viernes, 26 de octubre de 2012

Cristina Banegas



"Es importante celebrar el paso del tiempo"

La actriz festejará 45 años sobre el escenario. Cantará con su madre Nelly Prince y charlará con colegas y amigos. Una vida de arte y entrega.

Afuera la lluvia convierte la ciudad en un gran charco. Adentro el agua se calienta en la pava. Cristina Banegas hace a un lado de la mesa de madera sus libros y apuntes y se hace cargo del mate. Su casa, su refugio, en pleno corazón de Palermo, es el escenario de una charla donde, con la excusa de celebrar sus 45 años de teatro, la actriz hablará de su vida como alumna, maestra y artista.
El festejo será el próximo martes a las 19 hs. en el Centro Cultural de la Cooperación, con entrada libre y gratuita, y constará, entre otras actividades, de una mesa redonda con colegas y referentes de la escena teatral. Además, ecantará con su mamá Nelly Prince.

–¿Cómo te sentís siendo protagonista fuera de una ficción?
–Por un lado, quiero que sea todo muy sencillo, que hablemos de teatro pero no de mí, que esté un poco corrido del autobombo pero también me parece importante celebrar, entonces me da menos timidez. Creo que es importante celebrar el paso del tiempo. Ya lo hice cuando celebramos los 25 años de El Excéntrico de la 18 que es nuestro espacio que dirige mi hija, Valentina Fernández De Rosa. Estoy contenta de haber sido de las primeras personas que armó una estructura así, que combina la investigación, la experimentación que es lo que hace que el teatro argentino sea tan importante.
–Decís que celebrarlo con Molly Bloom es la fiesta más difícil...
–Sí, porque Molly Bloom es un concierto, no es una puesta en escena teatral tradicional. Estoy dirigida por Carmen Baliero y tiene una concepción sonora especial, no sólo de lo que canto, sino también en la voz hablada, los crescendo, los pianissimos.
–¿Cómo pensás el encuentro con tu madre en esta celebración?
–Creo que tiene que estar porque ella es una mujer grande, está ensayando una obra en el San Martín, tiene una enorme energía, está muy activa, es memoriosa, muy curiosa. Empezó a trabajar a los nueve años en la radio de modo que sería una locura que no estuviera. Las dos pertenecemos al mundo del espectáculo y hemos compartido algunos trabajos y algunos tanguitos.
–De esas primeras subidas a escena, ¿qué cosas conservás hasta el día de hoy y qué cosas fuiste dejando de lado?
–Seguramente he ido manteniendo algunos rituales y cambiando otros. Hice diferentes técnicas y entrenamientos. Cada espectáculo que hago marca sus propias reglas de juego, sus propias necesidades de cómo tengo que prepararme. Nunca me preparo de la misma manera más allá del maquillaje, el vestuario, la meditación. Ahora estoy sola en escena, pero por lo general hay camarines y los camarines son la obra de la obra, a veces son más interesantes que la obra y lo digo muy en serio. Pero hay constantes, la taquicardia nunca se fue.
–¿Los miedos son los mismos? El público, la letra...
–El público, la letra... son los mismos (risas). Además de pensar quién vino a verme, si hay alguien conocido.
–¿Es mejor saberlo o no?
–Yo soy una tarada porque en realidad sería mejor que no supiera por cómo me pongo, pero quiero saber. Es malo porque me paranoiqueo. Empezás a mirarte imaginando cómo te ve el otro y te quita energía de actuación, te disocia.
–¿Recordás algún consejo o palabra que te haya acompañado en este recorrido?
–Hedy Crilla, que fue una gran maestra, directora y actriz, maestra de los maestos de los años sesenta y setenta, Gandolfo, Alezzo y Augusto Fernándes, hacía un seminario que se llamaba "La palabra en acción". Yo recuerdo  que había puesto en su estudio un cartel que decía: "Señores, el teatro es muy difícil" (risas). Era como para que uno supiera que iba al matadero, donde no iban a tener ningún tipo de condescendencia. En ese lugar se trabajaba sobre la construcción del discurso, de la palabra como acción, como imagen, como objeto que circula. Ella fue muy poderosa en ese sentido, me dejó muy marcada ya que desde chica tengo una relación estrecha con la escritura, con la poesía. Esta relación con la palabra fue fundante para mi formación como actriz. Además toda mi relación con Alberto Ure fue fundamental. Fueron más de siete años los que trabajé con él y de alguna manera reconfiguraron mi relación con la actuación, con la cámara y con el espectador.
Ure decía que los actores, por definición, somos gente con primaria incompleta.
–Y vos como maestra, más allá del programa del curso, ¿qué es lo que te gustaría que recordaran los alumnos años después del paso por el aula?
–En principio, hay algo que tiene que ver con lo que uno podría llamar una ética de la actuación, que creo que es importante intentar transmitir. Lo que significa esta ofrenda, esta relación con el ojo que mira y, claro, algunas técnicas, algunos recursos, que se lleven herramientas para que puedan construir una buena actuación, de buena arquitectura. Si la actuación es una construcción de signos, vos podés construir desde diferentes lugares pero lo importante es que esa construcción sea poderosa, expresiva, que apunte a una poética, a cierta intención de revelación de algo que está en el corazón de lo que estés haciendo, de lo inefable que significa el teatro como espacio de comunión, de intercambio, de comunicación.
–Hablás de la mirada del otro pero la tuya también es imponente para muchos colegas, ¿cómo sos como espectadora?
–Voy al teatro todo lo que puedo y cuando me gusta algo soy muy vocera, como la última obra de Boris, Viejo, solo y puto, que es muy interesante. Me gusta Bartís y hay otros directores que me parecen atractivos, poderosos, con imaginarios fuertes y búsquedas interesantes. Hay otros que me parece que se han corrido a una especie de entrega de su capacidad creativa en pos de ganar mucho dinero y hacer teatro complaciente, digestivo,
–¿En qué momento personal te encuentra esta celebración?
–Estoy contenta, muy contenta de haber podido sostener una posición durante tanto tiempo, rigurosa, selectiva y honesta conmigo misma. Se trata de hacer lo que quiero hacer, más allá de lo que implique el dinero que me pueda traer, o los peces de colores. Estoy muy acostumbrada a la lucha, a trabajar. Sé que las cosas salgan bien es mucho mas difícil y lleva mucho trabajo porque requiere mucha más construcción, complejidad, inteligencia, sutileza, imaginación, pero hacía allí sigue yendo la experimentación y la búsqueda.

Fuera de la escena, vivir como un axolotl

Para esta celebración, Cristina Banegas escribió un texto que será entregado con el programa y al que llamó Axolotl. "Vivir con la sensación permanente de estar fuera de lugar. Por eso, sumergida en el fondo", describe la artista. Sobre este "monstruo de las profundidades", la actriz describe: "Una vez con María Moreno estábamos en el Mercado de Frutos del Tigre y había un acuario. Coincidimos en que nos sentíamos axolotl, ese animal ahí en el fondo de la pecera, apartado, medio extraño. Sentimos una identificación profunda que tenía que ver con nosotras. De alguna manera, la metáfora tiene que ver con esa hiper presencia que uno construye cuando sale a actuar a un escenario, con esa hiperrealidad que es la ficción, con esa hiperadrenalina que suelto cuando actúo, esa intensidad extraordinaria que tiene actuar, sobre todo cuando uno la pone, la ofrenda".
Cristina Banegas asegura que desde chica sintió esa "vena" al actuar, a la que describe "más mística que religiosa", ya que tiene muy en claro que su única religión es el teatro.
"Me parece que el axolotl es la contra escena de esa hiperexposición, la imagen, la escena, la construcción de sentido, el abismo que tiene el escenario."
"¿Qué hago cuando no actuó", se pregunta la actriz y se contesta: "Soy una especie de tarada que está tratando de reponerse, una especie de aparato que espera que llegue el momento para ir de nuevo al camarín a ponerme todo, meditar, tener taquicardia, esa intensidad, ese disfrute, ese goce que tiene actuar."

Los resultados de una gran intuición

En los próximos días, Cristina Banegas viajará a Nueva York para participar de la entrega de los Premios Emmy Internacionales por su trabajo en el ciclo Televisión por la Inclusión (Canal 9).
"Es interesante lo que sucedió, ya que se presentaron dos capítulos que significaron dos nominaciones: el de Darío Grandinetti y el mío", cuenta la actriz, entusiasmada por la distinción.
"Me metí en Internet para ver con quién compito, creo que una actriz inglesa y con alguien más. De cualquier manera, me parece importante la nominación así como la preselección para el Oscar de Infancia clandestina, película donde participé. Estoy muy conenta", agrega la actriz.

–Elegiste muy bien tus trabajos.
–Siempre elijo. A veces me equivoco, a veces sale mal, pero soy muy selectiva. Creo que es la única manera de dormir tranquila y es una cuestión de estómago. Si no me va, ni pregunto cuánta guita hay ni nada. Mi casa es cara de mantener, tengo una madre a la que ayudo, llevar un espacio como El Excéntrico es muy costoso –más allá de que tenemos subsidios–, no nadamos en la abundancia ni mucho menos, de modo que no podría no trabajar, pero así y todo, nunca especulo con el dinero. Si un guión no me interesa, no lo hago.
–¿Siempre pudiste guiarte por la intuición?
–Sí, me fijo si me veo o no haciendo las cosas, si me imagino. Después están los resultados. Además, son todos fenómenos colectivos, no dependen de si uno sólo hace las cosas bien o mal. Hay proyectos donde no me gusta todo lo que hace al objeto estético, pero bueno, si no, no haría nada.

"Si uno piensa el teatro     como un negocio, estamos jodidos"

–Durante varias temporadas trabajaste en el Teatro San Martín y sos una enérgica defensora de ese espacio. ¿Notaste algún cambio político tras los sucesivos reclamos de la comunidad artística?
–Me parece que no. Hay una decisión muy fuerte de cómo conducir la programación de un teatro como el San Martín, con varias salas. De alguna manera, es el más importante de la ciudad y creo que mantenerlo es una responsabilidad que no debería estar compartida con gente que tiene sus propios espacios comerciales. Más allá de que haya un teatro comercial y un teatro popular interesantísimo, me parece que si uno piensa el teatro como un negocio, estamos jodidos.
Hay una decisión política de dejarlo caer y que luego venga la semiprivatización o lo que pasó con el Colón. Hubo una gran especulación, fue el gran negocio de vender pedazos de madera del Teatro Colón para regalos empresariales, yo lo ví, me llegó. Eran parte de los regalos empresariales de la gestión Macri. Lo que he puteado ese día...

Cristina Banegas toma aire, respira, pero sigue enojada. "Todo esto para que después se hiciera un nuevo escenario, malo, donde los bailarines se tropiezan, no tiene cámara de aire, es un escenario absolutamente duro donde la gente se lesiona. Quedó precioso, imaginate el negocio, pero para el afuera. Los archivos, los talleres, está todo deteriorado. El taller de vestuario del San Martín, en la medida en que se fue jubilando gente, los verdaderos artesanos, el oficio se fue perdiendo. Si no se transmite el conocimiento, se pierde, y termina siendo tercerizado el trabajo. Es algo abortivo que tiene la historia de la cultura argentina que viene a borrar lo que hizo la gestión anterior. Me acuerdo cuando empezaron los carteles de Macri que decían 'Haciendo Buenos Aires' y yo pensaba: 'Hijo de puta, ¿vos venís a hacer Buenos Aires? ¿No estaba hecha? ¿Somos una manga de tarados que estábamos en La Pampa?' Qué hijo de puta."


Fuente: Tiempo Argentino

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