sábado, 22 de septiembre de 2012

Macbeth

Como una ópera espectacular

Tragedia sin salida. Exaltación y castigo de la ambición, ‘Macbeth’ plantea cómo una pasión se desmesura y repta hasta su estadio más bajo, culminando en la traición y el crimen. Escrita por Shakespeare aproximadamente en 1605, sobre algunos sucesos reales referidos en la Historia Escocesa de Boecio, es retomada en inglés por el historiador Hollinshed. La versión de Daulte acorta el original.

SONIDO CREATIVO

La historia cuenta, luego del triunfo de una batalla, el encuentro del noble escocés Macbeth, que con su amigo Bancquo recibe una profecía de tres brujas que lo marcan como rey y a Bancquo como padre de reyes. A partir de este momento, la idea del asesinato del rey Duncan, se apodera de Macbeth y se acentúa y concreta con la ambición de su esposa.

La puesta de Javier Daulte tiene una concepción operística, enmarcada en un universo de imponentes estructuras metálicas y música electrónica, que remarcan la atemporalidad de la puesta. La sociedad industrial está presente en la originaria historia medieval, cuyas pasiones y sentimientos exceden
tiempos y espacios.

La música marca, antecede e intensifica acciones e ideas y es, con su potencia de sugerencia y creatividad (Diego Vainer), un componente fundamental dentro de la puesta. Brujas encarnadas en bellas hetairas de peluca platinada (imposible no asociar las ninfas wagnerianas que Lombardero convocó en la inolvidable ‘El Oro del Rhin’ del Teatro Argentino de La Plata el año pasado), fiestas a lo Greenaway para recibir amigos y enemigos, componen un universo teñido de rojo y negro, como el creativo vestuario de Mariana Polski.


Daulte maneja con dinamismo los desplazamientos del grupo, apoyado por la excelente disposición de las estructuras metálicas con acceso fácil a los altos y bajos. El cuadro escénico es impecable. La iluminación remarca con intensidad, especialmente lo pesadillesco e infernal con cenitales y sesgos expresionistas.

LAS ATMOSFERAS

El director elige romper brechtianamente la atmósfera general con los avances al público del portero, su satisfacción fisiológica en escena y la recurrencia explícita al micrófono para el remarque de algunos monólogos.

Las reacciones del público fueron variadas, esté o no de acuerdo en la inmersión total o la salida de la atmósfera. En cuanto al elenco, varios de sus integrantes provenienen de la televisión y llama la atención la atractiva juventud de la mayoría, y a pesar de la entrega hacia los personajes, el no total logro de algunos momentos de lo que encarnan.

Mónica Antonópulos tiene una fuerte presencia escénica, pero el personaje de Lady Macbeth exige una madurez interpretativa y vital lejana, pero no imposible, por los resultados, de esta joven actriz.

Es más homogéneo el trabajo de Alberto Ajaka como Macbeth, el muy buen actor de ‘Ala de criados’. Interesante trabajo coreográfico en la presentación de las Brujas, bien manejadas por Mazur, Zanotti y Molfino, correcto Alberto Suárez como Duncan, Agustín Rittano en Bancquo y Luciano Cáceres (Mac Duff). Se destacan Julieta Vallina como Lady Mc Duff y Martín Pugliese en el portero.

Fuente: La Prensa

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