miércoles, 28 de noviembre de 2012

¡Llegó la música!


Conflictos en el interior de una orquesta

En “¡Llegó la música!”, de Alberto Ajaka, que transcurre en un teatro municipal en decadencia, se propone una burla a las arrogancias del mundo del arte culto.

Qué hace una orquesta de cámara cuando no ensaya? ¿Qué cosas pueden suceder en un teatro municipal hasta que llega la música? Algo de esto puede verse en Llegó la música, la última obra del actor y director Alberto Ajaka, que pone en escena a un grupo de jóvenes que rondan los treinta años para hablar del mundo del arte culto a través de las convicciones y vacilaciones de una generación.

Ellos conforman la orquesta de cámara de un teatro municipal en decadencia. Están en pleno ensayo de una pieza de Shostakóvich. A los roces ya existentes entre ellos se suman las maneras de ver el mundo de otros dos personajes: un viejo director que es contratado por el teatro para la ocasión y un solista argentino-alemán que llega al país con una agenda internacional muy cargada, claro desprecio hacia todo lo que no sea arte canonizado, y que visita la Argentina especialmente para la fecha.

En este contexto se desatan conflictos gremiales, debates sobre la falta de presupuesto y la política del director del teatro, y discusiones entre los artistas por muy variados asuntos: desde cómo recibir al artista invitado hasta cuál es la historia del pueblo judío, pasando por detalles de la vida de Shostakóvich, las expectativas sobre una gira por Europa y cuestiones morales sobre cómo desafiar al sistema capitalista.

Los conflictos al interior de la orquesta terminan por involucrar también a otro personaje, el guardia del teatro, un hombre de unos 40 años resignado a una vida triste que deja ver algo de sí cuando queda solo en el teatro, ordena la sala, escucha música en el celular, habla con algún amigo y lamenta el abandono de su novia.

A cada momento, un modo de entender la música se vuelve una manera de interpretar el arte, el país y las relaciones humanas. “Un sonido no es importante como tal, sino en un contexto, un sonido es lo que es por el silencio que lo precede”, vocifera una de las artistas en uno de los ataques de reflexión e histeria por los que pasan todos los músicos cuando no están tocando y que generan un efecto de contagio entre unos y otros. Así, con gran ironía y humor, los actores se burlan de las arrogancias del mundo del arte culto.

Los artistas debaten sobre todo aquello que los perturba, temas que tienen que ver y no con su labor artística. Durante esos momentos –que son la mayor parte de la obra– despliegan un nerviosismo contenido que cesa únicamente cuando hacen música. Cuando llega ese momento, todo queda en silencio. Las luces bajan y cada uno se entrega a su instrumento. Hacen música con el gesto. La pieza de Shostakóvich queda en el gesto de los músicos y el silencio con el que emprenden el gesto, sus caras de concentración y sus movimientos rítmicos en la penumbra de la sala. Pero algo siempre irrumpe esos instantes: la cumbia de los albañiles que están reparando el teatro, celulares, gritos, discusiones sobre el futuro de la especie humana.

“Las cosas ocurren para nivelar el planeta. Somos más que lo que el planeta puede soportar. A veces es un tsunami, otras accidentes por sobrecarga, y otras simple supervivencia. Hay siete mil millones de personas en la Tierra. Hace setenta años éramos dos mil. Vamos a ir a parar a los caños. La única solución es abandonar la urbanidad e irse a vivir al campo. Con control de la natalidad”, se escucha en una de las discusiones que se dan entre los músicos y despiertan la risa del público.

Escrita y dirigida por Ajaka (actualmente en cartel con Macbeth, en el San Martín) con escenografía y vestuario de Rodrigo González Garillo, ¡Llegó la música! cuenta con las excelentes actuaciones de Gabriela Saidon, Leonel Elizondo, María Villar, Karina Frau, Luciano Kaczer, Julia Martínez Rubio, Gabriel Zayat, Sol Fernández López, Andrés Rossi, Mariano Sayavedra y Gabriel Kogan. Como en su anterior obra, Cada una de las cosas iguales, el director pone en escena a una generación, tal vez la suya, perturbada por la imposibilidad de hacer realidad sus sueños, atrevidos, y de a ratos poseídos por la inseguridad sobre lo que quieren cuando pueden estar cerca de conseguirlo.

En el mundo culto, la clave –como sugiere hacia el final el viejo director– estaría en hacer el gesto hasta el final. “La cultura no existe. Lo único que existe es el gesto. Existe en el momento de existir para no existir más. ¡El gesto es ahora o nunca!”, grita uno de los músicos mientras la orquesta se encuentra en plena medida de fuerza, resistiendo al interior del teatro. No se sabe si es por amor a la música, pero todos parecen dispuestos a entregarse al delirio y a la celebración del instante.

FICHA
"¡Llegó la música!", por Alberto Ajaka
Lugar: Sala Escalada (Remedios de Escalada de San Martín 332).
Días y horarios: lunes y viernes a las 21.
Localidades: $50.

Fuente: Revista Ñ

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