lunes, 29 de octubre de 2012

Norman Briski



Norman Briski: “Tengo el teatro para poder jugar”

A los 74 años, tiene dos obras en cartel en su teatro, a las que escribió, dirige y produce. Editó una novela. Y con “Babylon”, en TV, se da lugar para la actuación.

Hay un grupo de actores que no quiere dejar de tomar clases con Briski. A este puñado de criaturas reincidentes los llama “los crónicos” o, en la faena interna de Calibán -su teatro-“los anómalos”. Pasaron pruebas de fuego con el docente y viceversa. “Yo les decía tomensélas, vayan a estudiar con ( Juan Carlos ) Gené, con la ( Verónica ) Oddó. Y a las dos semanas volvían. Andaban sueltos, tenían su tema con los psicofármacos, se sacudían desde la mañana. Jodido. Hablé con mi terapeuta para ver qué hacía con ellos, me preguntaba todo el tiempo ¿Cómo hago para ayudarlos y que no sea aristocráticamente?

Y les escribí una obra, pensando en ellos como actores y en su ranura potente ¿entendés? No tienen grandes cosas, pero si atravesás esa ranura producen cosas muuuy importantes. La obra se llama Domingo puchero , y están geniales. Vengan a verlos.” ¿Qué le dejás a un actor?

Todos andan con el marcador puesto, el estudiante mismo busca la marca. Porque en el capitalismo si tenés una marca, vas a tener un ranchito donde vivir. Yo no propongo poner ni dar una marca. Hay actores que estudiaron un rato conmigo y se ve claramente que tienen su propia estética. Los incentivo a que encuentren sus maneras. Te diría que soy un seguidor del actor que tiene su estética. Cuando Tato ( Pavlovsky ) ensaya conmigo, me dice: yo no sé si haría esto, pero yo te sigo . Eso es lindo porque habla de su capacidad de entregarse a la estética del otro. Yo estoy aburrido de la mía. Si el otro tiene novedades, me meto.

¿Cuándo te animaste a dar una clase por primera vez?

Hay varios momentos y fueron distintos entre sí. Uno sería el exilio. Pero ojo, nunca lo vi como un medio para ganarme el puchero, pero puede ser que en ciertos momentos ..., en fin. Yo di clases en el Puerto Rican Traveling Theatre, en Nueva York. Les llamaba la atención mi aporte, estaban encantados. También hice teatro popular, en villas y en las fábricas, donde tuve que formar una estética con los actores con los que contaba en ese momento.

¿Reconocés algo de la intensidad que vos jugaste como actor en esta época del teatro porteño?

Es la pregunta temida, porque no sé qué pasa en el teatro argentino. Me vienen con información, pero no voy mucho al teatro. Ves el diario y decís: ¡ Mierda! probablemente sea uno de los países del mundo con más actividad teatral .

Te aburre el teatro.

Hmm ... en general, sí, me aburre mucho. También el cine y ni hablar la televisión. Por las películas que miro parece que tengo una incapacidad síquica severa, porque me quedé en la época de Buster Keaton. Mira, estoy haciendo un mediometraje, que se llama Malena , con muñecos de un centímetro y medio. Sin actores. La paso bien.

A su lado, Briski tiene a su “compañera”, una actriz a quien aventaja en casi cuatro décadas. Ella apuntala el edificio de frases en las que él garabatea definiciones. Cuando habla de su novela Nagasaki se subleva , donde incluye en un apéndice a la obra de teatro El barro se subleva -actualmente en cartel- dice que sus recursos “son como cuando uno tiene cáncer y le aparecen metástasis. Así es como escribo, metastásicamente : mis recursos aparecen en cualquier lado.” ¿Qué tiene que ver una novela con el teatro?

No sé. Tiene que ver conmigo, en cómo me explico ciertas cosas. El personaje más importante de Nagasaki ... es un marginado que fue expulsado de la estructura familiar, universitaria y del mundo intelectual que vivió. La consecuencia de toda esa biografía es que se convierte en un hombre que termina viviendo detrás del ropero.

¿Por qué te lanzaste a la narrativa?

Porque esta novela tuvo un coágulo inicial y se me ocurrió escribirlo. Tenía una imagen en la que era invitado a un aniversario de la bomba a Nagasaki, salía al balcón del hotel donde me alojaron, y veía a una tropa del ejército japonés tratando de entrar a un túnel. Como era muy ancha la tropa, el oficial buscaba la forma de ubicarlos para que puedan entrar.

¿Te pasó algo de esto?

Fui invitado varias veces a encuentros de intelectuales en Cuba, en Brasil y qué se yo cuántos lados. Y me sentí un hombre aristocratizado por mi labor de actor. Otro empuje para escribir la novela fue Chico Buarque: si él escribió una novela ¿por qué no la puedo hacer yo? ; ¿ Si Joyce escribió una novela que se llama Ulises , y es un delirio, ¿por qué no lo podría hacer yo? Como no tengo compromisos con ninguna editorial ni partidocracia, hice de una novela una obra de teatro. Así relato la continuidad de mi accionar.

Al personaje de “El barro ...”, en teatro, su genética es lo que lo vuelve “revolucionario”.

Sí, una persona cuando es revolucionaria, lo es genéticamente. Ese personaje está buscando un mundo más divertido, más ecuánime, menos capitalista. El teatro y la novela que hice tiene que ver con el acorralamiento en que estamos sometidos los que tenemos una experiencia libertaria: si querés que la gente esté mejor y el mundo esté más digno, te acorralan de preguntas ¿qué te pasa?, ¿por qué pensás así?

¿Es una obra de desencanto o de trinchera?

Mirá, se puede dejar de cantar tranquilamente, porque tenés que preguntarte ¿qué estabas cantando? Hay cosas que hay que desencantar para poder volver a cantarlas.

¿Qué te da el teatro como campo de prueba para lo que escribís?

Es un dispositivo que conozco o creo conocer. Tengo el teatro para poder jugar. Si fuese cirujano plástico, no sé cómo expresaría todo esto ... le pondría tres tetas grandes a una mina.


Fuente: Clarín

Desarmando el “personaje”
Actor, sólo en la televisión

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