viernes, 2 de noviembre de 2012

Pepe Cibrián Campoy


Pepe Cibrián Campoy. "Lo que hago es un acto de fe"

Con mucho gusto y velocidad, el dramaturgo y actor acepta el desafío de autoentrevistarse. Respetuoso tanto en el papel de entrevistador como en el de entrevistado, se trata de usted y contesta cada pregunta con una sinceridad absoluta. Por último, posa para su teléfono celular y consigue una composición de lo más pop y colorida.

-¿Cuál es su mayor fantasía?

-La fantasía de que me dejen seguir formando jóvenes. Pasiones. Vocaciones. Porque cada día siento que me van achicando más el campo. Porque me angustia que a esta juventud le enseñen un facilismo que aprenden en la televisión, cosa que no es real. Eso no es la lucha. Eso tampoco es el arte. Porque veo que los jóvenes se cansan cada día más, y los grandes como Alfredo Alcón, Enrique Pinti, Antonio Gasalla y tantos otros se cansan cada día menos, y entre ellos me incluyo.

-¿Cuál es la realidad de los jóvenes que no se cansan en el teatro?

-La realidad es que les es muy difícil encontrar espacios. Porque hay decenas de fantásticos lugares, pero que sólo les dan la oportunidad de hacer una función por semana. ¿Cómo adquirir oficio de esta manera? Hace poco leí que a un joven director de musicales, muy talentoso por cierto, en una nota lo definían como un director de culto . ¿Con dos o tres obras? ¿Entenderá que ese adjetivo aún le queda grande y será inteligente como para seguir peleando con sapiencia? Todo está confuso.

-¿Qué opina de palabras como coach , casting y swinger , que tanto se usan?

-Definen nuestra falta de identidad. Y la tenemos. ¿Te imaginás si al director técnico de la selección argentina de fútbol lo llamaran el coach? La gente se reiría a carcajadas. Yo lloro.

-¿Cuál obra de teatro le impactó más últimamente?

-La juventud de Alfredo Alcón, Claudia Lapacó y Rodolfo Bebán en Filosofía de vida , y la adultez de El cabaret de los hombres perdidos . Ambas antológicas.

-¿Se retiraría de la profesión?

-Yo soy profesional, por lo cual profeso, y al hacerlo lo que hago es un acto de fe. Si me retirara de la profesión tendría que perder la fe. Si así fuese, mis padres se pondrían muy tristes. Yo también.

-¿Le importó ser protagonista?

-Absolutamente.

-¿Lo consiguió?

-Absolutamente.

-¿Usted se cree genial?

-Absolutamente.

-Eso no es un acto humilde.

-Lo soy. Porque al aprender a escuchar opiniones soy humilde. Además..., genial.

-¿A quiénes les debe lo que es?

-A mis padres y a Ernestina y Tito Lectoure.

-¿Algo más?

-Gracias.

Fuente: La Nación

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