jueves, 11 de octubre de 2012

Tres cuentos clásicos


Queridos personajes, en vivo

El comienzo del espectáculo no está en el escenario, sino en la platea: una enorme serie de pequeñas princesas se acomoda con impaciencia a la espera del inicio de la función.

El telón cerrado también tiene algo para mostrar: los bellos personajes de Disney ribetean la enorme tela que oculta, aún, la escenografía y las historias. Cuando aparecen los primeros invitados a la fiesta, el público estalla en aplausos, pero no son los personajes de los cuentos prometidos los que hacen su aparición, sino Goofy, Donald, Minnie y Mickey. Ellos serán los presentadores de los cuentos que se sucederán a continuación.

A un costado, un libro se ilumina cada vez que los cuentos se materializan en el escenario; y se produce el pasaje del relato verbal a la representación. Allí, surgen Blancanieves, la reina madrastra, el formidable espejo. El espacio escénico cambia ante la vista de los espectadores, del palacio al bosque o a la puerta que lleva a la casa de los enanitos.

Las verdaderas sorpresas están en el orden de los recursos puestos en juego: la transformación de la reina en bruja, por ejemplo. A su vez, el cuento se propone desde las acciones centrales e instala las canciones en un lugar de privilegio.

Como los relatos están enmarcados, hay permiso para los cortes y para las preguntas sobre la continuidad. Más difícil de aceptar es que toda una platea infantil le ruegue a Blancanieves que no pruebe la manzana y que ella desatienda el pedido y caiga, finalmente, después del mordisco fatal. Luego, como ya se sabe, vendrá el beso y la vuelta de tuerca en el relato.

El cuento que sigue es el de Cenicienta y las expectativas están puestas en la magia de la transformación. Esta vez, habrá un intervalo, adecuado en función de las necesidades de los más pequeños, teniendo en cuenta, además, sus tiempos de atención. Al regreso concluirá el cuento con el consabido final feliz. Y se vendrá el último, el de la Bella y la Bestia: ahora, de un lado del escenario está el libro iluminado y del otro, la rosa que deja caer sus pétalos. Así desfilarán las escenas del cuento, un poquito ajustadas, que se expanden sólo para dejar paso a las canciones. El momento previo al final será oscuro y tormentoso, pero cuando vuelva la luz se entenderá el porqué. El fin de fiesta reunirá a todos los personajes que pasaron por el escenario vestidos de gala, incluidos Donald, Goofy, Mickey y Minnie.

El balance final equilibra las actuaciones inexistentes, los bellísimos trajes, las conocidas canciones de Disney y los recursos escenotécnicos que, sin duda, sorprenderán a los pequeños espectadores, destinatarios de esta propuesta.

Fuente: La Nación

Sala: Gran Rex / Funciones: sábado y domingo, a las 12, 15 y 18

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