jueves, 30 de mayo de 2013

Cien años de teatro argentino


La perspectiva del tiempo

Con mirada revisionista, el crítico Jorge Dubatti repasa tendencias teatrales nacionales desde 1910 hasta hoy y estudia la forma en que contribuyeron a la escena mundial.

Que la Ciudad de Buenos Aires se encuentra entre las capitales mundiales del teatro es algo que puede confirmarse cualquier noche. Pero tan interesante como eso es descubrir los orígenes de este gran momento del teatro en largos procesos culturales y sociales. Esto es posible a través del libro Cien años de teatro argentino, donde Jorge Dubatti revisa las tendencias teatrales de siete períodos históricos que, por su singularidad, constituyen aportes al teatro mundial.

Se parte de la idea de que no habría un teatro sino teatros argentinos (se contemplan las producciones de una punta a otra del país, los teatros de frontera y las compañías que trabajan afuera del país), teniendo en cuenta que el teatro es siempre un acontecimiento territorial. Por la vastedad de producción, el libro hace un recorte y centra su estudio en la Ciudad de Buenos Aires.

El sainete y el grotesco criollos, el teatro independiente, el teatro “oficialista” del peronismo, el Teatro Abierto del 81, el teatro comunitario, el “teatro de estados” son –nombradas rápidamente – las tendencias que se analizan en profundidad. “Hay ciertas ideas que fueron siendo construidas por la historiografía pero también por las imágenes del campo teatral –por ejemplo la época de oro del teatro en la primera década del siglo XX o la identificación del teatro independiente con una idea pedagógica–que necesitan ser revisadas, sobre todo para que permitan comprender los cambios, las nuevas modalidades de funcionamiento, la riqueza de producción. En ese sentido, creo que es un libro revisionista, hay una voluntad de revisión de una cantidad de cosas”, explica Dubatti.

El análisis atraviesa diversas variables: el teatro nacional, las visitas del extranjero (Dario Fo, Pirandello, García Lorca), el comportamiento del público, el funcionamiento de la crítica, la investigación que se produce, la institucionalización de la actividad. Constituye un trabajo exhaustivo: no sólo reúne muy buena información sobre cada período (puestas, actores, salas, contexto histórico), cada capítulo incluye además el análisis de textos escénicos que permiten comprender en detalle en qué rasgos radicó la particularidad del teatro en cada momento. Esto hace posible, por ejemplo, identificar la complejidad de un texto como Stéfano (Armando Discépolo) y descubrir en él poéticas que están presentes en el teatro independiente que se produce hoy, vinculadas con la percepción de lo humano como multiplicidad. De la misma manera, se analiza cómo el hoy llamado teatro comercial de arte o teatro profesional no es sino la continuidad –con cambios– del trabajo de compañías como las de Armando Discépolo, Tita Merello, Luis Arata, Pepe Arias, en la década del 20.

“Qué aporta el teatro argentino a la historia del teatro mundial, es una pregunta que me gusta mucho hacerme”, dice Dubatti. “Si hacemos una cartografía del teatro occidental, la Argentina no solamente sería un país receptor de lo que viene de Europa o Estados Unidos. Hay que tener en cuenta no sólo la influencia de Stanislavski en Argentina, sino también la formación de un actor criollo y cómo ese actor determina la aparición del sainete criollo y el ‘teatro de estados’ de Bartís en la posdictadura”. Para situar socio-históricamente el teatro argentino hoy, Dubatti toma la categoría de posdictadura en un doble sentido: después de la dictadura y como consecuencia de ella. Si bien reconoce períodos distintos y cambios desde 1983 hasta hoy, considera que todavía seguimos en ese doble pos , donde predomina la construcción de “micropolíticas”, relatos y prácticas que se apartan de los grandes discursos de representación.

Como está plasmado en el libro, una prueba de que el teatro es protagonista de la escena cultural nacional fueron los festejos del Bicentenario, donde la puesta en escena tuvo un peso simbólico muy fuerte. Parte de este éxito seguramente responde a la naturaleza del acontecimiento teatral: su antigüedad como forma de representación, su capacidad de abstraerse a todo registro, la preservación de la oralidad ante la hegemonía de lo escrito. Pero es más. Dubatti habla de tres cosas que le impresionan mucho del teatro argentino: su función social –“siempre está estrechamente ligado a los procesos sociales y culturales del país, o dando una respuesta o anticipándose”–; la “gran creatividad en el diseño de poéticas de singularidad en la historia del teatro mundial”, y el enorme pensamiento teatral.

Dubatti propone pensar la actividad teatral desde “una filosofía o pensamiento de la praxis” y advierte contra el error de traspolar mecánicamente al teatro conceptos del arte sin evaluar su pertinencia en el marco de una historiografía. “El teatro argentino tiene unos procesos de complejidad que van delante de las categorías, es decir que todavía no tenemos herramientas para pensar lo que el campo teatral ya está haciendo. El libro me demostró, además, que hay muchas cosas por escribir. El trabajo de los historiadores del futuro”.

Fuente: Revista Ñ

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