viernes, 9 de noviembre de 2012

Virginia Lombardo: Ese no es el problema

La felicidad no es un lecho de rosas

La primera obra teatral del autor de Historia de hombres casados explora los vínculos afectivos y es, según la directora, “una historia disparatada, llena de suspenso, que de repente deviene en un policial negro y luego vuelve a la comedia”.

Un hombre despechado, porque su pareja lo engañó y luego lo abandonó. Una mujer, su mejor amiga, le ofrece su ayuda y termina enamorándose de él. Otro hombre, que irrumpe en la historia y genera más confusión que soluciones. Esa podría ser la presentación de los personajes de Ese no es el problema, una obra teatral con dramaturgia de Marcelo Birmajer, dirigida por Virginia Lombardo (viernes a las 21 en El Tinglado, Mario Bravo 948) y protagonizada por Graciela Stefani, Julio Feld y Marcos Montes. Se trata de una comedia hilarante, con una dosis de humor negro, que pone en escena los vínculos entre estos tres amigos que se conocen desde la juventud, pero que ahora, siendo adultos, se ven enroscados en conflictos amorosos. Y es que cada uno de ellos encarna una búsqueda constante de la felicidad. “Desde su aparición sobre la tierra, el hombre y la mujer han buscado la felicidad. Hemos sido capaces de domesticar a los animales y dominar la ley de gravedad. Pero la felicidad nos sigue siendo esquiva”, explica Birmajer sobre su primera obra teatral.

En este sentido, la directora sintetiza ante Página/12 el espíritu de la pieza: “Ahonda bastante en el alma humana”. La puesta en escena del texto del escritor propone una mirada divertida y entretenida sobre los vínculos afectivos del hombre actual. Por su fuerte realismo, cualquier espectador podría sentirse identificado con los conflictos cotidianos que afrontan los personajes. “El espectador se ve reflejado en las debilidades de los personajes. Ve sus propias deshonras y eso divierte”, dice Lombardo, quien también dirige la obra Chau Misterix, de Marcelo Kartun. Una de las particularidades de Ese no es... es que toda la historia transcurre en una habitación, más específicamente arriba de la cama. “Con una gran cama se podría contar la historia de la humanidad”, resume la directora.

–¿Cómo conoció la obra de Birmajer?

–Julio Feld, el protagonista, vino con el material, hace más de un año. Lo leí y me encantó. Y tardamos un año en concretarlo, en contratar el elenco y armar la producción. A Birmajer lo conocía porque mi hijo lo había leído en la escuela primaria. Y sus textos siempre me resultaron muy interesantes. En esta obra trabajamos juntos. Inmediatamente nos pusimos de acuerdo en que había que priorizar la acción. Y que todo lo demás era un pretexto para narrar esta historia disparatada, llena de suspenso, que de repente deviene en un policial negro y luego vuelve a la comedia. Vino a ensayos, íbamos charlando los cambios en la puesta. Y estuvimos ambos abocados a contar la historia de la manera más desopilante posible.

–¿Qué cosas le llamaron más la atención de la obra de Birmajer?

–La sorpresa. Que cuando la leés, todo el tiempo hay algo que te sorprende. Y cuando ves la obra pasa lo mismo, porque tiene giros inesperados, insólitos, disparatadísimos, ridículos, pero muy inteligentes.

–¿Cómo hizo la adaptación del texto? ¿Lo modificó?

–No hay nada agregado, hay cosas que sacamos y otras suspendidas porque demoraban demasiado la acción. Es un tipo de humor al estilo Woody Allen, de un chiste atrás de otro. Me imagino que Woody Allen debe escribir parecido, que escribe y escribe y después tiene que sacar cosas que son muy buenas pero que demoran o distraen. Ese fue el único “service” que necesitó la obra: sacarle unidades enteras de pasos de comedia muy graciosos, pero que para teatro se hacían muy largas. Con esos recortes priorizamos el relato, antes que el chiste. Eso es lo que más me gusta del material. A los personajes les pasa de todo mientras viven. A eso apunté en la puesta. Por eso les pido a los actores que sean lo más honestos y verdaderos. La comedia tiene la trampa de querer hacer reír y en cambio, en esta obra, el énfasis lo ponemos en la situación. Y en que sufran. Sufre horrores ese protagonista con todo lo que le sucede. La puesta está centrada en los actores viviendo una situación de verdad. Me gusta la honestidad. Yo compro la ficción cuando es honesta y ahí me meto y me lleva.

–El autor dice que el ser humano constantemente busca la felicidad. ¿Usted cree que es así?

–Soy una eterna positiva. Y si hay algo que busco siempre es la felicidad. No siempre la encuentro, a veces me da un trabajo bárbaro. Y a estos personajes les cuesta más porque nacieron en el seno de una familia judía, con todo lo que eso significa. Están rodeados de sufrimientos, de culpas, de miedos.

–¿Cómo analiza a este trío?

–Las personas nos pasamos la vida armando tríos. Y también armamos vínculos de a dos y de a tres. Y éste es uno de ésos. Les pasa de todo, están los celos y la competencia en el medio. Ellos se conocen mucho. Y hasta se ríen de ellos mismos. A veces las situaciones se les van de las manos. Son muy humanos los personajes, entonces los espectadores se identifican con algunos de ellos.

–¿Por qué decidió que toda la obra sucediera en una habitación?

–La obra está planteada desde la comedia brillante, en donde los personajes entran y salen todo el tiempo. Todo se cuenta desde la habitación. En realidad, con una gran cama se podría contar la historia de la humanidad.

–La obra pone es escena los vínculos afectivos. ¿Cree que cualquier espectador puede identificarse con alguno de ellos?

–La amistad es una palabra tan amplia. Y éstos son tres amigos a los que les pasa de todo: se aman, se odian, se hacen el amor. El texto habla de los vínculos y los explora. Siempre pensando que lo más importante es reírnos de nosotros mismos, sin ninguna pretensión de mostrar algo que no sabemos cómo es. Los personajes lo dicen todo el tiempo: “Díganme cómo hago para ser feliz”.

–¿El público siempre completa el hecho teatral?

–La obra siempre se completa con el público. Y cada función es distinta. El teatro está vivo, se pone en juego el aquí y ahora. Hoy te duele la panza, mañana hace calor, después tenés hambre. Y todo eso modifica al hecho teatral. Uno se imagina un recorrido, pero la realidad supera a la fantasía. Algunos dicen que se van reflexionando, aunque no es nuestra intención. Con que te diviertas y salgas con ganas de amar ya estamos completos.

Fuente: Página/12

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