sábado, 27 de octubre de 2012

Gabriel Wolf y Catherine Biquard: Tan sólo un gesto


En la montaña rusa del vínculo

En la ópera prima de Diego Carreña, los actores interpretan a una pareja que ya no se soporta, que convive, pero ya se separó varias veces. “A través de los reclamos y el exabrupto constantes, ellos exageran una energía que es la excusa para estar juntos”, explican ellos.

¿Alguna vez hablará en serio Gabriel Wolf? En esta entrevista que comparte con Catherine Biquard, su compañera de elenco en la comedia Tan sólo un gesto (sábados a las 22.30 en Auditorio Losada, Corrientes 1551), se nota que para eso tiene que hacer un esfuerzo. El macoco y Biquard se chicanean en la nota como ocurre en la obra, ópera prima de Diego Carreña, en la que interpretan a una pareja que ya no se soporta, que convive, pero que se separó varias veces. Eusebio, el personaje de Wolf, está durante toda la obra en pijama en la habitación y muestra indicios de una depresión galopante. Ella, Giselle, llega a la casa después de haber partido con nuevos reproches. Es una obra sencilla, con un texto dinámico, en la que es fundamental la química entre estos actores experimentados.

A Wolf se lo ve en un registro diferente al que maneja en los espectáculos del grupo que tiene 27 años de trayectoria, integrado además por Martín Salazar y Daniel Casablanca. “Estuvo bueno salirme de Los Macocos y probar otro tipo de espectáculo”, se entusiasma el actor flacucho y de ojos bien abiertos. No se ha alejado, sin embargo, del humor. “Pero la comedia está más basada en los vínculos entre los personajes que en hacer reír. Y obviamente me encuentro con otro tipo de público. No tengo tanta experiencia por fuera de Macocos, ésta es la segunda obra que pruebo. En 2004 hice Bulimia, de Leo Maslíah”, cuenta. Biquard tiene experiencia en cine (Una novia errante, de Ana Katz; Sin retorno, de Miguel Cohan, y Naikor, un mediometraje de Pablo Trapero) y lleva una década y 300 funciones con su compañía Teatro a la Hora de los Postres, que lleva obras y tortas a domicilio.

–¿Qué relación tenían con Carreña?

Gabriel Wolf: –Bueno, él fue novio mío... No pongas eso (risas). Diego fue alumno mío cuando daba clases en los ’90. Después, él hizo su camino y yo seguí por el mío. Me convocó para esta obra e invertimos los roles. ¿Y la señorita?

Catherine Biquard: –Tenemos un amigo en común que es director de cine que el año pasado hizo un “treiler” (sic) como para un programa de televisión...

G. W.: –¿Qué es un “treiler”? ¡Trailer!

C. B.: –Bueno, qué atento que estás.

G. W.: –Y bueno. Es porque llegué temprano (tose).

–¿En qué se concentraron en los ensayos?

C. B.: –Sobre todo en el desarrollo de la obra, en cómo va terminando de terminar la relación entre Eusebio y Giselle.

G. W.: –Pero no digas “terminar”, porque eso es abierto. Hay “ondonadas” que tiene la pareja. Eso era un estímulo para nosotros, para ver cómo íbamos armando los personajes: cuánto había de amor, alegría y felicidad y cuánto había de odios, reclamos y pases de factura. Esa montaña rusa del vínculo se fue volcando a la obra.

–¿Cómo analizan lo que vive esta pareja?

C. B.: –Están juntos para no estar solos. Tienen unas incompatibilidades importantes...

G. W.: –Como la caída del pelo.

C. B.: –Cualquier cosa es pólvora. Explota todo. No veo que puedan estar mucho tiempo juntos y felices. Bueno, hay gente que se pasa la vida así y es feliz, qué sé yo... Yo prefiero otra clase de relación.

G. W.: –A mí me gusta así (risas). Con Juli llevo veinte años perfectos. Y cuatro meses de novios. Me voy a poner sesudo: a través de los reclamos y el exabrupto constantes, la pareja exagera una energía que es la excusa para estar juntos. Si no nos peleamos, ¿qué hacemos? ¿De qué hablamos?

–Por momentos pareciera que ni ellos mismos creen en el motivo de sus peleas, como si se pelearan para después reírse de eso.

C. B.: –El humor es indispensable en la vida de cualquier persona y sobre todo en las parejas. Y uno, con los años, ve graciosos los defectos del otro. Piensa: “Uh, a éste le agarró la pataleta de nuevo”.

G. W.: –¡No digas eso! Queda feo hablar del defecto del otro.

C. B.: –¡Dejá de editar lo que digo y lo que va a poner ella! ¡Cada uno dice lo que quiere!

–Si no sale la nota, será culpa suya. ¿Qué piensan de esa frase de Violencia Rivas que dice que “el amor es soportar la mierda del otro”?

G. W.: –No comparto ni en pedo.

C. B.: –Yo comparto. Y también que el otro aguante la mierda de uno. El aguante es parte del respeto.

G. W.: –Bue... Zapata Biquard. (A ella) Hola, comandante Marcos. Se puso muy escatológico el asunto, ¿podemos empezar de nuevo?

C. B.: –Es cuestión de proporciones: en esta pareja, el porcentaje de tiempo que se pelean es mucho mayor al que disfrutan y se acompañan. Ella tiene un temita: cuando la cosa se pone bien, tiene que boicotearla. Hay algo en la felicidad y en la paz que incomoda: pareciera que uno necesita tener conflicto. Porque si todo fuera paz y amor, sería medio aburrido.

G. W.: –Lo que incomoda de La Paz es la altura... No, hablemos en serio. El tema es cuánto hace uno para ascender a un lugar apacible y de cariño y cuánto hace por desinflar eso. ¿Viste que los europeos envidian el conflicto de los latinoamericanos? Ahora están medio en crisis. Pero en lugares como Suecia y Noruega envidian al latinoamericano que siempre tiene una cosa que no le sale bien.

–No habló de su personaje, Wolf. ¿Cómo lo compuso?

G. W.: –Eusebio es un poquito más sumiso al vínculo con ella. Al principio parecía que estábamos los dos en la misma línea de la discusión, pero con las funciones me di cuenta de que Eusebio podía llegar a aceptar más. Incluso empiezo diciendo que ella se fue y que estoy triste, aunque después me enoje. Mi vieja me dijo: “El nunca se va, cuando en general es el varón el que se va de la casa”.

C. B.: –Pero creo que eso es porque el departamento es de él (risas). El es más pasivo. En general es ella la que le dice: “Vamos a comer afuera, hablemos de otra cosa, juguemos al Scrabble”. Ella propone. El tiene poco interés por la vida. Es de los que se dejan llevar por la corriente, no tiene sueños. En cambio, mi personaje quiere ser cantante... Ella tiene pilas y energía, pero bastante mal canalizada, porque de un día para otro no se puede ser cantante. La obra muestra todo lo que les pasa a dos personas, sobre todo a un hombre y a una mujer que tienen una relación. Y también lo distintos que somos los hombres de las mujeres.

G. W.: –¿Somos? ¿Los hombres? ¿Cómo?

C. B.:
–Uh, se descubrió... ¡Eso no lo pongas!

Fuente: Página/12

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