sábado, 4 de mayo de 2013

La dama de negro



Un espectáculo con impacto rotundo

Con Fabián Gianola y Nicolás Scarpino como sostenes, hay más comedia que drama en la puesta de Manuel González Gil.

Si estos datos sirven de reconocimiento a su trayectoria, señalemos que la obra teatral La dama de negro hace veinticinco años que se representa sin parar en Londres, diecisiete en México y once en España. ¿Cuál es el secreto de su éxito? Acaso la mezcla de horror y misterio que ofrece una historia armada con astucia. Por lo visto, el miedo y el espanto no pasan de moda. Siguen generando interés.

Basado en la novela de Susan Hill y adaptado al formato teatral por Stephen Mallatratt, el relato describe la angustia de un hombre que busca liberarse de fuertes pesadillas a través de un texto para la escena. Por eso acude a los servicios de un actor que pueda ayudarlo en el camino de una recreación que le permita exorcizar el pasado. Así, la línea narrativa desemboca en los trámites por la herencia proveniente de la señora Drablow, una anciana que murió en medio de la soledad, en un pequeño y pantanoso pueblo inglés de la época victoriana. En ese lugar estalla el oscuro recuerdo de una tragedia y asoma la inquietante figura de una mujer vestida de negro, con el rostro dañado por alguna enfermedad. El desenlace se reserva ásperos interrogantes.

Claro que, aún con golpes dramáticos, climas desolados, un cementerio envuelto en sombras, y la creciente inestabilidad emocional de los protagonistas, Manuel González Gil construyó una puesta que no descuida el humor -lo que posibilita distender tramos argumentales-, se recuesta en la divertida combinación del sonido (a cargo de Juan Manuel Lascano) y el desplazamiento actoral.

El ruido de un tren a toda marcha, el chasquido de un látigo en manos de un individuo que procura azuzar a un caballo imaginario, el ladrido de una perra que nunca se ve, el movimiento tambaleante de un cuerpo arriba de una carreta, entre otros recursos auditivos y visuales, asombran por su impecable ajuste entre elenco y técnica. Sin ninguna duda, esos efectos especiales se constituyen en una insoslayable atracción por su manejo zumbón. El director González Gil ya había probado esa fórmula, con igual destreza, en su recordada versión de Los 39 escalones (que repiten los martes a las 20.30 hs).

Asimismo, Fabián Gianola y Nicolás Scarpino se alzan en otros de los fundamentales sostenes que hacen a la calidad de La dama de negro. Desdoblándose en varios prototipos (sobre todo Scarpino), de acuerdo a los requerimientos del relato, los dos se zambullen totalmente en las vivencias de sus personajes, y brindan actuaciones ricas en matices, sólidas, convincentes. Aunque no diga esta boca es mía, Nadia Crosa cumple una solvente personificación de esa señora que es una suerte de fantasma, y deambula como un símbolo de desgracia y muerte.

En un espectáculo que no pierde de vista el impacto rotundo, la sugestiva iluminación de Gonzalo Córdova, que utiliza con eficacia los claroscuros, y la adecuada ambientación musical de Martín Bianchedi concretan significativos aportes, en esta historia de sonrisas, gritos y susurros.

Fuente: Clarín
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