sábados a las 21, y los domingos a las 20.30, en la Sala María Guerrero  del Cervantes,  Libertad 815.

Fuente: Télam

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