viernes, 17 de mayo de 2013

Hugo Alvarez: Mustafá



“Esta es una sociedad descalificadora”

El actor y director eligió un texto de Armando Discépolo, uno de sus dramaturgos preferidos, para hablar de la inmigración, el tema de este sainete estrenado originalmente en 1921. Alvarez dice que hoy se producen, con los nuevos inmigrantes, “los mismos conflictos”.

“Reír es la más asombrosa conquista del hombre”, decía Armando Discépolo, y completaba su idea diciendo que “se ríe sólo para aliviar el dolor”. Autor junto a Rafael José de Rosa del sainete Mustafá estrenado en 1921, el dramaturgo es uno de los preferidos del actor y director Hugo Alvarez, por su profunda comprensión del proceso de formación de la argentinidad. En estos días, la obra subió a escena en la sala Corrientes Azul, sede del grupo Mascarazul que dirige el mismo Alvarez. Y se ofrece, según puntualiza el director en la entrevista con Página/12, como una oportunidad para reconsiderar la actual inmigración: “Los actores somos comunicadores sociales –sostiene–, y traemos no un mensaje, sino una información, y es para favorecer la capacidad de análisis de los espectadores”. La obra cuenta con un elenco integrado por Nonnel Jhon, Pomelo, Mercedes Pereyra, Ulises Puiggrós, Valeria Rosas, Oscar Villegas, Eduardo Wigutow, Roberto Zabala y el propio Alvarez.

La obra de Discépolo expone los diversos posicionamientos económicos de los inmigrantes, así como su grado de integración. Si a Don Gaetano –verdulero italiano, rol a cargo del propio director– el negocio le brinda un margen de ganancia razonable, al turco Mustafá no le sonríe la fortuna: lo que más desea es volverse a su tierra, dado el sacrificio que representa para él la vida en la Argentina, condenado como está a la pobreza y al aislamiento. Enfrentados por un billete de lotería comprado a medias –el cual representa para el turco la posibilidad de hacer realidad el regreso–, el italiano y el turco ven cómo se profundizan sus diferencias. Así, la pieza habla de los sueños frustrados de aquellos inmigrantes que no encontraron el modo de hacer propia la patria de adopción. No obstante, los hijos de Mustafá –nacidos en el país y listos para mezclarse y formar la “raza forte”– tienen un papel destacado en la obra, ya que “son los jóvenes los que marcan una pauta de conducta clara ante el accidente de mezquindad del padre”, según analiza el director.

Alvarez conoce muy bien la situación del inmigrante, tras 20 años de exilio en Suecia. Nacido en San Luis, decidió formarse como actor en el mítico Teatro Fray Mocho. Y aunque no terminaba de convencerse de que era lo suficientemente bueno como para seguir en el oficio, en 1960, Oscar Ferrigno lo designó protagonista de su versión teatral del Martín Fierro. Dos años después, Alvarez comenzó a hacer cine: participó como actor en Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, con dirección de Jorge Cedrón; Los traidores, dirigida por Raymundo Gleyzer, y El familiar, de Octavio Getino. También intervino en Los hijos de Fierro, de Pino Solanas, y Los Velázquez, película que dirigió Pablo Szir. Si bien Alvarez sabía que su activa participación en el cine de carácter político y testimonial de esa época podía llevarlo al exilio, hoy no se queja de su suerte: “En un principio sufrí mucho la limitación de no saber el idioma y padecí la incomunicación”, recuerda el director. “Pero vivir afuera del país me abrió la cabeza”, considera Alvarez, director en el exilio de múltiples puestas de autores latinoamericanos y también suecos.

–¿Qué dice esta obra en este momento?

–Elijo obras que, según pienso, podría querer ver la gente. Encuentro que Mustafá tiene una vigencia muy grande porque hoy la Argentina sigue siendo un país de inmigrantes. Con esta obra queremos llamar la atención sobre el valor de esta nueva inmigración.

–¿En qué se diferencia ésta de la anterior?

–Es una inmigración no deseada: los bolivianos, los paraguayos, los peruanos no son bienvenidos y se producen los mismos conflictos que vivió la inmigración anterior. Hay un nivel de agresión enorme, ésta es una sociedad muy descalificadora. Pero veo que la base de ese rechazo es la gran ignorancia que se tiene sobre los que vienen de afuera.

–En Mustafá se percibe la falta de solidaridad entre los mismos inmigrantes...

–En la obra se ve que italianos y turcos están enfrentados. Ahora también existen guerras entre comunidades.

–¿Cómo era en Suecia en tiempos de su exilio?

–También allí había diferencias entre los exiliados: los había económicos y políticos. Pero entre uruguayos, chilenos, peruanos y argentinos había diferencias. No-sotros, por supuesto, creíamos que éramos los más brillantes de todos (risas).

* Mustafá, Teatro Corrientes Azul (Av Corrientes 5965), viernes a las 20 y sábados a las 21.

Fuente: Página/12

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