miércoles, 26 de diciembre de 2012

Miguel Ángel Rodríguez y Gabriel "El Puma" Goity: La jaula de las locas


Goity y Rodríguez: "La fórmula nuestra te asegura que te vas a reír"

Fueron antagonistas en la tira Los Roldán y ahora, en teatro, serán la pareja protagónica de La jaula de las locas, la comedia de Jean Poiret

Pese a que los enfrenta la pasión futbolera (uno es de Huracán, y el otro, de San Lorenzo), entre Miguel Ángel Rodríguez y Gabriel "El Puma" Goity, hay un código en común; una suerte de complicidad que dibuja en sus rostros dos sonrisas pícaras con apenas cruzar una mirada.

Hoy, ese humor compartido los une no sólo en una mesa de un café, sino en su juego dilecto: el de las tablas. Juntos conforman la dupla protagónica de La jaula de las locas, la inmortal comedia de enredos de Jean Poiret, sobre las vicisitudes de una pareja homosexual que intenta ocultar su verdad ante la conservadora familia de la novia del hijo de uno de ellos. La dirección de esta puesta, que se estrenará el 6 de enero en el Apolo, es de Carlos Olivieri y completan el elenco Carlos Kaspar, Graciela Tenenbaum, Betty Villar, Benjamín Amadeo y Nicolás Armengol.

En una entrevista con LA NACION, Goity y Rodríguez hablan sobre este nuevo encuentro artístico, sobre las virtudes que se reconocen mutuamente y sobre la jerarquía de los artistas populares.

-¿Por qué les interesó hacer La jaula de las locas en este momento?

Gabriel Goity: -La jaula... siempre es una motivación. Es una excelente comedia, de las mejores. Es un vaudeville, de género. Cuando nos juntábamos con Luciano Castro [quien inicialmente iba a integrar el elenco] hace un tiempo, Miguel nos decía: "¿Qué andan dando vueltas? ¡Tenemos La jaula...!". Y también es un desafío hacer un personaje de las características que ofrece La jaula... A mí siempre los vestidos me gustaron. [ríe].

Miguel Ángel Rodríguez: -Ya te reís con la comedia en sí. Pero después cada uno le pone su impronta, su color, su forma de hacerlo.

-¿De qué manera componen sus personajes para preservar la comicidad sin caer en la burla?

G.G.: -La pieza está muy bien escrita. No necesita agregados. La clave de la comedia es jugarla en serio. Los personajes no se están divirtiendo. Es más gracioso cuanto más en serio lo hacés.

-¿Qué otras "claves" tiene la comedia de género?

G.G.: -Jugarla en serio, con absoluta seriedad y ritmo. Es musical. Más hoy, como están dadas las cosas, que el público está acostumbrado a los videoclips y demás. Acá se necesita ritmo: la belleza del ritmo, la profundidad del ritmo.

M.A.R.: -También el público le imprime el ritmo. Yo a esta obra la amo porque me divierte mucho. Todos los personajes tienen algo.

-¿Qué es lo que más admiran del otro a nivel actoral?

G.G.: -La energía que tiene. Miguel es un entretenedor natural y él es naturalmente entretenido, y se lo envidio sanamente. El pone la mejor onda siempre.

M.A.R.: -Él tiene mucho oficio de teatro y eso contagia a todos.

-¿Qué tiene que hacer el actor de comedia cuando el público no devuelve lo que se espera?

M.A.R.: -Me parece que cuando conocés la obra, sabés dónde van a caer. Y no falla, sobre todo en La jaula...

G.G.: -Corremos con la ventaja de que es un material conocido, probado. Las comedias negras son espectáculos donde vivís mucho este tema de "en la primera del sábado se rieron, en la segunda no". En La jaula de las locas la gente se va a reír. Y si estamos nosotros en el escenario, te puedo asegurar que se van a reír. En otro tipo de piezas vos no sabés bien lo que va a venir. A mí igual me gusta el público al que me lo tengo que ganar. Me gusta conquistarlo, me gusta ese que está diciendo: "¿A ver qué me proponés?".

-¿Qué novedad propone esta nueva puesta?

M.A.R.: -En primer lugar, la fórmula nuestra, que te asegura que te vas a reír. Parece medio agrandado, pero es la verdad. Además, ésta es un poco más musical. Tiene agregaditos de cosas musicales.

-¿Intervienen mucho ustedes en la dirección?

M.A.R.: -Estamos muy integrados con Carlitos [Olivieri], es un tipo muy abierto a todo lo que enriquezca y sume.

-¿Qué hace que el mensaje de esta obra, presentada en más de 60 países, siga siempre vigente?

G.G.: -Porque seguimos teniendo esas estructuras, sigue habiendo mucha discriminación. En el siglo XXI sigue habiendo dificultades para ejercer con libertad nuestras preferencias sexuales.

M.A.R.: -Además, lo que tiene a favor la obra es que es una historia de amor.

G.G.: -Y sobre todo propone la gloria de ir al teatro a reírte.

-Son dos actores muy asociados al registro de la comedia, ¿les preocupa sufrir cierto encasillamiento?

G.G.: -No. Es un orgullo ser actor de comedia. No es algo que me ocupe tiempo en mi cabeza. Más allá de eso, lo que si sé es que tenemos una pieza maravillosa. Eso a lo que te referís vos es de un pequeño núcleo... No me interesa en lo más mínimo el núcleo de culto.

-¿Consideran que hay cierto prejuicio hacia los actores populares?

G.G.: -Siempre se saca el tema de la jerarquía de lo popular. Y lo popular es de mucha jerarquía. Molière es de mucha jerarquía popular. Un señor que se para arriba de un escenario y genera que 500 personas lo aplaudan es de mucha jerarquía.

M.A.R.: -Eso pasa cuando se mezclan cosas de la tele y del teatro. Porque a la televisión la mandaron a un lugar, y la tele en realidad es maravillosa. Es entretenimiento.

G.G.: -También hay actores que viven haciendo televisión y vos los escuchás, y dicen: "Esto de lo popular...". Terminemos con la careteada, digo: "Vos no sos un tipo que trabaja en un sótano. Yo era chico y vos ya firmabas autógrafos".

M.A.R.: -El actor joven viene más complicado con eso...

G.G.: -Pero siempre hubo eso. Yo iba al conservatorio y decías televisión y era una mala palabra... Tiene que ver con el miedo y la envidia.

M.A.R.: -Y la inseguridad.

G.G.: -Sí, porque hay que ser muy guapo para trabajar en televisión, en cine y en teatro. Entonces, en vez de reconocerlo, dicen: "Esto de lo popular". A mucha honra soy popular, porque para ser popular hay que gustarle a mucha gente, y para gustarle a mucha gente, tenés que ser bueno.

Fuente: La Nación

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