martes, 12 de marzo de 2013

Jorge Ferrari: Póstumos


Un purgatorio con cajoncitos

A partir de su escenografía para la obra "Póstumos", de José María Muscari, el también director de arte Jorge Ferrari conversó con Ñ acerca de su labor, muy extensa y premiada.

Al comienzo del video que registra parte de esta entrevista en una confitería cercana al teatro Regio, Jorge Ferrari responde que, para él, “una escenografía es buena cuando genera la ilusión en el espectador de que no puede ser de otra manera”. Allí mismo le preguntamos:

-Ahora, ¿el espectador toma conciencia de algo así?
-Yo creo que sí, que toma conciencia. Porque, para mí, la escenografía, si algo tiene que tener, es acercar el conflicto, el texto, la actuación, al espectador. La escenografía es un puente. Particularmente, cuando veo una escenografía que no me gusta me dificulta el entendimiento. Tengo que hacer el esfuerzo de pasar por sobre esa escenografía para entender que hay una buena actuación o que el texto es muy bueno, pero hay una pared que me dificulta la visión. Una buena escenografía hace que la visión sea posible. Y una buena escenografía pero que en definitiva no es buena, por ser meramente decorativa o llamativa, también es una pantalla. Es un engaño al ojo, digamos.

En el otro tramo de la charla, el que se desarrolla en el escenario del teatro (ver video), Ferrari se explaya sobre la ambientación que ha concebido para Póstumos en el Regio, la obra de José María Muscari que desde su estreno reciente se perfila ya como éxito en esta temporada. La profusa actividad de este escenógrafo –que es también director de arte y vestuarista– gravita además en cine, ópera, ballet y otras áreas artísticas.

-¿Cuál es su metodología de trabajo?
-Mi punto de partida siempre es el texto. Cuando hago ópera o ballet se complica un poco porque hay dos elementos: más allá del argumento de la obra, lo importante es la música. O sea que ése también es un motivador. El guión del ballet no es el de la palabra, pero obviamente también hay allí una narración. En general, todo escenógrafo tiene una fuente de inspiración previa. Y me manejo en base a las imágenes que empiezo a ver a partir del material para el cual debo trabajar.

-¿Qué trabajos mencionaría entre los más satisfactorios o de un peso especial?
-En general, casi todos o todos los trabajos que he hecho junto a Rubén Szuchmacher como director. Hay algo en nuestro vínculo creativo que para mí es como el ejemplo de esa relación estrecha entre director y escenógrafo.

-¿No teme perder clientes diciendo eso públicamente?
-No, me llevo muy bien con mucha gente y estoy muy contento de muchos trabajos, pero es muy buena esa relación, hay algo en esas obras con Rubén que creo es la manera en que él usa los espacios que yo propongo y la manera en que yo escucho las palabras de él.

-Dentro de lo que sería el planteo inicial, el “encargo”, ¿hay algún tipo de pautas o precisiones con las cuales se siente más a gusto?
-En términos generales, para mí un director tiene que hablar. Pero no hablar sobre cómo él ve la escenografía. Tenemos que hablar. Sobre el texto, sobre algo determinado, sobre la vida o sobre lo que fuera. A mí no me gusta que un director me diga cómo debe ser la escenografía. Me gusta que hablemos. Me gusta entenderlo. Me gusta entenderlo desde los gestos. Desde otra lectura. Desde lo que inconscientemente se establece en una relación. Me gusta la empatía con alguien. No me gusta que me digan, “Mirá, yo me imagino que esto es circular, es así, tiene esto, es de este color y tiene esto otro...” Porque en ese caso digo “Bueno, hacela vos.”


Al referirse a la precisión de los bocetos, los planos y los despiezos que entregó para Póstumos, Ferrari dice que “es una necesidad tener esa precisión. La escenografía es algo que se tiene que construir. En este caso está emparentada con la arquitectura. Hay que proporcionar una información clara para que se construya lo que pensaste. El dibujo a mano, si es la perspectiva, el boceto de la escenografía, no tiene mayor precisión. Sí tiene precisión un despiezo hecho con elementos técnicos, llámense escuadra, paralela, regla T, lo que fuera. En este momento lo hacemos con el programa de computación Autocad. El boceto también tiene precisión si es una maqueta digital, porque es casi como una foto.”

-Más allá de la computación, ¿qué diferencias encuentra con los profesionales que precedieron a su generación y la gente que ha llegado después a tu actividad?
-Siempre hay uno o dos escenógrafos que van descollando a lo largo de las décadas o los años. Yo trato de heredar la visión de la escenografía como un arte. Como un arte en compañía, ¿no? Digamos, las artes performáticas son artes del conjunto. No es como el pintor que es un arte solitario. Y para mí los grandes escenógrafos de la historia argentina han tomado la escenografía desde ese lugar. Y los que siguen, si van a ser buenos, tienen que tomarlo desde ese lugar.

-Aunque sean muy conocidos, ¿qué nombres citaría? ¿A quiénes mandar al frente?
-Mandar al frente a Saulo Benavente, por supuesto, a Gastón Breyer, sobre todo por su tarea didáctica, a Carlos Citrinovsky, a Jorge Sarudiansky, a Claudio Segovia. Ellos han sido referentes, para mí.

-¿Y algún bluff, con mucho prestigio?
-No, eso no me lo va a sacar de mi boca en un reportaje jamás.

-¿Ni siquiera en las épocas más fantasiosas del cine nacional?
-No, porque los escenógrafos de esa época del cine tenían mucha técnica. Más bluffs hay ahora. En esa época se construía todo en estudios, con lo cual el escenógrafo era una figura absolutamente destacada de un staff cinematográfico.

En forma muy sintética, puede decirse que el trabajo de Jorge Ferrari en Póstumos es una interpretación del purgatorio, una antesala del limbo o... Pero tiene pequeñas puertas (“cajoncitos” dice en los despiezos), donde funcionalidad y estética se unen a la vista de todos, en un más aquí y un hacia allá transitorios, que trascienden largamente la hora y monedas que dura la obra, un tramo más que singular, que flirtea sin disimulos con el final del camino de cada uno, dando lugar a cada ratito a los buenos momentos paladeados en el andar.

Fuente: Revista Ñ

Teatro Regio
Av. Córdoba 6056, Buenos Aires
Horarios: Jueves, viernes y sábados a las 20 hs. Domingos a las 19.30 hs.

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