miércoles, 10 de octubre de 2012

Gerardo Baamonde: Pessoa (saudades)


Gerardo Baamonde, ese actor que juega a ser uno... y miles

Luego de girar por el país con María de Buenos Aires, protagoniza Pessoa (saudades), dirigida por Javier García

Gerardo Baamonde abre la puerta de su camarín vestido de Fernando Pessoa, con su bigote, camisa, moño rojo, lentes y pantalón de vestir, listo para subirse a escena y protagonizar el unipersonal Pessoa (saudades), ópera prima de Javier García.

"Yo soy el auténtico ecléctico", suelta durante la charla. Como le sucedía al atormentado escritor portugués, Gerardo no se conforma con vivir su propia vida y siempre encuentra la manera de entrar en la piel de otro, o de varios otros a la vez.

Se define como un ser voraz y así lo demuestra su camino: se formó como actor en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Buenos Aires, la Escuela Argentina de Mimo y se formó también en técnica Lecoq. Fue seleccionado para formar parte del Cirque du Soleil, pero, lejos de todo pronóstico, decidió decir que no porque prefirió disfrutar de su pequeño hijo de siete años y, además, porque sentía que quedándose aquí podía enfrentarse a mayores desafíos.

Durante este año no sólo formó parte de la gira nacional de María de Buenos Aires, de Horacio Ferrer, junto a Guillermo Fernández y un gran elenco, sino que también dirigió una comedia musical y filmó un largometraje, junto a Noralih Gago y Carlos Portaluppi.

En una charla con LA NACION, Gerardo Baamonde habla sobre su formación , sus maestros, la impunidad de ser intérprete y el desafío de ser Pessoa, un hombre que supo sentir por todos.

-¿Cómo iniciaste tu camino como actor?
-Yo soy el auténtico ecléctico, o el artista multidisciplinario. Yo soy egresado de la Escuela Municipal de Arte Dramático, de la Escuela Argentina de Mimo, de la escuela de Jacques Lecoq, o sea que no sólo soy clown o doy clases de clown sino que doy todos los cursos: bufón, melodrama, comedia del arte. Y además hago circo. Entonces, soy muy ecléctico. Además, me especialicé en Sammuel Beckett, que es uno de mis autores preferidos. Y además, la danza, que es muy importante. Estuve años trabajando en grupos de teatro danza. Lo último que hice de danza fue La Duarte, con Eleonora Cassano. Lo que creo es que tengo una gran voracidad. Y creo que el arte es una.

-Además de todo esto, sos cantante.
-Sí, este año dirigí una comedia musical donde además actué, con un libro de Javier Lombardo. He hecho de todo, desde comedia musical con Pepe Cibrián hasta danza con Eleonora Cassano. Soy voraz.

-¿Te considerás esencialmente un "bicho de teatro"?
-Bicho de teatro totalmente. Este año me volvieron a llamar del Cirque du Solei, siempre me están tentando, pero es mucho tiempo irme un año, año y medio de gira, pero tengo un hijo de siete años y prefiero disfrutarlo. Prefiero quedarme acá y hacer mis proyectos de teatro acá, que son múltiples. Irme mucho tiempo para trabajar de clown simplemente, con todo lo que uno imagina que es el Cirque du Solei, pero es un número de clown. Cuando vas al Solei, vas a hacer el número que ya está hecho y como está hecho. Y me parece mucho mayor el desafío de hacer Pessoa.

-¿Te gusta más estar en el lugar de intérprete que de director?
-Me divierte más ser intérprete porque soy más libre. Soy más impune. El director es el que dice: esto sí, esto no.

-¿Quiénes fueron tus maestros?
-Tuve muchos, pero sobre todo Miguel Guerberoff. Me hizo comprender el teatro, el hecho de interesarme profundamente por ciertos tipos de autores, como Beckett, que si los hacés bien todos los demás autores son mucho más fáciles.

-Pese a ser un hombre de teatro, en el cine y la TV también incursionaste...
-Sí. De hecho, acabo de terminar un largometraje, Los rulos de Lulú, de José Santiso, con Carlos Portaluppi, Noralih Gago y Roly Serrano, entre otros. Vengo de filmar el largo éste, que es casi un grotesco que está en el mundo del tango, y ahí interpreto a un músico mudo. Fue muy placentero hacerlo. El cine me gusta mucho. Y la televisión lleva mucho tiempo. Me deja muy poco tiempo para el teatro. Pero me gusta mucho. He tenido ciclos maravillosos, como Mesa de noticias, donde trabajé cuatro años, o Peor es nada, con Guinzburg y Fontova. El año pasado estuve en Cuando me sonreís y en Los únicos. Tengo un par de proyectos que estoy viendo ahora.

-¿Cómo llega a vos la propuesta de hacer Pessoa (saudades)?
-Javier me elige porque me recomienda Rosalía Celentano, que es una productora del San Martín Él vino con su obra, que es maravillosa. Yo la única referencia de Pessoa que tenía era de haber leído El libro del desasosiego. Y yo siempre digo que la maravilla de ser actor es que mejora tu capacidad de entendimiento como lector. Estudiar los textos profundamente y desgranarlo para poder decirlo.

-¿Qué estado te deja pasar por Pessoa, o que Pessoa pase por vos?
-Te transmuta, te atraviesa. Además es muy teatral. Tiene textos maravillosos como: "Soy como un escenario vivo por donde pasan varios personajes interpretando obras diversas". Es maravilloso, porque no sólo comprendo el texto sino que el texto me ayuda a comprenderme. Tengo más certezas sobre mí.

-¿Y de qué manera está organizado ese imaginario en la obra?
-Javier la estructuró de alguna manera de acuerdo con cómo el escritor fue pasando sus últimos días. Todo lo que publicó en vida fue un libro de poemas. El desasosiego son baúles enteros de reflexiones del tipo. Así como el actor tiene múltiples personajes, él tiene como cincuenta autores que inventó, y cada uno tiene su personalidad. Es muy teatral en su vida, es como un actor que escribe.

-¿Qué te acerca a Pessoa?
-Su heteronimia, esa multiplicidad de personajes que viven en él. Estoy haciendo algo y voy a ver un espectáculo de danza y pienso: "Lo que tengo que hacer es bailar".

-Como un niño eterno...
-Sí, hasta Pessoa lo dice: "Yo creo que Dios me hizo para ser un niño y me mantuvo un niño eterno". A mí, ser intérprete me mantiene niño..

Pessoa (saudades)
De Javier García, con textos de Fernando Pessoa, traducidos por Santiago Kovadloff / Miércoles, a las 20.30 / En El Tinglado, Mario Bravo 948.

Fuente: La Nación

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