sábado, 29 de septiembre de 2012

Ay l´amor!


Teatro callejero y válidas reposiciones en el Festival Andino

El grupo italiano Teatro Due Mondi incursionó con "Ay l´amor!" en el único espectáculo al aire libre contenido en el Festival Andino Internacional de Teatro, con notorio interés del público, al pie de la estatua del General San Martín en la plaza homónima.
Mientras a pocas cuadras, en la inmensa Plaza Independencia, orgullo del ornato urbano local, se desarrollaba una ruidosa fiesta de las colectividades con mucha asistencia -con la particularidad de que la delegación catalana se presentó separada de la de España- algo más de 200 personas eligieron asistir a "Ay l´amor!", un cándido espectáculo no exento de atractivos.
Sobre la base de una docena de canciones de la Italia del sur, algunas muy antiguas y otras concebidas para la ocasión, el grupo de seis actores-cantantes-músicos-acróbatas puso un toque de humor y melancolía, con perfiles que los vinculan a la "commedia dell´arte" como al teatro de marionetas, con zancos, móviles y máscaras que en algunos pasajes fueron bifrontes.
Así recorrieron diversas instancias del sentimieno humano y la búsqueda de un par, con ingresos en esa melancolía tan peninsular por el amor no correspondido, la lejanía de los amantes, las traiciones, el abandono y las formas del consuelo.
Monica Camporesi, Stefano Grandi, Tanja Horstmann, Angela Pezzi, Maria Regosa y Renato Valmori se mostraron como especialistas en lo suyo, con buena llegada al público -incluidos los niños- pero la traducción de los textos a través de un megáfono y con un castellano para España conspiró, sobre todo, en la continuidad del espectáculo.
El proyecto Teatro Due Mondi nació en 1979 en la ciudad norteña de Faenza, con intenciones de investigar las formas teatrales arcaicas en las que la actuación en la calle se vinculaba con la de los antiguos juglares, algo parecido a lo de los grupos que actúan en la porteña Plaza Francia, aunque con refinamientos técnicos y de vestuario que serían demasiado onerosos para estos.
Por su parte, "Biónica", de William Prociuk, inauguró el segmento de espectáculos argentinos con el aditamento de haberlo hecho con un elenco de Mendoza, integrado por Claudia Racconto, Jerónimo Machín, Marcelo Ríos, Carlos Romero y Gustavo Torres, en el simpático Teatro Municipal Julio Quintanilla, ubicado bajo la losa de la Plaza Independencia.
"Biónica" es una obra calificada como de ciencia-ficción, con un humor negrísimo y con elementos de guiñol, que relata la muerte voluntaria de una mujer cuadripléjica, la separación de su cabeza y su posterior intento de incorporarla a un nuevo cuerpo.
La acción se desarrolla en un precario quirófano con una mesa de operaciones de funcionamiento dudoso y piezas de algún televisor destripado como elementos quirúrgicos, escenografía que complementa una música acorde a las que el director James Whale (el primer "Frankenstein"), ponía a sus películas de terror.
El problema es que los cuatro médicos que se harán cargo de la operación, y que en un principio están absolutamente interesados en el rédito económico que les va a proporcionar, terminan enamorándose de algún modo de la paciente, al punto de que uno de ellos es el novio oficial.
La pieza ya había sido vista en la Fiesta Nacional de Teatro, en La Rioja, en junio pasado, y se supone que el hecho de que su elenco sea local justifica que haya sido incluida por el INT en estas jornadas en desmedro de otras obras y otros elencos que podrían ocupar su lugar en el FIAT.
Eso no desmerece la versión, que fue seguida con enorme interés por la platea, que festejó con sonoras carcajadas las negruras de su humor y las "boutades" que pueblan sus diálogos, mantenidos por el eficiente elenco encabezado (en más de un sentido) por la sensible Claudia Racconto.
También hubo una segunda incursión de César Brie en el FIAT después de "Karamazov", con su unipersonal "El mar en el bolsillo", también visto en La Rioja y montado para aprovechar su presencia en Mendoza, ya que se trata de un teatrista al que a pesar de su relativa juventud -nació en Buenos Aires en 1954- lleva una aureola de leyenda que lo hace más que atractivo para las nuevas generaciones.
Lo que volvió a mostrar en esta oportunidad fueron las desventuras de un hombre ateo que un día se despierta transformado en cura y obligado a comportarse como tal, y aquí se entiende su identificación con varios de los fantasmas que habitaban la obra de Fiodor Dostoyevski vista hace tres noches.
Su performance, en la que deslumbra con un personaje -él mismo- de gran presencia escénica, hace funcionar al auditorio como si fuera el grupo de sus feligreses y con algunos interesantes y pocos recursos escenográficos lo sumerge en una experiencia que para algunos tuvo rasgos de hipnótica.

Fuente: Télam

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