sábado, 11 de mayo de 2013

Ignacio Apolo: El mal recibido



Historias y percepciones que se cruzan

El autor propone una obra con dirección en vivo, en la que se exhiben diferentes planos de la representación y “el espectador opera como lo hace en la vida, componiendo relatos y sentidos”.

Autor de Rosa Mística y La pecera, entre muchos otros títulos, Ignacio Apolo acaba de estrenar bajo su propia dirección El mal recibido, una obra que enlaza diferentes historias con el objeto de hablar sobre la percepción contemporánea. Para el autor y director, la forma actual de captar la realidad se da por saturación. “Todo el tiempo y en casi todo lugar estamos expuestos a una gran cantidad de mensajes simultáneos”, afirma Apolo, y da un ejemplo: “Un hombre corre en una cinta sinfín de un gimnasio, escuchando 27 temas distintos en su iPod, mientras lee los zócalos informativos de tres señales distintas de televisión. Pasará luego por un quiosco, verá titulares de diarios y tapas de revistas mientras habla por celular y re-tuitea las frases ingeniosas del día”. En este nuevo espectáculo, Apolo propone una obra con dirección en vivo, en la que, según adelanta, “el espectador opera como lo hace en la vida, componiendo relatos y sentidos”. Actúan Martina Viglietti, Lucas Barca, Mario Jursza y Alejandro Dufau.

En El mal recibido se utiliza el espacio del Teatro Machado (Antonio Machado 617) sin transformarlo en una sala teatral convencional, a los efectos de borrar los límites entre lo que es ficción y lo que no lo es. “Así como podemos ver un video en un colectivo, chatear en el asiento trasero de un auto, ver tele haciendo la cola en un trámite, esto mismo pasa en El mal recibido”, describe el director. Así, el espectáculo da comienzo casi inadvertidamente: en algún momento, los espectadores perciben que ciertos mecanismos teatrales se han puesto en marcha para narrar historias fragmentadas, sobre un fondo de voces superpuestas. “Hay cuatro protagonistas y cuatro tramas autónomas: una breve trama para cada personaje”, explica Apolo. “Las historias se cruzan, se confunden y un personaje ya no es el mismo en la historia del otro. Los espacios se vinculan, las palabras y las cosas transmutan su sentido de una historia a la otra, construyendo en la causalidad mágica –literaria, teatral– un universo coherente”, subraya el autor y director.

–¿Cómo llevar a escena la sensación de la simultaneidad de la vida?

–El relato se construye casi involuntariamente por la selección y combinación de percepciones fragmentarias. La clave es la saturación de mensajes a la que estamos expuestos, todo el tiempo, en casi todo lugar. Y juegan tanto la cantidad como la simultaneidad: mensajes, chats, fotos, tuits, carteles, música, pantallas de TV en distintos canales, zócalos informativos, primeras planas y tapas de revistas en los quioscos, mails, programas de radio...

–¿Qué pasa con la percepción del tiempo?

–El tiempo se achica: ya no se espera ni cinco segundos una imagen para que a nuestra percepción le parezca lenta. Qué decir de la contemplación, el descanso, la lentitud. A los pocos minutos de espera de algo (a veces ni siquiera pasa un minuto), ya agarraste un celular, un blackberry, y te pusiste a ver mensajes.

–¿Podrían haber sido otras las historias o existe un nexo entre ellas que las hace más aptas para su entrelazamiento?

–Lo que descubrí en este trabajo es la importancia de la repetición y la pequeña variación. Esto ya lo sabe la publicidad y la propaganda desde hace décadas: el mensaje rebota, reaparece, se refracta. Y cuando hay riesgo de saturar, se silencia o se cambia. Por eso, si bien partimos de una primera acumulación “azarosa”, luego las reglas de composición se imponen y se encuentran las historias necesarias, las más aptas.

–¿Por qué se planteó realizar una obra con dirección en vivo?

–No fue un planteo, sino que se nos impuso el rescate de la vieja convención del apuntador, aquel que daba letra, medio escondido, a los actores de las antiguas compañías teatrales. De allí que Paula Oxer, nuestra asistente de dirección, da letra a los actores y empieza a componer una polifonía, al corregir, enmendar, y a la vez dirigir y redirigir la energía del actor. Mi presencia en escena también amplifica esa matriz de “dirección”. De modo que los diferentes planos de representación –director, autor, asistente, libreto y operación técnica– se exhiben a la vista de todos.

–¿Qué lugar tiene lo aleatorio en este trabajo?

–Las oscuras aguas de lo inconsciente tienen forma caótica, incierta. Son flujo, turbulencia, masa indefinida y potentemente creativa, si entran en contacto con una percepción libre que luego, en el acto mismo de darles forma, descubre una estructura posible. El mal... tiene una partitura que incluye lo azaroso, lo simultáneo, lo caótico. Y habla de los grandes temas: la muerte y sus modos, la pérdida y la transformación de ciertas cosas en el tiempo y el olvido.

* El mal recibido, Teatro Machado (Antonio Machado 617), los jueves a las 21.

Fuente: Página/12

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