sábado, 11 de agosto de 2012

Como por un tubo


El hombre del amor y los sonidos

La típica en leve ascenso, el grupo de músicos-actores dirigidos por Miguel Angel Solá, presentan esta “comitragedia” sobre las desventuras amorosas de un empleado municipal.

Las llamadas telefónicas van y vienen sostenidas por un entramado donde la voz, protagonista casi absoluta de Como por un tubo , amplifica el plano sonoro de la palabra. La voz es un medio desesperado del protagonista, Alberto Carlos Bustos, y también soporte del canto, combinación clave en la propuesta de Miguel Angel Solá y La típica en leve ascenso. Esta agrupación de seis actores y músicos, que lleva veinte años de trabajo en conjunto, pone en escena una nueva entrega de las aventuras y desventuras de Bustos a través de un espectáculo que homenajea, con una delicada composición de época, al radioteatro porteño de la década del ´50. Y, sobre todo, a los desangelados enamorados del amor, víctimas de tortazos y reveses de todo calibre que, en este caso, se reponen creativamente.

La obra brinda dos niveles de acción que corren paralelamente: por un lado, el acontecer de un programa radial en vivo de dos horas; por el otro, la historia de Bustos. De ese modo asistimos a la trastienda de la radio, con sus cortes y pautas publicitarias coreadas en vivo para el programa Radioateatro Fray Mocho . Se reproduce como dispositivo escenográfico un estudio y la historia de Bustos tendrá cauce solo en los momentos en que se encienda el cartel “En el aire”. Durante las pausas, en cambio, veremos a los músicos y actores preparar sus instrumentos, beber un trago. En ese marco, resulta clave la textura sonora que unifica todas las situaciones que se desarrollan en el escenario, con el sonido de los viejos micrófonos chispeando en los parlantes hasta la composición de los efectos por parte de los músicos que acompañan la narración.

Alberto Carlos Bustos -en la voz de Solá- es un gris empleado municipal y artista consumado puertas adentro que fue recientemente abandonado por la descarada de Clara. Es, digamos, una víctima de su propio martirio (autogenerado). Este hombre trata de no volcar la última parcela de dignidad que lleva encima, pero le resulta imposible. Y ante cada adversidad de su amada responde con una canción o con un poema. Un feedback abrumador, sentimental y empalagoso de su dolencia que la voz narradora de Fernando (Enrique Quintanilla) tratará con humor descarnado. Solá, sentado, realiza con mínimos movimientos el derrotero de su personaje. Todo pasa por su voz, que va desde el recitado, pasando por el canto hasta la interpretación de los diálogos con un decir aporteñado que choca y produce una serie de malentendidos cuando ingresa la española Manuela (Claudia Baquero), automáticamente devenida en tercera en discordia.

En Fragmentos del discurso amoroso , Barthes esbozó un estado que, por rebote, le calza perfecto a la espera de Bustos por Clara. Dice el francés “El otro viene allí donde yo lo espero. Y si no viene lo alucino: la espera es un delirio”. En Como por un tubo esa espera se torna desquiciada para Bustos, porque todo es canalizado por el teléfono, los micrófonos y las 14 canciones interpretadas en vivo por este sexteto de actores-músicos. El cuerpo nunca aparece como protagonista pleno, ya que todo está mediado por lo sonoro. Con las limitaciones que esto conlleva en el teatro, pero también con una potencia narrativa que, pese a las reiteraciones en que recae el espectáculo desde su dramaturgia, logra generar un clima en varios momentos entrañable.

Fuente: Clarín

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