viernes, 15 de febrero de 2013

Victoria Onetto: La mujer justa





“Tengo claro hacia dónde quiero ir”

La actriz renueva el elenco de la obra dirigida por Hugo Urquijo, adaptación de la novela de Marái. La ex pelirroja, que fue tapa de Playboy y bailó en el caño en el programa de Tinelli, señala que ahora está en condiciones de elegir dónde y con quién trabaja.

La sensual Victoria Onetto ha dicho muchas cosas sobre su cuerpo, como “no te perdonan que estés buena” o “soy consciente de cómo me veo”, que son títulos de recientes entrevistas. Pero la actriz, que supo ser tapa de Playboy y hasta bailó en el caño en el programa de Tinelli, dice estar harta de que le pregunten por su imagen. Se le nota un cambio: ahora actúa en una obra en el Centro Cultural de la Cooperación, el templo de las ciencias sociales, las artes y las letras que rompe con la hegemonía comercial de la calle Corrientes. La ex pelirroja renueva el elenco de La mujer justa, con dirección de Hugo Urquijo, al reemplazar a Andrea Bonelli (viernes y sábados a las 22.30 en Avenida Corrientes 1543). “Estoy a punto caramelo”, desliza en el bar del CCC. “Tengo claro lo que quiero hacer, con quién quiero trabajar, los textos que quiero abordar y hacia dónde quiero ir.”

Pronto se embarcará, también, en un proyecto televisivo: será la hermanastra mayor de Natalia Oreiro en Solamente vos. La tele es casi su segundo hogar. Comenzó bien temprano, a los catorce años. Nacida en el seno de una familia de artistas, dice que siempre supo lo que quería hacer. Desde sus comienzos en Chicas y chicos van no paró. Actuó en una pila de telenovelas –una de las más recordadas es Muñeca brava, en la que también secundaba a Oreiro– y unitarios. “De los veinte a los treinta, cuando era pendeja y estaba pagando mi casa, decía a todo que sí. Iba de tira en tira. Hoy mi objetivo es trabajar en cosas que me hagan bien”, explica a Página/12. Onetto, quien también ha probado el cine, tiene cuarenta años, una hija de seis y está casada. Sus prioridades cambiaron, da a entender.

En La mujer justa, Onetto es Judith, una criada que ha conquistado a un hombre rico, Peter (Arturo Bonín). Esta obra es una adaptación de Hugo Urquijo y Graciela Dufau de la novela del húngaro Sándor Marái. En ella se ponen en juego tres versiones sobre el amor: la de Judith, la de Peter y la de su primera esposa, María (Dufau). El espectáculo intercala monólogos al público con situaciones que comparten los personajes. Hay un interrogante central: ¿existe una persona justa de la cual enamorarse? A su vez se plantean cuestiones de clase, en relación con las buenas costumbres burguesas y el resentimiento del personaje que menos tiene, que es el de Onetto. El contexto en el que ocurre la historia también es importante: hay escenas en las que la Segunda Guerra Mundial está a punto de estallar y otras posteriores al conflicto. El elenco lo completan Pochi Ducasse y el mismo Urquijo.

–¿Qué la atrajo de sumarse a esta obra?

—¡Todo! Me la propuso mi representante y tuve una entrevista. Había leído la novela y me había fascinado. Por eso no dudé en decir que sí cuando me eligieron. Mi personaje es una joyita y el texto es delicioso. También lo es el contexto: estoy trabajando con Graciela y Arturo, dirigida por Hugo, en el Centro Cultural de la Cooperación y en la calle Corrientes, que es el lugar con el que sueña toda actriz.

–El CCC es un lugar muy vinculado con lo social y con lo político. ¿Tiene eso presente?

–Sí, porque eso atraviesa la obra, que, más allá de hablar del amor y del desamor, cuenta la historia de un matrimonio burgués en la pre y en la posguerra. Si bien dibuja la época, habla de algo muy actual a nivel mundial: la diferencia de clases. Se pregunta cómo se hace para cortar la brecha entre ricos y pobres, y nos muestra qué pasa cuando alguien del mundo de los ricos entra al mundo de los pobres o a la inversa. Ideológicamente brego por la reducción de esa brecha. En esta sociedad nos falta acercarnos más. Las mayorías no odian. Los que odian son los que tienen más, porque les produce rencor perder privilegios. Cuando escucho hablar del dólar me pregunto qué le importa eso a la gente que no puede viajar a Estados Unidos.

–¿Le interesa la política?

–Sí, pero no como para dedicarme. Todos hacemos política con cada acto y con las opiniones que emitimos. Creo en los pequeños actos como ciudadana, como en la comunicación con los vecinos. Hoy está delicado el hecho de pronunciarse a favor o en contra de lo que está pasando. A los actores nos puede desfavorecer, porque necesitamos seguir trabajando en todos los medios. Estoy de acuerdo con un montón de cosas que se están promulgando. Pero los actores no somos políticos, sino instrumentos para contar historias.

–¿En qué momento se siente como actriz?

–Estoy a punto caramelo, en el momento justo para ser la mujer justa. Una mujer a mi edad cumple muchos objetivos en lo personal. Estoy muy bien: estoy casada con quien tengo una relación hace diez años, estamos armando nuestra familia, tengo una nena de seis y él tiene un hijo de 17. El me banca un montón en este camino tan difícil que es el de la actuación. Esta profesión es una trampa: a veces tenés que decir que sí a proyectos que no te convencen porque tenés que pagar las cuentas. Ahora no es mi caso, puedo darme el lujo de esperar propuestas que me interesen.

–Si hoy la motivan los textos, elencos y directores, ¿qué la llevó a participar del programa de Tinelli? ¿Y a posar desnuda para Playboy?

–Uno nunca sabe lo que pasa en el interior de las personas. Lo de Playboy lo acepté embarazada de tres meses. Me hicieron una muy buena propuesta y en ese momento me sirvió. Además, al principio la Playboy era para otro target: cuando participé habían sido tapa Leticia Brédice y Dolores Fonzi. Y lo de Tinelli fue netamente por una cuestión económica. Acababa de ser mamá y quería parar de trabajar por un tiempo.

–¿Prefiere la televisión o el teatro?

–Las dos cosas. Me encanta la televisión, me crié en ella. Estoy contenta de participar en Solamente vos, porque tengo excelentes recuerdos de Natalia y sé que es muy profesional. El teatro y la televisión se retroalimentan, ya que la gente viene al teatro porque te conoce. Soy consciente de que soy una actriz popular. Si bien hace mucho que no hago tiras, sigo teniendo vigencia para la gente. La tele nos da a los actores cosas maravillosas: el entrenamiento de poder hacer un montón de escenas si te equivocaste y la popularidad. Además, te da plata. El teatro no te da tanto, pero es mágico, porque lo que hacés no depende de cómo musicalizan, de cómo cortan o editan. Hoy vivo en una casa grande y no me falta nada. Mi ambición no es ser millonaria, sino seguir haciendo cosas que me den placer dentro de contextos que me den placer.


Fuente: Página/12

Historia marcada a fuego

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