martes, 26 de febrero de 2013

Cuando el bufón se canse de reír


García Wehbi: aguafiestas porteño

Emilio García Wehbi es el artista local que más ha alternado entre prácticas propias de las artes visuales (instalaciones, intervenciones urbanas) con las específicamente teatrales. El año pasado ofreció una performance de más de tres horas de duración en la que se servía de un texto del dramaturgo Luis Cano cruzándolo con textos propios. Luego de esa primera y única experiencia y de un desmontaje crítico de lo ocurrido, estrena ahora la versión performática/teatral. Aquí se enfrenta a la platea con un espectáculo que quiebra con la media duracional del teatro independiente -que rara vez alcanza la hora de función, y con un texto que no sigue la lógica progresiva dramática, sino que, muy por el contrario, genera sentido a través de la condensación y la repetición.

Tres puntos en el espacio son la única regularidad, casi ascética, para un sistema de acumulación y condensación. En esos tres puntos del espacio, Wehbi distribuye las zonas textuales, y deja uno exclusivamente para la exhibición del texto de Cano y los otros dos para contar historias personales; en uno, las íntimas, y en el otro, las teatrales. En tal sentido, podríamos decir que una versión narrativa de Hamlet articula la biografía del artista con las experiencias vividas en sus múltiples viajes por el extranjero. Riesgos de accidentes aéreos, problemas de convivencias, drogas, distintas patologías psíquicas acompañan el millaje de un artista que ha hecho parte de su carrera en el extranjero. Y ofrece aquí una imagen que dista mucho del brillo que habitualmente se le adjudica a las giras artísticas. Mientras nace el llamado Nuevo Teatro de la mano del ya mítico Periférico de objetos, Wehbi va contando un entramado de conflictos, lejanías, divorcios y enamoramientos.

Y mientras narra Hamlet , su vida o sus experiencias artísticas trae a modo de ofrenda distintos objetos de diferentes épocas y lugares del mundo que hacen a un artista que hizo su carrera vinculada a los objetos. En simultáneo y como plus a esa deriva constante, una cámara manipulada en vivo por Ibarra ofrecerá detalles de esos objetos para agregar una dimensión semántica más. Y como si con estos múltiples niveles no alcanzara, una computadora manipulada por Brunati proyectará mapas en 3D de las distintas ciudades que el teatro porteño ha visitado en estas décadas.

Y en paralelo a estos niveles, flotará una pregunta en torno a la autenticidad de cada uno de estos relatos, a su carácter de auténticamente vívidos. Porque así como aparece un célebre dramaturgista alemán, víctima de diversos tipos de delirios, o un personaje que se encuentra con el espectro de su padre, uno podría preguntarse en qué medida esa memoria subjetiva está en condiciones de darse al espectador. La tentación de darle carácter de verdad viene de la mano de la simpleza de los textos. Pero nada nos impide sospechar que estamos ante un puro juego textual, en el que el lenguaje es la única materialidad posible.

Fuente: La Nación

Sala: Timbre 4, México 3554 / Funciones: viernes, a las 20.30

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