lunes, 24 de septiembre de 2012

Recordando con ira


Odio y amor se enfrentan en un duelo verbal donde las bromas van en serio

La obra de John Osborne abre una mirada actual sobre las relaciones amorosas que, en algunas ocasiones, pueden convertirse en una trampa. Romina Gaetani, en su regreso al teatro, construye un personaje sólido y conmovedor.

Cuando en mayo de 1956 el Royal Court Theatre, de Londres, estrenó Recordando con ira (Look Back in Anger, su título original en inglés) seguramente las autoridades de la sala desconocían el éxito y el cambio que produciría esta obra de John Osborne en la dramaturgia inglesa. Un año después se presentaría en Broadway y, rápidamente, en 1958, Buenos Aires sería una de las capitales del mundo que tendría el privilegio de contar con una puesta de esta pieza. Coincidencia o cálculo, una nueva versión de Recordando con ira se estrenó en la Sala Casacuberta, del Teatro San Martín, mientras en paralelo, el Teatro Laura Pels, del off Broadway de Nueva York, tiene una versión  desde febrero.
Ya su título será para el espectador una pista de lo que estará por ver. El odio y el amor, esa dualidad de sentimientos que suele enfrentarse, se hace presente durante los 90 minutos que dura esta obra basada en pasajes autobiográficos del autor. Escrita en 17 días su estreno generó tal provocación que acuñó el movimiento de los "jóvenes iracundos" (angry young men), artistas que a través de sus obras expresaron la amargura de las clases bajas frente a la hipocresía de las clases media y alta.
La actualidad del texto de Osborne, casi 60 años después, permanece intocable al paso del tiempo y sus diálogos –filosos, tajantes y penetrantes–, meten de lleno al público en esa atmósfera rarecida en donde la violencia verbal se hace presente, medio en broma y muy en serio, entre los cuatro personajes que encarnan Romina Gaetani, Esteban Meloni, Guillermo Arengo y Andrea Bonelli.
La acción transcurre en la buhardilla de una casa, que sirve de departamento en el que conviven Jimmy Porter (Meloni), su mujer Alison (Gaetani) y Cliff (Arengo), un amigo que sirve de punto de equilibrio de esta relación y de contención para Alison. Jimmy se gana la vida vendiendo golosinas y detesta a la adinerada clase alta inglesa, de la cual proviene Alison. Ella será el objeto  donde descargue su resentimiento y sobre quien ejerza violencia psicológica de forma permanente. La construcción del personaje que hace Meloni logra generar el desagrado profundo por Jimmy, mientras que Gaetani encarna a una Alison creíble, sufrida y conmovedora frente a los ataques de ira verbal de su marido. Arengo, como Cliff, se sitúa en el medio de esta relación y logra crear un personaje que descomprime el clima de tensión. La presencia de Helen (Bonelli), una amiga de Alison que pasa unos días con ellos y que le recuerda su origen social, despertará  los peores sentimientos en Jimmy. El intento de su amiga por rescatar a Alison de esa prisión de violencia y desesperanza, tendrá resultados inesperados y perturbadores.
El escenario semicircular de la Sala Casacuberta representa un verdadero desafío para cualquier director, ya que debe lograr que todos los espectadores puedan ver las acciones que se desarrollan desde lugares con visiones muy diferentes. La elección de la directora, Mónica Viñao, que sitúa el espacio principal en la parte de adelante del escenario, hace que aquellos que se encuentran en las butacas laterales pierdan visión y efecto dramático, con lo cual se recomienda evitar esa parte de la sala. Por su parte, la iluminación, a cargo de Jorge Pastorino, ejerce un efecto extraño, ya que se va modificando en el transcurso de la obra. Cierta claridad que acompaña la abulia del domingo por la tarde del primer acto, va mutando para culminar en los actos siguientes en tonos verdes, azulados y magenta que poco tienen que ver con los acontecimientos que suceden y que recuerdan mucho a las puestas de teatro comercial. La traducción y versión de Mauricio Kartun es correcta y suena clara para el oído local y las licencias que se toma, como por ejemplo tomar café en lugar de té, no atentan contra el espíritu de la obra sino que al contrario, la actualiza y trae al presente situaciones escritas y pensadas hace casi 60 años.
Frente a la actual propuesta teatral porteña, en donde existen otras opciones con temáticas de relaciones afectivas conflictivas, Recordando con ira es una buena oportunidad para ver la obra que revivió al teatro inglés y que, sin perder actualidad, hace reflexionar sobre la violencia de género, la imposibilidad de salir de círculos viciosos y escapar de un pasado condenatorio para entrar en un presente, quizás peor.

Fuente: Tiempo Argentino

Sala: Teatro San Martín.  Corrientes 1530. Func.: de miér. a dom.

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