martes, 9 de octubre de 2012

Camila Mansilla: El abismo


“Pienso un teatro sin más pretensiones que contar una historia”

Por Hernán Salcedo

Camila Mansilla es la directora de “El abismo”, un espectáculo teatral basado en “El vértigo”, de Armando Discépolo. Convocada por un grupo de actores, decidió investigar este texto con el que buscó desarrollar su mirada a favor de un teatro “para todos y que no excluye”.

“El vértigo es uno de los primeros textos de Discépolo. Lo empieza a escribir tratando de parecerse a Florencio Sánchez y a todo lo que era reconocido por la crítica en ese momento. En general eran melodramas atravesados por un poco de realismo y planteaban historias que podían ser emocionantes y reconocibles”, explica la directora.

Mansilla, que es docente de historia del teatro y de dramaturgia, también está codirigiendo junto a Julio Chávez la obra “La cabra”, en el teatro Tabarís.

¿Cómo aparece el texto de Discépolo en tu puesta? ¿Está respetado el original o funciona como disparador? 

Yo quise mantener el texto porque me gusta mucho la obra. El único ejercicio que tuve que hacer en la adaptación es que se pudiera escuchar hoy y que lo pudieran hacer los actores que me habían convocado.

¿Cuál es el tema que atraviesa la obra? ¿Qué cuenta?

La obra cuenta una historia muy chiquitita de amor trágico, no feliz. Todo está instalado en un taller de una familia de inmigrantes que son arregladores de joyas. Hay uno que es el que los trajo de Italia, al que le deben todo. Como está enamorado de la hija de esa familia, pretende que se la entreguen. A su vez, ella está enamorada de otro hombre, también italiano, pero de otra condición social.

Es un conflicto entre inmigrantes que han adquirido distintos niveles sociales, pero en un punto todos están en un lugar que no les es propio.

¿Cuál es la actualidad que tiene el texto en torno al tema de la inmigración?

Yo en realidad me corro de la problemática de la inmigración porque la de las últimas décadas del siglo XIX tiene otra situación cultural y otros problemas que la actual. Lo que está siempre presente es aquellos que son marginales en un lugar, que no son la cultura legitimada. Son aquellos que van a estar fuera del lugar de origen.

Medio arbitrariamente, traté de pensar en qué grupo puede ser y que al mismo tiempo siga siendo teatro, que no sea una cuestión realista, documental. Si pienso en los bolivianos en la Argentina es demasiado real. Yo me metí con los gitanos, un grupo un poco desconocido que podía tener una posibilidad teatral.

En vez de pensar la problemática a nivel local elegiste algo que funcionara de manera más universal.

Algo universal pero que produce esta cosa de gente que siempre va a estar fuera del lugar. Aparece como algo trasladado que tiene que ver con que el inmigrante está en otro suelo y no sabe cuál es el suelo de él. Los gitanos tienen eso, la situación nómade permanente.

¿Tuviste en cuenta alguna particularidad con respecto a la puesta en escena?

Discépolo tiene esto del teatro como el teatro puro, en el sentido de que hay algo de un teatro que no tiene más pretensiones que contar una historia. Yo me centré  en tratar de contar la historia que cuenta Discépolo y en construir los personajes para que cuenten una historia. A mí me da cierto placer eso, que tiene que ver con un teatro que es para todos, que no excluye.


El abismo
Dramaturgia y dirección: Camila Mansilla
Elenco: Aldo Alessandrini, Ramón Gaona, Hernán Húbeli, Claudio Méndez Casariego, Marta Montes de Oca, Luz Palazón, Mercedes Quinteros, José María Regueira
Dirección: Camila Mansilla
Asistencia de dirección: Camila Vilar
Viernes, a las 23, en Teatro Taller del Angel, Mario Bravo 1239, C.A.B.A. Reservas al 4963

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