jueves, 30 de mayo de 2013

Ana Frenkel, Carlos Casella y Daniel Cuparo: Vacaciones en la oscuridad


"Somos como compañeros de creatividad"

Directores, bailarines y cantantes trabajan juntos desde hace 13 años con El Descueve.  Ahora estrenan la obra Vacaciones en la oscuridad.

En la última fila de la platea, Ana Frenkel y Carlos Casella –directores, bailarines y cantantes– se pasan el mate a un ritmo vertiginoso. Casi sin mirarse, uno agarra el termo, sirve, le da a la compañera, ella lo recibe, toma y lo devuelve. Los dos hacen ese movimiento sin sacar la vista del escenario. Ana, con la mano que le queda libre, no deja de anotar en una pequeña libretita amarilla. En escena, los actores Diego Velázquez y Julieta Vallina se trenzan en una danza impulsiva. Para mostrar que una pareja de amantes tiene su primer encuentro sexual, a los directores se les ocurre tirarlos el piso, hacerlos girar de un lado a otro, y simular a las clásicas posiciones sexuales las más originales, siempre en el límite entre lo cómico y lo pasional.
"Nos gusta el melodrama", avisa Daniel Cuparo, guionista y actor, sobre la estética del trío creativo que integra junto a Ana Frenkel y Carlos Casella. Los tres comparten una historia: desde hace 13 años trabajan juntos con El Descueve, el grupo de danza teatro que salió del under y, a través de espectáculos de fuerte impacto visual y con mucha vinculación con la música, comenzó presentando números artísticos en Cemento, el ParaKultural y el Centro Cultural Recoleta, entre otros. El grupo –integrado originalmente por Frenkel, Casella, Gabriela Barreiro, María Ucedo y Mayra Bonard– rompió varios moldes y logró que sus shows de danza se volvieran masivos: en 1992, cuando presentaron Corazones maduros, había que hacer cola para conseguir entradas. El show fue visto por más de 300 jóvenes. Se separaron, se volvieron a juntar, hicieron sus caminos y se reencontraron. Ahora, tres integrantes de aquella mítica compañía artística se vuelven a reunir para estrenar Vacaciones en la oscuridad. Una obra que, dicen, los encuentra más relajados, reflexivos, pero sin abandonar esa pulsión de sus comienzos.

–¿Por qué decidieron reunirse otra vez?
Daniel Cuparo: –Siempre nos llevamos muy bien trabajando. Estamos muy bien conjugados, cada uno es muy fuerte en algo muy distinto. Además, años de trabajar juntos te permiten no tener que explicarle mucho al otro. Tirás una idea, el otro se engancha y ya sabe cómo lo vas a hacer. Cuando trabajás con alguien y le decís: "Me imagino algo rosa", tenés que explicarlo bien. Pero si se los digo a ellos, ya saben a qué rosa me refiero. Tenemos mucha fluidez, mucha comodidad, nos gustan cosas parecidas. Cada vez que nos juntábamos en un cumpleaños, o a tomar mate, decíamos: "Tengo una idea para una obra."
Ana Frenkel: –Tenemos un vínculo artístico profundo. Trabajamos juntos desde muy jóvenes y nos une una especie de gusto tácito, una estética compartida. Por ahí nos vamos de vacaciones juntos y estamos todo el tiempo matándonos de risa de las mismas cosas, de los chistes que hacemos, tenemos un juego con lo que vemos de la realidad y cómo la jugamos. Somos como unos compañeros de creatividad. En ese vínculo profundo e intenso, uno quiere seguir compartiendo. Por más que después trabajemos con otra gente, compartimos una idea profunda sobre el arte. Una idea de por qué uno lo hace, cómo lo quiere hacer, cómo te atraviesa ese hecho artístico. Además, nosotros somos autores de la propia obra. Mantenemos nuestro propio sello, nos podemos brindar a la autoría entre tres, algo que no es fácil. Lo decimos así: "Yo quiero compartir la autoría con ustedes." Cada uno tiene su fuerte: Daniel (Cuparo) baja todo el material y escribe, Carlos (Casella)  y yo dirigimos hace mucho tiempo, somos puestitas. Pero en el conjunto, los tres logramos una química muy interesante. Por supuesto, también nos divertimos mucho, excepto los momentos de estrés que son inevitables.
Carlos Casella: –Es que todo te importa al cien por ciento. No es que nos estresamos mal, o te agarran ataques de histeria. Pero el arte es lo que nos atraviesa.
–¿Cómo definirían su estética?
A.F: –Nuestros espectáculos están atentos a que puedan llegar al espectador en una totalidad. El espectador tiene en su totalidad la parte racional, la emocional y su sensibilidad física. Nosotros atendemos a todas las partes. Y por eso hacemos espectáculos con música, coreografía, puesta, texto. Esa es nuestra estrategia: en el ritual del vivo –que es el teatro–  queremos llegar al espectador y envolverlo con una idea de teatro en movimiento. Esta obra es un gran desafío para nosotros, porque venimos de la danza, después del teatro del movimiento, luego de la música y, ahora, finalmente, estamos abordando textos más complejos, un abordaje más grande. Lo cual no le quita fuerza a lo musical ni a lo físico. No tememos límite. No catalogamos nuestro teatro. Tenemos una idea expansiva del teatro.
C.C:– Este espectáculo se completa con luz, música y escenografía. Tiene que ver más con la idea de show.
D.C:– Pensamos en un recital de rock. Algo que no te atraviesa como una obra de teatro convencional, sino que queremos atravesar las sensaciones.

Y el show se ve en el escenario, aunque durante el ensayo todavía no estén las luces. Los actores de Vacaciones en la oscuridad, Diego Velázquez, Julieta Vallina y Victoria Almeida, se hablan con un nivel de dramatismo, muy cercano al melodrama. Y mientras transcurre la escena, la música comienza a profundizar la situación. Y en algún momento pasa que, de un diálogo romántico, se ponen a bailar, con una coreografía muy ensayada, aunque no se note y todos esos movimientos parezcan espontáneos. "FIjate en el tono de ese texto", le dice Ana a Julieta Vallina que mira de frente a la platea y tiene que hacerle una confesión tragicómica a su amante. "Es que me quedo sin aire", avisa ella, sin nunca abandonar una cara de compenetración profunda.
Después, cuando termina el ensayo, actores y directores se tiran en el piso del escenario y hablan de lo que pasó. Cuentan cómo se sintieron, qué hay que ajustar, qué cosas faltan. De lejos, parece una asamblea donde todos se escuchan y cada uno respeta su turno para hablar. Sin jerarquías y con muchas ganas de hacer algo bueno con todo eso que tienen para dar.

–¿Qué valor tiene en sus obras la música y la danza?
D.C: –Siempre queremos que nuestros espectáculos sean cinematográficos. Esta cosa de que en el cine uno escucha una música en una escena, pero eso no es la realidad. Nosotros queremos acompañar las escenas con una música incidental. De pronto, en una escena pasa algo y eso se acompaña con una música, una canción, o un baile. No se corta y se dice, después se baila y luego se canta. Buscamos esa cosa del cine en la que la emoción, la actuación, la luz y la música, todo va junto. Por eso, el cine es tan onírico y te atrapa tanto, se genera una hipnosis.
–¿Hay una impronta de El Descueve en esta obra?
C.C: –Es distinto. El Descueve tenía como una situación de búsqueda, de investigación. Nosotros teníamos alrededor de 20 años, veníamos de la danza y con una forma de trabajar muy de la creación colectiva. Acá sentimos que llegamos a otro estado, se le da más valor a la palabra y el producto cambia. Tomamos más distancia de lo que el espectáculo necesita, no es solamente una pulsión. Hay como un impulso de hacer esto, que es lo que nos calienta, pero también hay una reflexión, un teatro que tiene muchos giros con coreografía, pero no es como los que armamos con El Descueve. Es un espectáculo que montamos nosotros, que lo escribimos y que convocamos a tres actores para hacerlo.
D.C: –Pero sí hay algo que quiero decir. Cada obra que hacemos es mejor que la anterior. Así que queremos que la gente venga a vernos, pero sobre todo que vengan a la próxima que haremos. Seguro va a estar buenísima.  «

una pareja en crisis... y más crisis
Para este reencuentro artístico, Cuparo, Frenkel y Casella eligieron contar una historia de amor. En el argumento, Susan (Victoria Almeida) y Boris (Diego Velazquez) llevan más de diez años como pareja. Él es controlador de radares, y ella periodista con aspiraciones de escritora. Pero ahora están atravesando una crisis. Para tratar de superarla, se inscriben en clases de danzas dictadas por Katia (Julieta Vallina), una particular profesora. Sin embargo, lejos de superar la crisis, poco a poco Boris se ve atraído por Katia, y comienzan una relación secreta. Cuan empieza an consolidarse, Katia le exige a Boris para que se defina por ella o por su esposa. Boris, entonces, la cita para hablar del asunto, pero con tanta mala suerte que ese día Susan sufre un accidente y queda ciega. Boris, preso de la culpa, no se atreve a decirle la verdad. Angustiada por su ceguera, Susan le pide que contrate a la profesora de danza para que le dé clases particulares.
Así, inesperadamente, su esposa y su amante comienzan una relación, y los tres emprenderán un viaje que los llevara a encontrar una nueva verdad sobre sí mismos, las relaciones y el amor.
"Es una comedia delirante, pero apostamos a que mucha gente se sienta identificada. Frente a una crisis de pareja, se plantea una situación muy de clase media. Toman clases de danza, pero bien podrían hacer un curso de timonel o pilates, o un taller de cine y comentar películas”, dice Cuparo.
La obra tiene eficaces giros de comedia, pero no abandona un planteo más reflexivo. Casella lo explica: "Se pueden armar todas esas estrategias, estas cuestiones tácticas, pero cuando las cosas tienen que suceder, suceden. Por más que hagas terapia de pareja, te podés decir todo lo que quieras, pero si tenés una necesidad muy grande de tener una amante, lo vas a tener. Siempre va a estallar esa necesidad. Queremos expresar que nada garantiza nada."
Va jueves a las 23.15, viernes 24 y sábado 00:30. En el Paseo La Plaza, Corrientes 1660. Desde $ 100.


Juntos y separados
Más allá de la historia que comparten con El Descueve, los tres directores y autores de esta obra tienen un antecedente más cercano en el tiempo. Juntos crearon Corazón idiota, pensada para Griselda Siciliani y Carla Peterson, y estrenada en el Complejo La Plaza en 2009. "Fue una muy linda experiencia. La obra tuvo muchísima repercusión. Y nos quedó la sensación de que quedaron varias cosas en el tintero, que podíamos seguir explotando nuestro trabajo como trío", cuenta Casella.
Desde entonces, el teatro, el cine y la televisión los encontró a cada uno por separado dirigiendo, interpretando y escribiendo en distintos proyectos.
Cuparo escribió los guiones para cine de Igualita a mí y Dos más dos.
Casella estrenó Babooshka!, espectáculo musical que creó e interpretó y por el cual ganó un premio ACE en 2012, y con la coreografía de Syracusa y Playback, dos creaciones para el Ballet del San Martín.
 Ana creó y dirigió, respectivamente, Hacia el fin y El pasajero, con el grupo Pura Cepa.

Fuente: Tiempo Argentino

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