jueves, 9 de agosto de 2012

Virginia Lago y Claudio García Satur: La mujer del domingo


Virginia Lago & Claudio García Satur: Amor infiel

El sábado estrenan “La mujer del domingo”, una obra que cuenta la vida de una pareja casada hace treinta años, en la que el hombre tiene una amante mucho menor. Es la primera vez que están juntos en teatro. Y hablan de la infidelidad y el engaño.

Habrá una tercera en discordia. Y el matrimonio de Amy y Jim Preston, tras 30 años de convivencia, sufrirá su ruptura. Eso ocurrirá en La mujer del domingo , la pieza del escritor inglés Ted Willis (1914-1992), que se estrenará el sábado en el Teatro Apolo. Será la primera vez que Virginia Lago y Claudio García Satur compartirán un escenario. Laura Novoa interpretará a la joven amante que provocará el cisma. Completan el elenco Felipe Colombo y Laura Bove. La dirección es de Daniel Suárez Marzal.

En plena etapa de intensos ensayos sucede la entrevista. Satur es ocurrente, gracioso y pareciera estar casi obsesivamente ocupado en decir una broma a cada momento. Virginia es cálida, amable y su ocupación, en cambio, es la de brindar un buen trato a los demás, todo el tiempo, hacerlos sentir bien, con perseverante actitud maternal. Se complementan.

Fueron íconos de las telenovelas. Alcanza con citar Rolando Rivas taxista , para él; y El amor tiene cara de mujer , para ella. Ahora, a Satur no se lo ve en la pantalla chica desde hace unos años. “Lo último que hice fue en 2001, un episodio de Tiempofinal ”, cuenta. “Afortunadamente me convocan. Adrián (Suar) siempre me llama. Pero me propone hacer tiras diarias y yo no quiero estar doce horas en un estudio todos los días. Ya lo hice, ahora no tengo ganas de dedicarle tanto tiempo”, confiesa Satur. “Siempre agradezco que me convoquen para algo. Si aparece un unitario con continuidad, que me demande menos esfuerzo, lo haré. Pero me gusta mucho estar en mi casa, con mi familia. Disfruto de mis hijas, mis nietos, mi pareja...”, expresa. “Y además, soy bastante vago y no lo digo sin orgullo”, agrega este actor que el año pasado protagonizó en el Cervantes El conventillo de la paloma .

“Es que llevamos una vida muy transitada, hemos trabajado mucho”, acota Virginia. Sin embargo, ella sí apuesta a salir todos los días en la tele, en la conducción de Cine Telefe (de lunes a viernes por la tarde, y ahora también los sábados). “Me gusta hacer el programa, me siento útil, le hace bien a la gente. Y además es creativo, todos los días leo alguna poesía”, afirma. La actriz, además, dirige La farolera , en el San Martín, obra en la que actúa su hija, Mariana Gióvine. “Tengo una hermosa familia y la disfruto muchísimo. Pero también me gusta trabajar”, se define quien antes que La mujer del domingo , en teatro hizo Vivir en vos .

Comparten una larga y reconocida trayectoria tanto en teatro como en televisión. Y también coinciden en otra cosa: uno y otro tienen hijos que eligieron la misma profesión que ellos. Virginia, casada con Héctor Gióvine, es mamá de Mariana y de Pablo: ella es muy estudiosa y siempre anda en algún proyecto teatral; en cambio Pablo tiene “dos pasiones: el teatro y la equitación, que es de lo que vive”, dice Virginia. Claudio es padre de Celeste, que actualmente es parte del elenco de Posparto , en El Tinglado. Y de Guillermina, que tiene un hijo de 4 años “y aunque es actriz, con un hijo no le es fácil dedicarse al teatro”, dice Satur.

La única vez que Virginia y Claudio trabajaron juntos fue hace bastante tiempo, en una emisión de Alta Comedia . La trama de La mujer del domingo transcurre en Londres, en los años 50, en tiempos de posguerra. Pero aseguran que plantea una situación universal, que bien podría suceder aquí y ahora.

Los Preston son una familia de clase media. En apariencia reina la armonía. Amy (Lago) vive en su mundo, casi sin salir a la calle, y no advierte que existe una “mujer de domingo”, una persona más joven, de la que Jim Preston (Satur) se ha enamorado. Georgie Barlow (Novoa) es una muchacha que ve en Preston al hombre que hará de ella una mujer completa. Junto a este triángulo, el hijo del matrimonio, Brian (Colombo), parece ser quien mejor entiende la realidad. El final, anticipan, es sorpresivo.

En un intento, tal vez, por simplificar la historia, esta cronista sugiere que en La mujer del domingo , Jim engaña a su esposa, con una mujer más joven. Es entonces cuando Satur abandona el tono bromista por otro más serio. “El engaño no existe”, sentencia. Y pide que no se descalifique su apreciación. “El engaño no existe, porque no se puede engañar a otra persona. Al único que se puede engañar realmente es a uno mismo, porque en realidad, uno no le está haciendo ningún daño a una persona porque esté con otra. Solamente cuando aquella se entera se le hace un daño. Y eso, entre comillas”, dice y justifica que el enterarse puede provocar una herida en el “engañado”, pero que no es necesario que aparezca un tercero en discordia para lastimar a quien se ha amado.

“Yo no comparto lo que dice Claudio”, interviene Virginia. “El engaño existe. Me parece que si ocurre, el hombre tiene que decirlo. En esta obra no hay culpables, no se juzga a nadie, porque las cosas simplemente suceden. Pero Jim se enamora de Georgie y no se lo dice a Amy enseguida, se lo guarda un tiempo. El compartía su casa, su cama y su hijo con su esposa, mientras estaba enamorado de otra persona. No es que me parezca mal. Pero, desde mí, considero que eso es un engaño, una traición”, expresa.

“Claro, es que mi personaje es un hombre casado que de pronto empieza a tener una relación con otra mujer y eso, clásicamente se conoce como engaño o traición. Pero esta mujer se atraviesa en la vida de Jim, porque él está dispuesto a ser atravesado. Su matrimonio no está siendo feliz y eso genera una necesidad. Y cuando le pide el divorcio a su mujer, Amy, se produce la fricción lógica entre dos seres que han compartido 30 años de matrimonio”, explica Satur.

¿Cómo vive tu personaje esta situación?

Lago : Muy mal. Amy vivió para su marido. Dice: “Me pasé muchos años sin pensar en mí, pensé sólo en vos. Y ahora voy a pensar en mí”. Jamás había imaginado que podía pasarle semejante cosa. Tal vez ella lo percibía, pero no lo manifestaba. Yo conozco muchos casos de estos, así, de muchos años de matrimonio. Y creo que las cosas siempre hay que decirlas. Como diría María Elena Walsh: “La verdad a veces duele, a veces pincha, pero muchas veces refresca”.

Cuando se entera, Amy empieza a replantearse muchas cosas de su vida y quiere conocer a Georgie. “Es muy interesante que ella, que vive en su pequeño mundo, quiera verla y hablar con la otra mujer”, cuenta Virginia. “Y ese encuentro es extraordinario, y también participan Jim y Brian, el hijo”, continúa. Laura Bove compone a una vecina, “un personaje muy particular, divertida”, define la actriz.

¿Ella pone la cuota de humor?

Lago : Sí, de un humor grotesco.

Satur : Pone la cuota de descanso que necesita el autor. Aunque esto no llega a convertirse nunca en un drama.

“No es un tipo buen mozo, ni con plata ni inteligente. Simplemente Georgie lo ama. Y no es una relación fugaz, es profunda. Si no, se convertiría en una comedia ligera y no lo es”, explica Satur. “Georgie no es la mala de la historia”, agrega Virginia. “Es algo que a cualquiera le puede pasar”, declara Satur.

Los encuentros entre Jim y Georgie suceden los domingos, de ahí el título. Aunque el nombre original de la pieza es La mujer del batón . El se ausenta de la casa, con la excusa del trabajo. “Comanda una empresa importante y es la mano derecha del dueño. Tanto que, independientemente del romance, su esposa le recrimina que su jefe lo demande tanto”, dice Satur.

La charla se distiende. Dejan de hablar de sus personajes y vuelven a hablar de sí mismos. Ella le reclama que vaya a ver La farolera . El dice que su nieto fue, pero que él no va porque se emociona demasiado. “Pero si ella necesita que yo vaya, iré... Es tan difícil conformar a todo el mundo...”, protesta con una sonrisa. Cuenta que tiene su rutina de jugar todas las semanas al tenis. “Desde hace años que juego con el mismo grupo. Es una de las cosas que más me gusta hacer”, declara. En otros tiempos, jugaba apasionadamente al fútbol. “No conocí alegría mayor que hacer un gol”, asevera. Y entonces interviene Virginia y vuelve a traer la charla al ámbito artístico. “En el teatro, un aplauso es también maravilloso. Es como un gol”, compara ella, que también dedica tiempo al ejercicio, siguiendo una rutina de gimnasio. Ahora, la entrevista se llena de recuerdos. “¿Te acordás de las reuniones de cooperativa?”, dice Virginia. “Cuando decíamos ‘con menos de diez espectadores no hacemos la función’”. Y bromean sobre cómo se las rebuscaban para conseguir público en los comienzos. “Una de las cosas más divertidas es un fracaso rotundo”, dice Satur. El tiempo ha transcurrido y ellos han sembrado trabajo y talento, y recogido reconocimiento. “Yo creo mucho en el destino”, dice Virginia. Y después de tanto camino, ¿por qué están acá, a punto de estrenar La mujer del domingo ? “Porque tenía que ser”.

Fuente: Clarín

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