domingo, 19 de mayo de 2013

La extraviada

Valiosa y divertida propuesta de cruce

Calificada por su autor y director como "un melodrama operístico", la pieza La extraviada cumple notablemente con esa designación. Una experiencia en la que se impone el teatro, pero todo el tiempo está intervenido por la ópera. Y, hasta en algunos aspectos, es precisamente ésta la que completa más de una situación.

La anécdota es algo desopilante. Dos vestuaristas de un teatro oficial compiten por un cargo técnico y también por el amor del jefe de escenario. Mientras tanto, en la sala se ensaya una nueva versión de La t raviata , de Giuseppe Verdi. La acción se desarrolla en el ámbito de trabajo de las dos mujeres, a quienes acompañan dos asistentes jóvenes y que de a ratos visita el hombre que las mujeres ambicionan.

La pieza de Alejandro Viola (creador y director del grupo Los Amados) posee una estructura muy creativa a la hora de intercalar los momentos operísticos dentro del drama. Y, como además las interpretaciones de los cantantes son muy ajustadas, esto aporta un valor muy fuerte a la hora de fortalecer ciertos aspectos de las conductas de los personajes.

Viola logra además, a través de su dirección de actores, que esas criaturas alcancen un desarrollo expresivo muy importante. Alicia Muxo (Olga) y Vivian El Jaber (Zulema) componen a esas mujeres competitivas con una elocuencia sorprendente. En algunas situaciones logran entablar una relación tan intensa que aparece la sensación de que el juego deja la ficción para transformarse en pura realidad. Y, lo más interesante, eso provoca la risa descontrolada de la platea y más de un aplauso.

En roles más pequeños, pero no menos importantes se destacan Carlos Moreno (Rodolfo), un inquietante seductor que provoca por igual a Olga y Zulema mientras afirma la pasión que siente por su familia. Ariel Gangemi y Alejandra Ríos construyen a dos seres muy entrañables, meros observadores de ese trío amoroso, pero que cargan con sensibles historias personales y adhieren a esa trama con mucha solvencia.

La escenografía de Cristina Villamor acentúa magníficamente los rasgos del melodrama y, en el final, la fuga de Olga desde el plano superior cierra perfectamente esta valiosa experiencia de cruce.

Fuente: La Nación

Sala: Siranush, Armenia 1353 / Funciones: domingos, a las 19.30.

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